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De dos profesores y de una estación que trabaja a un cuarto de máquina depende el registro de temperatura, lluvia, sol y viento en Caracas

De dos profesores y de una estación que trabaja a un cuarto de máquina depende el registro de temperatura, lluvia, sol y viento en Caracas

La estación hidrometeorológica de la UCV, fundada en 1950, se mantiene operativa por el tesón de los profesores Abraham Salcedo y Valdemar Andrade. Solicitan que el Inameh asuma la repotenciacion y el mantenimiento

Muchas horas
de viento, muchas tardes de lluvia y largas horas de sol han compartido los
profesores Valdemar Andrade y Abraham Salcedo. Comenzaron un largo camino en el
liceo, que prosiguió en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y que hoy los
une en la estación hidrometeorológica de esa casa de estudios.

Los 356 días
del año, las 24 horas del día son los profesores Andrade (jubilado) y Salcedo (jubilable)
los que se encargan de que este lugar siga operativo y pueda escudriñar el
ambiente de Caracas. Los dos profesores evalúan los datos y los interpretan,
resuelven los problemas y atesoran archivos que registran la historia climática
nacional. “El 1 de enero yo estaba aquí tomando mis datos”, explica Salcedo.

Pero la estación, que existe desde 1950 y forma parte de la red meteorológica nacional y la red mundial, está como la UCV y como las universidades públicas: en estado crítico por la falta de recursos y por la falta de apoyo del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh). Por eso, según calcula Andrade, trabaja a un cuarto de su capacidad.

Aquí se registran precipitación (lluvias), radiación, temperatura, evaporación, insolación (horas de sol), presión atmosférica, unidad relativa. En total son nueve parámetros que reflejan la situación del valle de Caracas. Probablemente es la única estación operativa de la capital, después de que grupos políticos tomaran las instalaciones del Observatorio Cagigal (que funcionaba desde el siglo XIX).

Un camino de monte crecido

El librero sigue,
a pesar de las ausencias, en su puesto de siempre en la entrada de la UCV de
Plaza Venezuela. Pero detrás de la cerca hay un sendero, que recorren personas
que viven en la calle, que conduce a la sede del departamento de ingeniería
hidrometeorológica, varias veces robado. La última “visita” de los ladrones se
cerró con pérdidas que Salcedo estima en más de 100 mil dólares.

La entrada informal queda por un camino que permite ver el estado deplorable de las piscinas, azotadas por la asfixia presupuestaria y la pandemia. El monte crecido es otro rostro de la falta de mantenimiento.

Así se llega a una estación que son tres: “La convencional, con los equipos que tienen papel; una automática y otra automática (del Inameh) que transmite al satélite”, describe Salcedo.

Los dos profesores se encargan de todo. Ahora esperan la incorporación de una persona más, pero siguen siendo pocos para todas las tareas.

Una historia de agua y desidia

Después de
la tragedia de Vargas el departamento de ingeniería hidrometeorológica de la
UCV ayudó a instalar estaciones para saber qué pasaba con las lluvias. Se
montaron “más de 29, y ninguna está operativa. Todas las vandalizaron” o las
instituciones no las atendieron.

Los
profesores refieren que desde 2005 en adelante “empezó todo a decaer”, hasta
llegar a operar “a un cuarto de máquina”. “Muchos equipos están deteriorados”,
hay instrumentos no operativos. Para cortar el monte “él (Valdemar) la trae la
máquina de su casa”.

Tanta lluvia, tanto sol

Entre cielo
y tierra no hay nada oculto, dicen. La estación de la UCV se encarga de que así
sea. Se generan datos cada día, se produce un informe mensual.

¿Por qué esta
información es importante? Para la toma de decisiones. “La Escuela de
Ingeniería Sanitaria iba a cambiar el techo, porque tenía una gran filtración.
Ellos necesitaban la información para saber cuándo lo iban a quitar y cuánto
tiempo duraría el trabajo”, ilustra Salcedo. Se les entregó un pronóstico hora
por hora.

La estación
de la UCV tiene fines docentes y de investigación, y también, para hacer
proyectos. Los constructores los consultan para planificar trabajos, los que
siembran pueden solicitarles que les indiquen cómo y cuándo lloverá.

Para volver a brillar

Cortar el
monte le vendría muy bien. También, la compra de equipos. Se necesitan “termómetros,
medidores de humedad”, entre otros, enumera Andrade.

“Montar una
estación completa como esta cuesta 20 mil dólares. Con 20 mil dólares puedo
poner a funcionar esto bastante bien”, agrega Salcedo.

Se requiere
de personal fijo (por lo menos tres personas más). “Aparentemente él está
bastante sano”, bromea Salcedo a referirse a su amigo Andrade. “Él sale bien en
la fotografía, pero no sé si en la radiografía. Igual digo yo”. Otros factores,
como la escasez de gasolina en pandemia, han impedido a Andrade la presencia
acostumbrada.

La estación
tiene un compromiso con los estudiantes de la UCV, con las autoridades y la
comunidad de Caracas y con el mundo. El Inameh “debería repotenciar la
estación, encargarse del mantenimiento de toda la estación”, expone Salcedo,
porque “ellos no deben permitir que ninguna estación deje de funcionar”. Les han
ofrecido hacerlo, pero nada que se concreta.

-¿Está en riesgo de cierre?

-Siempre está en riesgo de cierre- responde Salcedo. La vulnerabilidad somos nosotros dos. La estación depende de dos profesores, de los cuales uno está jubilado (Andrade) y yo soy jubilable porque tengo 41 años en la universidad.

La red mundial
está al tanto de lo que sucede, pero que pueda hacer algo “depende del
representante permanente” del Estado venezolano ante la Organización
Meteorológica Mundial.

-¿Pueden seguir manteniendo esto
cuánto tiempo más?

-Hasta que
el cuerpo aguante- responde.

La única
estación hidrometeorológica posiblemente operativa en Caracas depende de estos
dos profesores, decididos a no rendirse.

Fuente de TenemosNoticias.com: contrapunto.com

Publicado el: 2021-01-18 00:09:05
En la sección: Nacional – Contrapunto.com

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