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Publicado: 16 de septiembre, 2019 — 19:01 p.m. (hace 1 mes)

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Gustavo Villamizar Durán

El Ministerio del Poder Popular para la Educación convocó para este lunes el inicio del año escolar 2019-2020. Un día muy significativo, de fiesta, vuelven los hijos de la patria a las aulas y su esplendoroso cielo dibuja una hermosa sonrisa. Se abren las puertas de las escuelas a los protagonistas, sus espacios se copan de algarabía, presente la sonrisa del reencuentro para quienes avanzan en el sistema y la que anuncia el inicio de una amistad en aquellos que apenas comienzan o recién llegan de otros planteles. Desde tempranas horas en los hogares se vive el alegre ajetreo  del primer día: el uniforme impecable, los lacitos para las niñas, el apremio del tiempo, el bulto listo desde la noche anterior, pero también, la expectativa por lo que vendrá en el año que comienza.

La escuela ha sido y sigue siendo, un espacio privilegiado de socialización, de encuentro, de cultivar bonitas amistades, de comparecencia en la labranza de nuevos ciudadanos, de la fragua de valores y saberes para la vida. La escuela mantiene su papel principalísimo en nuestras sociedades y sigue siendo un espacio seguro para la niñez, no obstante algunos casos esporádicos.

El primer día del año escolar es un manojo de ilusiones y sueños, de volver a la querida casa, el encuentro con los docentes, la primera mirada y la sonrisa que  brota del afecto. Ese primer día compromete por igual la vida emocional y afectiva del niño y el maestro.

Se inicia un año escolar en un país en difíciles circunstancias: la avaricia imperial se ha afincado sobre esta tierra con tirria y crueldad que procuran angustia y desazón en nuestra gente. La guerra económica y el bloqueo con el ataque a la moneda y la inmisericorde inflación inducida, han puesto en serias dificultades a las familias y se ha hecho habitual la amenaza de su empeoramiento. Sin embargo, en estas horas, los venezolanos hemos puesto a prueba la capacidad de resistencia, la fortaleza que impide el abatimiento y energiza para seguir adelante. De manera que desde este lunes millones de niños desde las etapas inicial y primaria, y en unos días, los jóvenes y adolescentes de la secundaria general y técnica, colmarán los planteles con su alegría y un gran tejido de ilusiones en sus mentes y corazones.

Justo es destacar el esfuerzo del gobierno bolivariano en la reparación y acondicionamiento de los planteles, la dotación de  materiales de trabajo, la entrega gratuita de los uniformes, el calzado, el bulto escolar con los útiles correspondientes, así como, los libros de la Colección Bicentenario. Y principalmente, la incorporación de más de 20 mil escuelas al Programa de Alimentación Escolar –PAE-, el cual provee desayuno,  almuerzo, la merienda de la mañana y la de la tarde, antes de volver a casa.

No obstante, el modelo educativo vigente está agotado y muestra con crudeza sus insolvencias.  Se impone una transformación a fondo que no termina de llegar. De allí que es relevante llamar a los educadores y maestros de verdad, no al inicuo funcionario de nómina, a intentar, por su propia iniciativa, la superación de tan duros momentos venciendo la rutina fatigante de la escuela, probar nuevos caminos para enseñar y aprender,  activar estrategias  colaborativas de aprendizaje en las que se involucren con entusiasmo los discentes,  aprovechar la conectividad de las canaimitas como instrumento especial para la búsqueda de la información, su  tratamiento y confrontación con las diversas ópticas. En fin, romper con lo que se ha hecho hasta ahora, arriesgándose a experimentar con nuevas actividades y búsquedas que activen las funciones mentales superiores y estimulen el deseo de saber. Inventemos, aceptemos la invitación de Don Simón Rodríguez. Será una estupenda manera de celebrar sus 250 años en octubre próximo.   (Gustavo Villamizar Durán)

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