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Las jugueterías de Caracas: un reflejo del presente económico y social

Las jugueterías de Caracas: un reflejo del presente económico y social

  • El equipo de El Diario realizó un recorrido por distintas jugueterías de Caracas. En el este de la ciudad los precios de los productos varían entre 5 y 300 dólares; mientras que en el oeste, que cuentan con la venta de juguetes usados o de menor calidad, los precios oscilan entre 3 y 50 dólares 

Un niño de 6 años de edad camina cerca de las vitrinas por el centro de Caracas. Su madre lo acompaña. Los dos visten con una parafernalia roja que tiene el rostro de los ojos vigilantes de Hugo Chávez en el pecho. Llevan gorras alusivas a la “revolución” y siguen el paso de una marcha gubernamental. El grito propagandístico se mueve entre las mareas vocales de los obligados, de aquellos trabajadores públicos que siguen su plato de comida, pero el niño se calla por momentos, inocente de los símbolos, para disfrutar de las vitrinas y de los juguetes que están en ellas. “Mira ese poco de juguetes finos, mamá”. Ella lo regaña y ambos, a la par de las bocinas que extendían entre las calles las canciones de Alí Primera en la voz de Hugo Chávez, continúan su camino. 

Mientras tanto, un grupo de niños, entre 6 y 11 años, camina entre los vehículos con un envase de agua sucia para limpiar los vidrios. Tienen el cabello con destellos amarillos por la desnutrición, los pies sucios por la falta de zapatos y los ropajes aparientos. Estos niños con estómago de tambor, por los días sucesivos del hambre, no miraban los juguetes de ninguna tienda, tampoco los de los vendedores informarles, porque para ellos la niñez es una idea que no reconocen. En su morisqueta, risa fragmentada por la tristeza, se nota la pesadez de la vivencia callejera. Los conductores los alejan. “No me limpies el vidrio”. Ellos continúan y luego se van caminando, a la par, por la avenida mientras los juguetes y sus precios dolarizados quedan estáticos en la vitrina. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En la avenida México, después del liceo Andrés Bello, la voz de los reporteros de Venezolana de Televisión (VTV) retumba en una pantalla gigante, diciendo que las elecciones del 6 de diciembre son la meta. Se escucha la verborrea, la propaganda se inmiscuye y ante la imagen de Andrés Bello, Antonio José Ramos Sucre, Salvador Garmendia, Ana Teresa de la Parra, Miguel Otero Silva, entre otros grandes intelectuales venezolanos, la ciudad se vuelve un cúmulo panfletario en la cual los ojos vigilantes están postrados en cada esquina. 

En esta zona la presencia de jugueterías es reducida, pero otros locales han decidido diversificarse durante este mes diciembre, aprovechando la flexibilización y la algarabía de las compras (cada día menor), en la venta de juguetes, accesorios navideños y objetos relacionados con la temporada. En un pequeño local de ropa se puede ver la vitrina dividida: en un lugar camisas, pantalones y sacos; en el otro figuras de Marvel, muñecas, carritos a control remoto, balones de fútbol, sets de maquillaje y juegos de mesa. Los precios varían entre 5 y 50 dólares, dependiendo de la procedencia del juguete. La mayoría son de importación china, pero algunos pocos son de marcas reconocidas como Kreisel, Fisher Price y Mattel.

En el mercado de Nuevo Circo la gente camina y suda a la par, se detiene en los puestos de perros calientes y comparte las salsas, se quita el tapabocas y se entremezcla entre la masa. Un cigarrillo alcanza para varios y un agua mineral se reparte entre muchos más. La policía está en cada esquina y detiene el tráfico sin razón alguna. Una marcha gubernamental, con pocos trabajadores públicos, se pasea sin reparo por las calles y los vendedores llaman a los clientes. Hay pocos locales con juguetes. Uno dice “todo a 1 dólar”. Son pequeñas muñecas y algunos juguetes de acción. 

Cada poste de luz va acompañado de una pancarta política. En las calles se escuchan los parlantes con las canciones de turno y las consignas. “Patria o muerte”; hasta el cansancio, con la pesadez del Sol. Sus fieles, cada vez menos, van caminando mancomunados como reses al matadero. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Frente a la plaza Diego Ibarra, la señora Keliny Morin vende juguetes en una esquina. Monopatines, muñecas, carritos de plástico, sets de cocina para niños, maquillaje y cochecitos. Su tono es amable, conciliador y con la capacidad de envolvimiento que solo tienen los vendedores con tiempo en el oficio. Las ventas han sido pocas, pero significativas.

Los precios van desde 3 dólares, por una muñeca pequeña, hasta 25 por un monopatín. Sonríe y comenta para El Diario que, aunque el año fue complicado por la cuarentena obligatoria, las expectativas para el mes de diciembre son positivas. Camina por la avenida, da instrucciones y muestra sus productos. Tiene un gel antibacterial en la mano. Mientras, en la acera aledaña, un niño pasa con una carretilla repleta de mercancía. Es la una de la tarde y el trabajo arrecia por la clientela. Él, con sus 8 años de edad, debe conseguir la comida del día. Por momentos mira los juguetes de reojo, pero sigue su camino. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

La mascarada del oeste de la ciudad se torna monstruosa en su fragmentación. Mientras unos entonan cánticos políticos, otros recogen las sobras de la basura. Algunos se detienen a comprar en las tiendas y otros ni siquiera son capaces de mirar las vitrinas. Todo se unifica de forma extraña por la presencia policial y los ojos de las esquinas que miran sin cesar el paso de los venezolanos. Incluso, los que recogen los restos escondidos entre las canicas del desperdicio, harapientos y sucios, se arropan o toman sombra con las pancartas políticas que han caído al piso. Todo deviene, al final, como residuo. Hasta los seres humanos.

Catia: el lugar de lo usado

En la avenida Sucre de Catia las pancartas son cada vez menos y las marchas de trabajadores públicos no aparecen. Sin embargo, con una máscara mucho más cruel, repuntan las hordas motorizadas de los colectivos. Las motos retumban y nadie se atreve, siquiera, a mirarlos fijamente. Llevan la indumentaria del “revolucionario” y predican las mismas consignas. A su lado, mientras detienen el tráfico, hay docenas de conductores esperando su turno para echar gasolina. El paralelismo continuo de un Estado solo reconocible en las fracturas de la violencia. 

Los transeúntes se preocupan por los alimentos, no por juguetes y los niños, acompañados de sus padres y abuelos, persiguen la misma peregrinación. Los precios de los juguetes disminuye y el intervalo va desde 1 dólar hasta 25 dólares. No se escuchan bolívares por ningún lado. Al llegar a la Plaza Sucre, un sitio caracterizado por su vida rápida, donde nadie puede dormirse en los laureles de lo normalizado, es notable el proceso de acabose. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En la parada de los autobuses que van para el barrio Nuevo Horizonte está una madre con cinco niños, entre 2 y 5 años de edad, que corretean alrededor del contenedor de basura cercano. Ellos juegan con los restos, se lanzan lo que ha quedado como si fuesen pelotas de béisbol. La madre tiene un bebé en brazos y lo amamanta. Mira de reojo a los demás. Una niña de 4 años de edad la acompaña. Son pequeñas florecitas que, como Panchita Mandenfuá, en la historia de Rafael Pocaterra, han crecido y crecerán en el asfalto o vendedores de cerillos, como el cuento de Hans Christian Andersen, que perecerán en la madrugada ante la vida que se quema. 

En el bulevar de Catia no existe regla posible y todos van a su gusto. Las ferias de hortalizas se organizan en las orillas de la calle y los vendedores informarles venden en el piso lo que recogieron de la basura. Los puestos de perros calientes, cachapas y hallacas esperan a los compradores cansados.

Desde el principio de la avenida puede notarse el movimiento de la marejada de personas que van como sales en el mar, casi imperceptibles, caminando entre los locales. La mayoría está dedicado a la venta de comida y pocos se han diversificado a los juguetes. En uno de ellos venden muñecas de plástico, cochecitos, cocinas pequeñas, bates, patinetas y figuras de Marvel. Las figuras de acción y las muñecas pequeñas están entre 5 y 10 dólares; las patinetas en 15 dólares y algunos sets de cocina en 20. Algunos compradores se detienen a mirar y preguntar los precios. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En la plaza de Pérez Bonalde cada una de las calles aledañas tiene un gremio de ilegalidad: una para los colectivos, otra para los bachaqueros -epíteto para los revendedores de alimentos- y la siguiente para los buhoneros que venden artículos usados, robados, dañados e incompletos. Parece la única calle en la que se habla de bolívares en toda la ciudad porque, al igual que la moneda, estos objetos no valen nada. Los pequeños juguetes cuestan 200.000 bolívares y los peluches grandes, sucios y rotos, los ofertan en 500.000 bolívares. Puedes llevar varios juguetes para llegar al dólar. Es una opción para muchos venezolanos que subsisten con el sueldo mínimo de 1.200.000 bolívares mensuales.

El este: una realidad paralela en las compras

En este sector de la ciudad pareciese que la existencia del otro, aquel que padece las dificultades de la vida diaria, no es notable entre las escaramuzas de la “normalidad”. El miércoles 2 de diciembre el río Guaire amaneció con un cadáver maniatado en su caudal de desechos y hedor, pero sobre esas aguas se yergue un entramado de luces blancas para mantener la apariencia de una vida unificada en una ciudad repartida en pedazos. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En Las Mercedes, justamente por la avenida Río de Janeiro, hay varios locales para la compra de accesorios navideños, arbolitos y juguetes. En este último rubro las ventas han sido inestables por el poder adquisitivo de las personas. El venderdor Lenin Rivas comentó en exclusiva para El Diario que “la venta ha comenzado un poco lenta, no es lo que se esperaba”. Los precios de los juguetes varían desde 10 hasta 150 dólares, pero las bicicletas, por su parte, tienen precios que van desde 200 dólares hasta 520. 

Este año ha sido bastante difícil. Todavía estamos esperando juguetes, ya que muchos de ellos se encuentran retenidos en la aduana. Estamos trabajando con las uñas”, agregó Rivas.

La variedad de juguetes es mucho mayor que en las tiendas y lugares del centro de Caracas. Desde las marcas reconocidas hasta imitaciones. Rivas espera que durante las próximas semanas, al acercarse el 24 de diciembre, sea mayor la cantidad de compradores. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En el bulevar de Sabana Grande la afluencia de personas es incalculable. Las medidas de bioseguridad parecer haber quedado olvidadas en la pesadez de la cuarentena. En las ferias la mayoría de los estantes están dedicados a la venta de ropa, pero algunos pocos han comenzando con los juguetes. Hay ofertas de una muñeca en 3 dólares y 2 en 5. Los más vendidos son las figuras de Marvel y las muñecas, por su bajo precio. Los juguetes más caros pocas veces son escogidos por la realidad económica de los compradores.

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Los centros comerciales también son espacios predilectos para las compras decembrinas y la variedad en el área de juguetería es mucho mayor, incluso en el intervalo de precios. El equipo de El Diario realizó un recorrido por distintas jugueterías del centro comercial Sambil y descubrió que los juguetes pueden variar entre 2 y 300 dólares. Las bicicletas y los carros a control remoto son los juguetes más caros y los más baratos son el slime -un juguete viscoso- y las muñecas pequeñas. El gerente de uno de los locales comentó que “este mes de flexibilización se esperan buenas expectativas de venta”. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

En otros locales se ha realizado una ambivalencia entre la venta de ropa infantil y la juguetería. La mayoría de los gerentes comentan que el tiempo de la cuarentena fue perjudicial para el sostenimiento de los locales y, por ende, esperan recuperar una parte en este mes. Los compradores, aletargados por las dificultades económicas, prefieren las imitaciones, que son más económicas. Las muñecas LOL, unas de las más solicitadas, se pueden encontrar entre 45 y 55 dólares. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Algo notable en todas las tiendas es una baja afluencia de clientes. Los gerentes comentan que, aunque el año ha sido complicado, tiene que ver con las fechas tempranas. Los padres, en su mayoría, empiezan a preocuparse en las siguientes semanas por el regalo del Niño Jesús. Todo niño espera algún día recibir lo que ha pedido en la carta. 

Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

El cielo azul de Caracas es un color prácticamente autónomo, reconocible solo entre los límites del valle, que arropa a todos habitantes y mira los muertos del Guaire, las grandes alcabalas en la autopista, el caos de la ciudad dormida por la pandemia y la tristeza de los niños que no tendrán Navidad. Entre los precios dolarizados y la inequivalencia social inicia una búsqueda por el juguete deseado diferente al de años anteriores, pero marcada, sobre todo, por los años de la crisis. 

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Fuente de TenemosNoticias.com: eldiario.com

Publicado el: 2020-12-04 12:24:12
En la sección: Venezuela | El Diario

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