Menú Cerrar

‘La isla de las tentaciones’: Más ‘edredoning’ | Televisión

‘La isla de las tentaciones’: Más ‘edredoning’ | Televisión

Después de la gran colleja que supuso para Telecinco cerrar Gran Hermano, que con su burda administración de un supuesto caso de abuso sexual provocó la fuga de los anunciantes, un mal negocio, Mediaset tenía que encontrar un sustituto. Ya lo tiene. Se llama La isla de las tentaciones, todavía más claro en sus propósitos que aquel supuesto invento sociológico. El argumento central es muy simple: habrá o no habrá infidelidad y… edredoning.

El concurso consiste en invitar cinco parejas (heterosexuales) que separan en dos espacios. Los chicos en una casa. Las chicas, a otra. Sin contacto. Unas casas donde diez solteros –según el elusivo léxico del programa–, con las chicas, y diez solteras, con los muchachos, pondrán a prueba la fortaleza sentimental de los participantes. Periódicamente, los concursantes son convocados por la presentadora a un lugar, que llaman La Hoguera, donde se les muestran grabaciones de la conducta de su pareja. Se trata de provocar el tormento de los celos y ver, según la respectiva conducta de la pareja, si esta sobrevivirá o habrá estropicio o… surgirá una nueva.

Todos están amasados con la misma pasta: abundancia de tatuajes, carnes magras, muchos cuerpos escultóricos. Uno de los concursantes trató a los solteros, la tentación, de “putos neandertales”. Las dos mansiones tienen enormes piscinas y están cerca de una playa que justifica vivir en bañador. Es un lugar paradisíaco, que dirían a Fitur. Los solteros y solteras, los menos comunicativos, son progresivamente expulsados por los concursantes de las dos casas, donde se vive una vida ociosa, en una perpetua juerga que ayuda al contacto. Es sorprendente la rapidez con que se crean afinidades entre absolutos desconocidos. Es un programa grabado hace meses y montado a conciencia.

De una calculada sinvergonzonería, los criterios de evaluación sentimental están restringidos a un concepto estricto de la fidelidad. Pero, además, la sospecha de simulacro es perpetua. Más de uno de los participantes ya ha estado en otros concursos de Mediaset, que, como este, son la cantera para los realities grandes de la casa. Si se gana notoriedad aquí o en la isla de Supervivientes –la propensión a la insularidad es llamativa en Mediaset– puedes subir el escalafón y que te fichen en Sálvame o Viva la vida. De hecho, a personajes como Fani que, explicó, no sabe si su padre era el cantante de Los Chichos o el de Los Chunguitos… ya le tendrían que haber presentado un contrato. El ecosistema de Mediaset vive de esto.

A la hora de hacer la selección no se metieron en complicaciones. La pareja Alex-Fiama, que participan en el concurso en vigilias de su boda, se conocieron en Mujeres y hombres y viceversa (MyHyV) y tienen un canal en Mtmad, la plataforma de vídeo en línea de Mediaset. Susana y Gonzalo iniciaron su relación en un Gran Hermano que ganó ella. Ismael y Andrea salen de First Dates. También fueron a MyHyV solteros como Rubén y solteras como Katerina y Melani.

Muy parecido a Confianza ciega, que hizo Antena 3 hace 18 años, la perversidad del programa, al margen de la dudosa autenticidad, no se encuentra principalmente en un veloz cortejo (¿empujado? ¿guionizado? ¿imprevisto?) con edredoning. Es proponer a los espectadores un voyeurismo rancio, como de cine S de los años setenta, y una sádica espera a qué dirá la pareja, más o menos engañada, en la próxima hoguera. La misma Mediaset alimenta este lamentable espectáculo con un debate y el seguimiento de los tuits de los espectadores. Por cierto, se trata de un formato que triunfa en más de un educado país (Finlandia, Italia, Luxemburgo, Canadá…).

Fuente de TenemosNoticias.com: elpais.com / Tomàs Delclós

Publicado el: 2020-01-26 19:48:02
En la sección: Portada de Cultura | EL PAÍS

Volver al inicio