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Venezuela no baila como Juana la Cubana embargada, por Alejandro Armas

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runrun

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Publicado: 1 de febrero, 2019 — 14:04 p.m. (hace 3 semanas)

EN LA ÚLTIMA PUBLICACIÓN DE ESTA COLUMNA se mencionó que la dirigencia opositora, y con ella el país entero, dio un salto cuántico al otro lado del Rubicón. Los efectos no se hicieron esperar. El de mayor impacto seguramente es el nuevo conjunto de sanciones de Estados Unidos contra la industria petrolera venezolana. Estas medidas punitivas son muy distintas a sus antecesoras, que recaen de manera exclusiva en individuos que pertenecen a la elite gobernante o restringen operaciones financieras del Estado. Esta vez es la fuente de casi todos los ingresos en divisas del país la que ha sido cortada de un tajo. Especialistas estiman que ocho de cada diez dólares por exportación de crudo provienen de Estados Unidos. Si bien es cierto que ello supone cerrar el grifo a una fuente de riquezas manipuladas por los cabecillas del régimen con absoluta discrecionalidad y nada de transparencia, también lo es que esos verdes permiten las ya bastante alicaídas importaciones de bienes de consumo masivo. Saberlo es importante para que la población venezolana se prepare.

No me propongo en estas líneas dar una explicación pormenorizada de los efectos económicos de las sanciones norteamericanas. Personas con muchos conocimientos más que los míos en la materia ya se han dado a esa tarea. Más bien plantearé sus posibles consecuencias políticas. Advierto, como de costumbre, que tampoco haré un ejercicio quiromántico que garantice lo que va a ocurrir. Solamente escenarios que creo probables.

En primer lugar, se habla de un embargo estadounidense, expresión que en América Latina trae ecos de la Guerra Fría. A muchos se les vendrá a la cabeza el embargo de EE.UU. a la Cuba castrista, iniciado a principios de los años 60 y vigente aún hoy. Tal símil puede resultar alarmante a los venezolanos que esperan con urgencia por un cambio político en el país para recuperar su economía y sociedad. Después de todo, es innegable que el embargo a Cuba ha fracasado como mecanismo de presión a la dictadura castrista. Además, varios estudios (muchos de los cuales no tienen ninguna vinculación con la gerontocracia comunista), han concluido que las sanciones de Washington han tenido un impacto negativo en la calidad de vida del ciudadano cubano común, lo cual por supuesto no elimina las consecuencias ruinosas de la planificación económica estalinista en la isla.

No obstante, hay varias razones para suponer que las medidas punitivas anunciadas esta semana no tendrán secuelas políticas similares a las aplicadas contra el modelo ideológico del chavismo. El contexto externo e interno de Venezuela hoy es bastante diferente al de Cuba hace seis décadas. Para empezar, las oportunidades de rescate del régimen venezolano por países aliados o simplemente indiferentes ante nuestra calamidad son mucho menores. Cuba encontró rápidamente un mercado alterno para sus exportaciones (principalmente azúcar) en la Unión Soviética y sus satélites de Europa Oriental. Bienes tropicales para consumo en las riberas templadas del Danubio, las estepas de Asia Central y la gélida tundra siberiana. Casualmente Rusia, heredera de la URSS, hoy se perfila como uno de los principales aliados de Miraflores. Pero ella ya es una nación petrolera, una de las más grandes del mundo por demás.  En cuanto a China, ya se le despacha crudo criollo, pero para el pago de deudas.

De hecho, es muy difícil que Pdvsa consiga un destino alterno para todo el hidrocarburo que dejará de vender a Estados Unidos, donde hay refinerías especialmente adaptadas para trabajar con los crudos “extrapesados” que abundan en la Faja del Orinoco. Aparte del vecino del norte, el otro país que compra petróleo venezolano y paga de contado es la India. Pero lo hace en cantidades mucho menores y  es improbable que esté dispuesta a absorber el volumen que EE.UU. recibía. Sobre todo porque le resulta mucho más barato importar de Irán, sencillamente por una cuestión de distancias.

Volviendo a las potencias amigas del régimen, cuesta creer que estén dispuestas a emprender acciones poco convenientes para su bolsillo solo por intereses geopolíticos en el Caribe. El juego bipolar entre Estados Unidos y la Unión Soviética es cosa del pasado. El Kremlin de Vladimir Putin tiene muchas menos razones que el de Nikita Krushev para incurrir en los costos de respaldar incondicionalmente un régimen geográficamente cercano a su rival y enemistado con el mismo. John Mearsheimer, el célebre padre del realismo ofensivo en teorías de las relaciones internacionales, ha apuntado que aquellos países que aspiran a ser potencias de primer orden global deben conformarse con el estatus de predominio regional o incluso hemisférico, pero no más. Cabe preguntarse si, con preocupaciones en sus propios vecindarios, Rusia y China querrán hacer sacrificios por sus “amigos” en las antípodas.

Hacia lo interno, el panorama también es muy distinto al de la isla en los 60. Es harto probable que la elite chavista se valga de las sanciones para aplicar la táctica que los anglosajones llaman rallying around the flag . Es decir, apelar al nacionalismo del venezolano para ganar apoyos ante una “agresión a la patria”. Sin embargo, Nicolás Maduro ya ha hecho esto antes, sin mayor éxito. Estudios de opinión llevados a cabo poco después de que el gobierno de Barack Obama se refiriera a su régimen como “una amenaza”  hallaron que la aprobación del sucesor de Hugo Chávez tuvo un ligero aumento, atribuido al rallying . Pero el efecto duró muy poco. En 2015, de cara a las elecciones parlamentarias, hubo dos intentos: primero, a propósito de la disputa por el Esequibo (hasta entonces desatendida o desestimada por los gobiernos chavistas), y luego, con el argumento de la violencia y el contrabando en la frontera colombiana. Ninguno de los dos evitó que la elite gobernante sufriera una derrota estrepitosa en los comicios. Hay que tener en cuenta que en ese entonces la situación socioeconómica del país, aunque alarmante, no había alcanzado los niveles infernales del presente, lo que disminuye la posibilidad de que esta vez el rallying sea efectivo.

El gobierno comunista isleño, en cambio, contaba con factores internos mucho más favorables cuando inició el embargo. Era un régimen joven, fresco, que acababa de desalojar a un tirano sanguinario apoyado por Estados Unidos. Aunque desde un principio Fidel Castro mostró sus propios colmillos despóticos, pudo más el mal recuerdo de Fulgencio Batista. No puedo dar cifras, pero es evidente que los guerrilleros de Sierra Maestra eran mucho más populares entre sus conciudadanos que los sucesores de Chávez en la actualidad. Estabilizado pese al embargo, el castrismo no necesitó pretextos nacionalistas, pues hasta el Sol de hoy la enorme mayoría de los cubanos ha sido reacia a manifestar en su contra, quizá por una combinación de conformismo y miedo.

Como pueden ver, hay varias razones para prever efectos de las sanciones norteamericanas a Pdvsa que no serán como los del embargo a Cuba. Venezuela no baila como Juana la Cubana embargada. Empero, ello no garantiza que las medidas punitivas cumplirán su propósito. La ribera del Rubicón en la que Venezuela se halla en este momento sigue bastante oscura, aunque más temprano que tarde veremos, literalmente.

@AAAD25

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