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Muerte por rayo en Colombia y relato de sobreviviente en Norte de Santander – Otras Ciudades – Colombia

Muerte por rayo en Colombia y relato de sobreviviente en Norte de Santander - Otras Ciudades - Colombia

En varias ocasiones, Diomar Flórez Sánchez, un agricultor de 40 años, debe interrumpir su trabajo por calambres en sus piernas. Ha sido así desde el 2003, cuando un rayo impactó sobre él y su cuñado al interior de su vivienda en zona rural de la región del Catatumbo, en Norte de Santander.

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Diomar bromea. Dice que también pueden ser consecuencias de la edad. Lo cierto es que desde aquel suceso su vida cambió. Asegura que de tan solo observar que el cielo se oscurece como antesala de una tormenta se llena de temor. “Solo recordar eso lo pone a uno nervioso”, dice.

El reloj marcaba unos minutos más allá de las 6 de la tarde. Aquel día, Diomar había acordado esperar a su cuñado, Carlos Amaya, para ver un partido de la selección Colombia a las 8 de la noche, pues él contaba con un televisor en su casa, ubicada en la vereda Vegas de Oriente, zona rural de Teorama.

“No recuerdo contra quién jugaban –explica Diomar–. Yo sí recuerdo es que se largó la lluvia, era una tormenta y ya estábamos en la casa tras terminar las labores. Nosotros estábamos al interior de la casa, imagínese, y ahí nos cayó el rayo”.

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Diomar Flórez Sánchez en compañía de su esposa.

Foto:

Cortesía: Diomar Flórez Sánchez

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Según cuentan algunos familiares, Diomar se encontraba al lado de Carlos ajustando la antena para poder ver el partido. Estaban en el patio de la vivienda, la zona se encontraba a cielo abierto, por lo que las gotas de lluvia impactaban en ese pequeño lugar de la casa.

Mientras su cuñado ajustaba la antena, Diomar se acercó para entregarle un café y en ese momento perdió la conciencia.

“A mí me contó mi esposa después lo que pasó. Me dijo que tal vez fue como media hora que estuve tirado, inconsciente –señala Diomar–. Cuando me desperté vi que mi cuñado estaba tirado al lado mío, se veía como si estuviera quemado por pólvora, tenía las manos negras, había mucho humo”.

Este agricultor asegura que de inmediato trató de levantarse para auxiliar a Carlos, pero sus piernas no respondían.

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Como pudo se arrastró y le abrió la camisa a su cuñado. El vello de su pecho estaba quemado, el olor era insoportable. Fue una escena que aún lo impacta recordar. Carlos no reaccionaba, murió en el instante.

En medio de sus lamentos, la esposa de Diomar, quien en ese momento dormía en su habitación, se levantó para auxiliarlo.

-Historia publicada originalmente el 11 de junio-

“Yo me sentía como ‘desmigajado’ por dentro –asegura Diomar–. Las piernas estaban como si me las hubiera partido, no sentía nada, como si no estuvieran ahí. Fue muy dramático porque uno no lo espera ni nada. Cómo un rayo me va a caer en mi propia casa”. 

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Una región tormentosa

Aunque existen estudios que señalan que Cáceres, en Antioquia, es el municipio colombiano donde más rayos caen, unas 6.600 descargas eléctricas al mes, Horacio Torres Sánchez, investigador y docente de la Universidad Nacional, asegura que la región del Catatumbo es otro punto del país con las mismas, y hasta mayores, características.

Para realizar dicha afirmación, el investigador se apoya en un parámetro denominado el nivel ceráunico, que es el número promedio de días del año en los que hay tormentas, entendiéndose como tormenta un día en el que por lo menos se escuche un trueno.

“En una sesión, el máximo nivel ceráunico es 365, o sea, todos los días se oye un trueno –explica Horacio Torres–. El máximo nivel que tiene Francia, por ejemplo, es del orden de 36; en Alemania, de 20 y tantos; en Estados Unidos, entre 80 y 100. Colombia registra unos 250 al año y solo en Catatumbo el registro es de más de 150”.

Bogotá está en un promedio de 80 días tormentosos al año.

Torres, quien desde hace 40 años estudia este fenómeno en el país, asegura que al estar Colombia ubicada en la región del trópico las tormentas son más frecuentes y el impacto de un rayo puede ser más fuerte (hasta 45.000 amperios).

Sobreviviente a impacto de un rayo

Diomar Flórez decidió mudarse de la vivienda que solo le recuerda el cuerpo quemado de su cuñado. Hoy vive con su familia en la vereda El 92, zona rural de El Tarra, también en el Catatumbo.

Foto:

Cortesía: Diomar Flórez Sánchez

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Según una publicación de la Universidad Nacional, en agosto, el profesor Francisco Román, director del Grupo de Investigación en Compatibilidad Electromagnética, explica que “al circular un rayo se produce un calentamiento excesivo que puede llegar a los 20.000 kelvin (K) o más, una temperatura mayor a la del Sol”.

El daño que causa en una persona depende de qué tan rápida sea la corriente: si es muy rápida, los efectos podrían ser superficiales, pero si es de menos frecuencia puede penetrar, cruzar a través de los nervios, reventar la piel, dejar un sitio de entrada y otro de salida.

No obstante, el profesor Horacio Torres asegura que las estadísticas demuestran que cuando una persona es impactada por un rayo hay un porcentaje superior al 70 por ciento de que sobreviva.

“El cuerpo presenta una resistencia alta que hace que el rayo caiga por la superficie de la piel –explica Torres–. Hay muchos registros de personas que sobrevivieron, obviamente con quemaduras de tercer grado, pero sobrevivieron. Eso sí, tienen que ser auxiliadas de inmediato”.

El investigador explica que el impacto de un rayo puede generar una fibrilación ventricular, que es un trastorno del ritmo cardiaco que presenta un ritmo ventricular rápido, y llevar a producir un infarto, por lo que es importante brindar respiración cardiopulmonar de inmediato a la persona afectada.

Sobre las probabilidades de morir por el impacto de un rayo en Colombia, el investigador asegura que durante los últimos 20 años, con base en datos tomados por un estudio, las muertes por impacto de rayos en Colombia están por el orden de 1,8 por cada millón de habitantes.

“Ha disminuido. Antes la medida era superior al 2,1 por cada millón de habitantes –explica el docente–. Eso gracias a medidas y actividades de protección. Lugares como Cáceres y el Catatumbo concentran gran cantidad de tormentas, pero no es la principal causa de muerte de sus pobladores”.

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Este experto analiza el caso de Diomar y sostiene que al su cuñado recibir el impacto a través de la antena de televisión que en ese momento ajustaba por eso el impacto no fue superficial sino que afectó sus órganos internos.

“Es como cuando cae sobre un árbol y una persona está cerca, se conduce más rápido y puede ser más letal –asevera Torres–. Esta persona sobrevivió porque su cuñado se lleva la peor parte al estar sosteniendo la antena”. 

Yo sobreviví y no me pasó nada malo, gracias a Dios, pero el cuerpo de mi cuñado sí se llevó la peor parte

Una noche “sin tripas”

Al recibir el impacto del rayo, Diomar no fue llevado de inmediato al hospital, pues para llegar a la carretera que lo pudiera llevar al casco urbano de Teorama era necesario un recorrido de cinco horas. Este campesino pasó una de las noches más largas de su vida.

“Esa noche sentía que no tenía tripas. Llevaron a una señora a que me sobara durante la noche porque era una sensación muy fea –recuerda Diomar–. Yo no quedé con ninguna herida superficial, por eso no nos apresuramos a ir al hospital, pero en la madrugada empecé a escupir sangre y de inmediato cogimos camino”.

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Sin recuperar aún la sensación en sus piernas, Diomar fue trasladado al hospital de Ocaña donde permaneció bajo observación durante tres horas. Poco a poco, gracias a la atención médica que recibió durante tres días, su estado mejoró y pudo caminar de nuevo, aunque el dolor en sus piernas perduró por 15 días.

Luego del incidente, este agricultor decidió mudarse de la vivienda que solo le recuerda el cuerpo quemado de su cuñado. Hoy vive en la vereda El 92, zona rural de El Tarra, también en el Catatumbo.

Vive con su esposa y sus cuatro hijos. Aún se dedica a las labores del campo, aunque debe detenerse cada tanto por el dolor en sus piernas, los calambres que le recuerdan aquel día en que un rayo se coló en su vivienda.

“Supongo que también pueden ser los años –comenta Diomar mientras se ríe–. Yo sobreviví y no me pasó nada malo, gracias a Dios, pero el cuerpo de mi cuñado sí se llevó la peor parte lamentablemente. Igual las secuelas quedan, como esos dolores y los nervios cuando se oscurece el día”. 
(Esta historia fue publicada originalmente en noviembre del 2020)

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MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @Leugim40

Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com /

Publicado el: 2021-10-24 00:00:00
En la sección: EL TIEMPO.COM – Colombia

Publicado en Colombia
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