Menú Cerrar

¿Dónde está el tesoro de la mina Negrín y el del yate Vita?

¿Dónde está el tesoro de la mina Negrín y el del yate Vita?

Las leyendas sobre tesoros escondidos encandilan a novelistas y guionistas de series y películas. Si además están vinculados a una guerra y al patrimonio histórico-artístico-arqueológico de una nación, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que los cazadores de tesoros emprendan su búsqueda.

Pues todos esos ingredientes los tiene el tesoro del «séptimo camión» de la mina Negrín y el del yate Vita, ambos transportes vinculados al final de la Guerra Civil. Tanto en un caso como en el otro, las riquezas que transportaban no estaban cuantificadas y su paradero es una incógnita, con la sospecha de que se perdieron para siempre en pillajes y en ocultaciones deliberadas.

Sala del Museo del Prado repleta de cajas con obras de arte retornadas desde Ginebra tras el final de la Guerra CivilÁlbum

El 1 de febrero de 1939, a las diez y media dela noche, reunidas por última vez las Cortes de la II República en la fortaleza militar de San Fernando, en Figueras, se dispuso el traslado de obras de arte, lingotes y joyas a la sede de la Sociedad de Naciones, en Ginebra, a la espera de tiempos menos convulsos.

El Comité Internacional para el Salvamento de los Tesoros de Arte Españoles determinó que lo idóneo era firmar un acuerdo con dicha Sociedad para que los cuadros del Museo del Prado y otros valiosos objetos fuesen enviados cuanto antes a Suiza.

La mayoría llegó a su destino (sobre todo cuadros del Museo del Prado y de otras pinacotecas), pero uno de los camiones que salió de una mina de talcose perdió con toda su carga y, además, cerca de 200 bultos —entre cajas y maletas repletas de joyas y objetos procedentes de cirdepósitos bancarios— sufrieron un ajetreado traslado a México.

Sala del Museo del Prado repleta de cajas con obras de arte retornadas desde Ginebra tras el final de la Guerra CivilÁlbum

Tres escondites

El avance de la guerra hacia el levante obligó al gobierno de la República a mover su sede de Valencia a Barcelona en noviembre de 1937, con las tropas franquistas pisándoles los talones. 

Y en abril de 1938, cuadros, esculturas y joyas fueron trasladados provisionalmente a tres escondites donde pasarían los diez meses siguientes: el castillo de Perelada, el castillo de San Fernando de Figueras y la mina de talco de La Vajol (Alto Ampurdán, Gerona), un pequeño pueblo muy cerca de la frontera francesa.

La Mina Canta o Mina Negrín, como así la denominaron —propiedad de los hermanos Canta Giralt, documentada desde el 1868—, fue confiscada el 1937 por el gobierno republicano. El hijo de Juan Negrín fue quien la acondicionó como búnker. En el piso superior se ubicaron los despachos, y por el inferior accedían los camiones cargados.

Luego avanzaban a través de raíles hasta los montacargas, que los hacían descender varios metros hasta conectar en el túnel de la mina de talco. En esa galería, a 250 metros hacia adentro, se construyó la cámara acorazada.

No parece que el búnker albergara oro de la reserva del Banco de España, porque este se evacuó a París y a Moscú desde el inicio de la guerra. Más bien serían lingotes procedentes de la Caja de Reparaciones, el organismo creado en 1936 por el Ministerio de Hacienda con el objetivo de incautar inmuebles, vehículos, joyas y otros bienes a los que apoyaron la sublevación de Franco.

Exterior de la Mina Canta, que se acondicionó como búnker para proteger tesoros artísticos del avance de la guerraQuim Giró Fàbrega

Esta mina de talco se convierte entonces en el epicentro y escenario de un enigma histórico, al albergar uno de los mayores tesoros de todos los tiempos: el oro de la República y los cuadros del Museo del Prado. Cuando llegó el momento de sacar de allí todos los objetos almacenados, se empezaron a cargar en siete camiones bien repletos con diversas piezas artísticas. Solo seis llegaron a su destino.

Las indagaciones del catedrático Arturo Colorado, autor de Éxodo y exilio del arte, precisa que el día 5 de febrero de 1939 fueron 22 convoyes los que salieron desde La Vajol y Peralada y pasaron a través de la Jonquera hasta el Chateau Bardou, en la localidad francesa de Céret. En total, esos días se enviaron 71 camiones con cargamento artístico desde los diferentes refugios del Empordà. Siete lo hicieron desde La Vajol, y uno de ellos es el que nos interesa.

El dietario del teniente Blasi

En El setè camió. El tresor perdut de la República, obra de la historiadora Assumpta Montellà, se dice que los siete camiones que salieron de Mina Canta el 9 de febrero iban cargados de tapices y cuadros de Goya y Zurbarán procedentes del Prado. El séptimo, conducido por el teniente Blasi, hubo de regresar a La Vajol al no poder seguir cirdepósitos culando por carretera, ya que los hombres del general Lister habían volado el puente de Agullana.

Una vez en la frontera, atravesó con unas mulas el Coll de Lli (la «ruta del exilio») y entregó su cargamento en Les Illes a un observador internacional que controlaba la operación de evacuación, ya en territorio francés. Montellà afirma que el séptimo camión no llegó a Francia, pero sí su contenido —que sería trasladado en mulas por los carabineros a través de las montañas—, aunque no todo fue entregado a dicho observador, sino que gran parte fue escondido en algún lugar secreto.

Cuando el 10 de febrero las tropas nacionales ocupan La Vajol, en la mina ya no había nada. Hay que esperar hasta 2017 para que aparezcan nuevos datos reveladores. En ese año el Museo Memorial del Exilio (mume) recibió en donación todo el archivo personal del leridano Alexandre Blasi Boher, que fue teniente de carabineros destinado en La Vajol y encargado del último desalojo de los depósitos del Banco de España y del patrimonio artístico existente en Mina Canta (La Vajol), Mas Perxés (Agullana) y en Can Descals (Darnius) entre el 1 y el 9 de febrero de 1939.

Entre la documentación depositada en el mume estásu dietario, en el cual se evidencia el caos que reinó en la evacuación y existe una interesante anotación sobre ese último convoy: «Los camiones una vez cargados, salían de dos en dos hacia la Jonquera con objeto deformar la caravana allí.

Hacia las diez de la mañana [se supone que del 9 de febrero] salíamos con el último camión. Mientras el anterior iba hacia Le Pertús nosotros íbamos a buscar el equipaje a La Vajol. Ya no pudimos volver a la carretera general. Estaba ocupada por los facciosos y cogieron el anterior camión a pocos metros de la línea de cresta.

En el que íbamos nosotros salvamos el contenido pasándolo por la montaña». ¿Qué sucedió realmente con ese cargamento? Hay dos teo- rías posibles. Una es que se quedó en algún lugar del sur de Francia escondido a la espera de mejores momentos para rescatarlo. La otra es que todo —o una parte de él— partió en el yate Vita rumbo a México.

Al frente Hacienda, Negrín había supervisado el traslado de la mayor parte de las reservas de oro del Banco de España hasta MoscúASC

La teoría de Charroux

El investigador heterodoxo francés Robert Charroux, en su obra Trésors du monde (1963) —traducido en una editorial chilena como «Tesoros ocultos»— plantea algo que era vox populi en su tiempo: «Otro tesoro que también trata de toneladas de oro, y que fue buscado por centenares de miles de personas —entre ellas el ministro francés Jules Moch— y luego por el Club de Buscadores de Tesoros, es el de los republicanos españoles que yace en las arenas de una playa, hacia Argelès.

Un grandísimo tesoro destinado a mantener a guerrilleros comunistas, cuya existencia y lugar de yacimiento conocen ocho personas. Y luego vino la guerra de 1939-1945: varios poseedores del secreto murieron y los sobrevivientes nunca pudieron encontrar el sitio del escondite (…) Cuando volvieron en 1946 a los lugares del entierro del oro y las alhajas, los españoles se sintieron incapaces de situarlo.

Todo había cambiado. Donde había chozas y árboles se había instalado un campo de deportes; las viejas casas, algunas de las cuales casi databan de la Edad Media y de las que se valieron para la triangulación de la playa, habían cedido su lugar a villas modernas; allí donde había un jardín, veíase ahora una plaza pública».

Por su parte, Javier Sanz, en su libro Caballos de Troya de la Historia (2014), hace mención también a Charroux y a su libro Treasures Of The World, donde añade más detalles: «Relata la historia de Vicente, uno de los ocupantes de aquel camión y único superviviente tras la Segunda Guerra Mundial.

En septiembre de 1939, los cuadros del Museo del Prado preservados en Suiza regresaron a MadridEFE

Según le contó Vicente, consiguieron atravesar la frontera por Cerbere con una carga de unas diez toneladas en oro y después de conducir varias horas decidieron enterrar el oro en una zona pantanosa cerca de Saint- Cyprien; memorizaron el lugar y tras abandonar el camión lejos del tesoro se entregaron a los gendarmes franceses.

A finales de los años 50, Vicente acompañó a Charroux y su equipo de buscadores a localizar el oro, pero tras 20 años el lugar había cambiado considerablemente y las referencias que había memorizado habían desaparecido… fue imposible localizarlo».

¿Qué pasó con el tesoro del Vita?

Es un hecho contrastado que el gobierno republicano exiliado en Francia fletó el Vita, un yate de recreo de 62 metros de eslora, dos palos y dos potentes motores, para que transportara un tesoro valorado en siete millones de dólares de la época (otros lo estiman en 300).

El 28 de febrero de 1939 salió del puerto de El Havre con más de un centenar de maletas que contenían objetos incautados por la Caja General de Reparaciones (o la «Caja del expolio», como la denominaron algunos). Atracó en el puerto de Veracruz, pero en ausencia del doctor José Puche, comisionado por Negrín para receptar el cargamento, el socialista Indalecio Prieto —enemistado en esa época con Negrín y que se encontraba de gira en México invitado por su presidente, Lázaro Cárdenas—, fue quien trasladó el barco de Veracruz al puerto de Tampico, y la carga viajó en tren desde aquí hasta la Ciudad de México, donde gran parte fue ocultada en un sótano de la avenida Nuevo León.

El teniente Boher, encargado del desalojo de Mina Canta, dejó constancia en su diario del caos que reinó en la operaciónASC

¿Qué había en esas maletas? El monto real de las riquezas que transportaba aquel yate es otro de los misterios de la historia que jamás se aclarará del todo, pues quien gestionó esos recursos era consciente de su oscura procedencia y de la posibilidad de que algún día hubiese reclamaciones.

Se habla de 10 o 12 toneladas de oro y, según algunos autores, como Vicent Melià i Bomboí, de obras de arte como el cáliz del Papa Luna del siglo XIV y la mayor colección de monedas que hubo nunca en el mundo y que fueron sustraídas del Museo Arqueológico en 1936.

Amaro del Rosal, funcionario del gobierno republicano y único presidente de la Caja de Reparaciones, hizo un somero inventario de lo que contenían las cajas del tesoro. y cita depósitos del Banco de España y del Monte de Piedad, objetos históricos de la catedral de Tortosa, así como ropas y objetos religiosos procedentes de la catedral de Toledo, entre ellos el famoso manto de las cincuenta mil perlas de la Virgen del Sagrario.

Las tropas del general Enrique Líster destruyeron el puente de Agullana, haciendo imposible el tránsito del séptimo camión de mina Negrín.ASC

Además, todo el joyero de Capilla Real de Madrid, incluido la reliquia del Clavo de Cristo, lingotes de oro y una variada colección de relojes con un alto valor histórico y artístico.

Buena parte de la carga se malvendió al Banco de México, muy por debajo de su valor patrimonial, y otra parte se fundió en lingotes o se desmontó en pequeños pedazos. Las piedras preciosas, diamantes, oro, plata, relicarios y objetos de culto que llegaron en las bodegas del Vita fueron desapareciendo poco a poco.

La misma suerte corrieron los cuadros entre los que, según Amaro del Rosal, se encontraban telas de grandes pintores españoles de un valor extraordinario que es probable que en México formen hoy parte de colecciones particulares. El objetivo era que, con el dinero de la venta, el gobierno de Juan Negrín ayudara a los españoles que habían huido a Francia y México. Eso en teoría. La práctica está envuelta en intrigas políticas y tejemanejes crematísticos, circunstancias que se tratan con detalle en el libro El tesoro del Vita.

El Vita partió del puerto de El Havre el 28 de febrero de 1939.Shutterstock

La protección y el expolio del patrimonio histórico-arqueológico durante la Guerra Civil, de Francesc Gracia y Gloria Munilla (Edicions de la Universitat de Barcelona, 2014), con un análisis riguroso del contenido y destino final de un fabuloso tesoro que generó controversia y sobre el que ha caído una cortina de silencio…

El hallazgo del Nevado de Toluca

En enero de 1941 el diario mexicano El Universal informó del hallazgo accidental de cajas de estaño con joyas y otros objetos de valor con la identificación del Monte Pío de Madrid, sumergidas en las aguas de las lagunas del volcán Nevado de Toluca, entre los valles de Toluca y Tenango, identificándolas como parte del cargamento del Vita. Son dos masas de agua dulce, la del Sol y la de Luna, de unos 17 y 12 metros de profundidad, respectivamente, situadas a 4300 de altura.

En 2010 hubo más hallazgos en dichas lagunas, cuando unos buzos del departamento de arqueología subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México descubrieron una carcasa de reloj, junto con unrelicario y unas cajas con la leyenda Monte de Piedad de Madrid. Muchos investigadores han relacionado estos objetos con el tesoro que llegó a México en 1939 a bordo del Vita.

La historiadora Flor Trejo cree que los españoles quitaron todo lo que era de oro de los relojes y de otras piezas y luego tiraron la maquinaria y las inservibles cajas a la laguna de El Sol.

Regreso de los cuadros del Prado a España

En total se embalaron 1868 cajas que llegaron a Ginebra, donde se creó un Comité Internacional para el Salvamento del Tesoro Español, y allí se custodiaron hasta su regreso de nuevo al museo el 9 de septiembre de 1939. «El Prado es más importante que la República y la Monarquía.

Porque en el futuro podrá haber más repúblicas y monarquías en España, pero estas obras son insustituibles». Esta frase la dijo Manuel Azaña, presidente de la República, a Juan Negrín, presidente del Gobierno entre 1937 y 1939, a quien advirtió: «Si estos cuadros desaparecieran o se averiasen, tendría usted que pegarse un tiro». Si el viaje del tesoro republicano rumbo a

Ginebra fue accidentado (Madrid, Valencia, Cataluña, Francia y Suiza), no menos lo fue el retorno a España, al final de la Guerra Civil y pocos días antes de la invasión alemana de Polonia. Se hizo en tren por vías secundarias, y de noche, para evitar cualquier bombardeo. Y todo llegó sano y salvo…

Fuente de TenemosNoticias.com: www.muyinteresante.com

Publicado el: 2024-05-29 14:30:00
En la sección: Muy Interesante

Publicado en Humor y Curiosidades

Deja un comentario

WhatsApp