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William Vinasco: ‘No terminé de narrar el gol de Rincón en Italia 90, fue mi hermano’ – Cine y Tv – Cultura

William Vinasco: ‘No terminé de narrar el gol de Rincón en Italia 90, fue mi hermano’ - Cine y Tv - Cultura

Con todo el caché del mundo, William Vinasco empezó a cantar el gol que le hizo Freddy Rincón al equipo alemán en el Mundial Italia 90. Fue el 19 de junio en el minuto 47 del segundo tiempo. Pero el locutor no dio más, se quedó sin aire y su hermano Jorge le quitó el micrófono y finalizó el trabajo.

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La historia la contó hace poco en el programa ‘Los informantes’, de Caracol. Y cuando se le pregunta por qué solo hasta ahora lo revela, suelta una carcajada y dice: “Porque lo contrataban a él y me sacaban a mí”.

Con aire y sin aire, estuvo ahí, en lo que considera el mejor gol de Colombia en la historia de los mundiales de fútbol, “porque fue en el tiempo extra y porque la selección se lo merecía, había jugado muy bien”. El secreto quedó en familia y a estas alturas ya no le importa que se sepa. Han pasado 33 años de ese glorioso momento y el locutor y empresario está por encima del bien y del mal.

Este 2023 es un gran año para William Vinasco Chamorro, porque cumple medio siglo en la radio, en un medio que aunque hoy no tiene tantos oyentes, él los guerrea cada día en su sistema Radiópolis, especialmente en las emisoras Candela y Vibra.

Se le mide a los conglomerados gigantes: Olímpica, Caracol Radio y RCN Radio. Lo hace con inteligencia, programas matutinos divertidos, noticias, música, regalos para los oyentes… Pero especialmente con su intuición de siempre saber qué le gusta a la gente y, por supuesto, con un gran equipo de colaboradores, muchos de los cuales llevan años a su lado.

En el más reciente Estudio Continuo de Audiencia de Radio (Ecar), Candela ocupó el cuarto lugar en Bogotá en el primer trimestre del año. La superan Olímpica, Caracol Radio y La Mega.

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¿Cómo lo logra? “Ellos son muy grandes y muy importantes, pero hay cosas que nosotros logramos sin hacer largo el camino. Mientras en los conglomerados una idea se demora en llegar a quien decide, porque la escalera es muy alta, nosotros reaccionamos rápido. Incluso apoyamos a los clientes cuando necesitan promoción de eventos y artistas y eso hace que nos prefieran”.

Nacido en Bogotá el 21 de mayo de 1951, tiene orígenes vallecaucanos. Sus papás, Tulia Chamorro y Jorge Vinasco emigraron desde Cali pensando en la educación de sus hijos. Aunque llegaron solo con uno, en la ciudad nacieron cinco más.

Modista y sastre, los papás Vinasco Chamorro cosían los uniformes para los empleados de varias embajadas. Mientras, William, aprovechaba para alquilar, cambiar o vender cuentos de ‘Archie’, ‘La pequeña Lulú’, ‘Supermán’ y ‘El Santo’, entre otros.

Desde niño le gustó ahorrar. Su mamá se lo inculcó cuando les abrió a los hijos una cuenta en la Caja Social y les dio una alcancía para que la llenaran y luego poner la plata en la cuenta. William fue más allá y se volvió emprendedor. En unas le fue mal, en otras bien. Hasta tuvo una lavandería.

Muy joven montó un emprendimiento peligroso. En el mes de enero compraba la pólvora sobrante y la guardaba en cajas debajo de la cama de su hermano. Este no tenía ni idea qué había ahí y fumaba acostado. En noviembre, sacaba la pólvora y le revendía, por suerte nunca hubo una tragedia.

Además de locutor ha sido taxista, candidato a la alcaldía y hoy es reconocido como un gran empresario de la radio, el deporte (tiene un campo de golf) y la gastronomía (es el dueño de la cadena Santa Costilla). Y también como un gran ser humano. Es el papá de Karen, William Jr y Brian.

Y en sus bodas de oro habló con EL TIEMPO.

William Vinasco con el Rey Pelé.

Foto:

Cortesía William Vinasco

¿Quién descubrió el potencial de su voz?

El rector del colegio donde estudié, Nuestra Señora, el padre Guillermo Agudelo, me dijo que le gustaba mi voz y primero me puso a hacer las lecturas de la misa y en el coro. Luego me llevó a la emisora Kennedy y al padre José Vicente Echeverry, el director, también le gustó mi forma de hablar. Me puso a hacer un programa el miércoles por la noche, en el que se difundían los avisos parroquiales. Y después me dieron un turno en la emisora. Trabajaba y estudiaba.

Y quiso ser sacerdote.

En el colegio promovían las vocaciones sacerdotales. Tenía 17 años y como me la pasaba en las misas, llegó una invitación del padre William. Es que yo me metía en todo: en el equipo de gimnasia, en el de básquet, en el coro, recitaba… Y entonces el sacerdote me comentó que lo considerara. Sin pensar dije que sí y empecé a ir al seminario Mayor y al Menor, a las granjas del padre Luna… En Semana Santa me dedicaba a las ceremonias, leía la misa para los enfermos en televisión… Pensaba que sí tenía vocación, hasta que llegó el día de tomar la decisión, estaba en un partido de básquet y el padre me dice que necesita mandar la lista al cardenal, que si me incluía. La verdad, yo quería volver al juego y le dije que no.

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¿Qué pasó después?

Mi papá quería que fuera abogado y entré a estudiar Derecho Internacional, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Un día llegaron a ofrecer becas del gobierno argentino para estudiar comunicación, quise ser locutor periodista, y ahí fue el gran cambio.

Usted ha hecho una gran carrera en la radio deportiva, pero su gran mérito es haber cambiado el modo de las transmisiones de los partidos de fútbol en televisión. Es decir, que la gente le subiera el volumen al televisor y apagara el radio, porque la moda era al contrario. ¿Cómo lo consiguió?

Sí, en radio era emotivo, entusiasta. En televisión “la… lleva… Willington…, se la pasa… a…. Gareca… y luego… a Bataglia. Y gol, gol, gol”. Y nosotros somos tropicales. Ricardo Alarcón, que hacía parte de Caracol, me invitó a ir al Mundial de Italia con la condición de ponerles más emoción y alegría a las transmisiones. En ese momento Colombia podía ver los mundiales por la unión de programadoras como RCN, Caracol, Punch, Datos & Mensajes, TV Hoy y Jorge Barón, que hacían parte de la OTI. Llegaron las críticas de algunos periodistas diciendo que el estilo televisivo era más sobrio y menos emotivo, pero el director de transmisiones me dijo: “William, vamos bien, las agencias (que ponen las pautas) están felices, siga así”.

¿De dónde salieron sus dichos?

El reconocido locutor tambiés es un gran melómano.

Foto:

Cortesía William Vinasco

El “no se diga más”, que me grabó Guayacán, es de mi mamá. Cuando los hermanos peleábamos y le poníamos quejas, ella decía: “No me diga más”. Luego vino el de “William Vinasco Che está narrando con caché”, que me grabó el Grupo Niche. La mayoría llegaron en las transmisiones: “Mucho toque, toque y de aquello nada”, el de “final, final, no va más” salió del garitero de la ruleta de un casino del Hotel Sheraton de Lima, que decía así para cerrar el juego; y el de “la pelota que se va por encima del palo de mango” nació en Girardot. El de “esta noche que no me esperen en la casa” se lo debo a Barranquilla, cuando nos dejó un avión la dije al aire, para que la familia supiera. Y al regreso al hotel ya se la sabían los empleados. Todos me sirvieron mucho cuando transmitíamos desde el estudio de, en ese momento, Inravisión. Las pantallas no eran las mejores, quedaban como a tres o cuatro metros y mientras uno se acostumbraba a las fuertes luces había que decir algo porque no veía nada.

Todos esos dichos siguen en la memoria popular.

Sí, y yo agradezco mucho a la gente que los recuerde.

Usted transmitía partidos en distintos lugares, ¿pero cómo llega a la radio deportiva comercial?

A Todelar llegué a reemplazar a Hernando Perdomo Ch. y por ahí fui pegando lo de William Vinasco Ch. Estuve en La Voz de Bogotá y luego fue director de Radio Continental, de la misma empresa, que era la más oída, por encima de Caracol y RCN. Luego, Armando Plata Camacho, que era director de Radio Tequendama, me propuso que batiéramos la marca de locución al aire que tenían unos argentinos y lo hicimos durante cuatro días. Transmitíamos desde la carrera octava con calle 17 y cuando batimos el récord, desde la avenida Jiménez hasta la 19 había personas con pañuelos blancos, animándonos. Por ahí fue el arranque.

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Su voz también ha promocionado marcas.

Sí, muchas, de Coca Cola, Croydon… Al Trabuco deportivo llegué a eso.

Usted se lanzó a la Alcaldía de Bogotá dos veces. En el 2000 tuvo casi 64.000 votos. En el 2007, 350.212 votos. Buenos números, ¿no? Y sus electores fueron especialmente taxistas.

Creo que ayudó mucho mi trabajo en la radio y mi cercanía con la gente. Yo hablo siempre de la fidelidad de los “candeliamarillitos”, porque les damos música variada, información, regalos…

Y porque usted fue taxista

Sí, también. Yo trabajaba en el Radio Horizonte y compré un Fiat Polski para conseguir plata en los tiempos libres. Luego me endeudé con un Dodge Dart 1975, que manejaba mi hermano. Trabajábamos en los hoteles y los viernes, cuando salía del noticiero, me iba a la calle 10 con carrera 17, donde parqueaban los buses y decía “sale para Cali, sale para Cali”. Llenaba el cupo y viajaba a ver a mi mamá, que se fue a pasar una temporada con la abuelita María, que nunca quiso vivir en Bogotá. Les daba platica y gusto y el domingo me cuadraba en la Plaza de Caycedo y decía: “de salida para Bogotá, de salida para Bogotá” y lo que conseguía lo ahorraba.

¿Cuál es el éxito de Candela?

Es una emisora especializada en salsa, pero tiene otras músicas: vallenato, rock, tropical, boleros y salsa de la vieja guardia. Karen, mi hija, se fue entusiasmando cuando me acompañaba a hacer el programa Una hora con la Sonora, y ahora es parte fundamental de nuestro trabajo, conoce a la audiencia, como yo, y sabe cómo darle gusto.

Claro, usted también es muy aficionado a la música

A mí eso me pasó directo de la vallecaucanidad de mis padres. En la casa había un montón de discos de 33 y 45 revoluciones: salsa, guaracha, boleros, son montuno, música que buena parte del siglo pasado entraba por Barranquilla y Buenaventura. Apenas suena esa música el cuerpo se mueve solo.

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Y fue pionero en los concursos navideños.

El Aguinaldo también cumple 50 años. Llegó por esa costumbre tan vallecaucana de jugar en diciembre palito en boca, el sí y el no, el dar y no recibir. Lo empecé a hacer una noche que estaba de locutor bombillo (turno nocturno) y eran las 2 de la mañana y la gente no paraba de llamar a la emisora. Luego me lo llevé para Todelar y posteriormente para mis empresas. También los concursos en los que les regalamos una casa a quienes lleguen a la emisora el día de su boda, con el sacerdote, los padrinos y los pajes. El 24 y 31 de diciembre hago evocaciones especiales, principalmente para Año Nuevo, que recito un poema. Hablo de los dolores de las familias, de los buenos momentos y de lo importante que es recibirlo con mucha y buena energía.

Su campo de golf es un ‘hit’, y especialmente muy incluyente.

En Paraguay, en una Copa América, estaba con Adolfo Pérez y tomamos unas clases en el campo de golf de un hotel. Nos enamoramos y empezamos a practicarlo. Luego, inauguramos el campo, pero lo abrimos para todo el mundo. Allí están personas encopetadas y jóvenes campesinas de las zonas aledañas al lugar. Hacemos promociones pidiendo que un nieto vaya con su abuelo y lleve una foto de los dos, dándoles rebaja, cosas así. Además, apoyamos a jóvenes figuras de este deporte.

¿Cuántos empleados tiene?

Alrededor de 1.000.

Fernando Gómez, William Vinasco y Vicente Casas.

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

¿Qué piensa de los grandes cambios que se han dado en las transmisiones deportivas?

Hace mucha falta la transmisión desde el escenario, por la emoción, la mejor vista del partido para ratificar una falta que no se puede ver en la pantalla, pero básicamente es por costos. A un cubrimiento iban coordinador, director, periodista, técnicos… Ahorrarse unos pesos es sensato. Ahora, además, las señales de televisión son muy buenas, las pantallas gigantes tienen alta definición, incluimos el sonido ambiente. He transmitido partidos desde el Movistar Arena y la gente llega con las caras pintadas, las camisetas, y todos nos sentimos en el estadio.

Usted y Jorge Barón son dos de los más importantes sellos de la radio y la televisión colombianas.

Yo agradezco todo lo que he vivido, la siembra en un buen terreno. Solo tengo agradecimiento con los colombianos, por su cariño. Igual pasa con los colegas. Hace unos días me encontré con Javier Hernández Bonnet, con quien he trabajado mucho, y me dijo que yo había llevado alegría a la televisión.

¿Ha pensado en el retiro?

No… no creo, por ahora no. Mientras la gente siga escuchándonos, mientras sigamos con nuestros buenos números de personas que nos oyen, yo sigo. Estoy al aire en el programa a las 5 a. m. y a las 11 p. m. sigo trabajando. Retirado no sé qué me pondría a hacer. No sé.

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com

Publicado el: 2023-06-08 23:11:28
En la sección: EL TIEMPO.COM – Cultura

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