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Opinión

El apagón y los niños. ¿Cómo abordarlos? || Por: Óscar Misle

Por:

caraotadigital

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Publicado: 14 de marzo, 2019 — 18:06 p.m. (hace más de 2 meses)



Foto: Caraota Digital

Un apagón nacional llenó de sombras  el país. ¿Qué está pasando? Se preguntaba la gente sin poder informarse por la falta de luz y claridad informativa.  La angustia se fue haciendo presente en las familias. Se complicó la situación cuando nos percatamos  que tampoco teníamos agua.

Cuando revisamos la nevera nos dimos cuenta que los pocos alimentos que teníamos se  dañarían en horas. En unas casas se podía cocinar porque tenían cocina a gas; pero  no tenían alimentos. En las alacenas no había reserva,  tocaba salir a comprar lo que se consiguiera o fuese posible con el poco efectivo que teníamos ya que no había puntos punto de venta.

Este toparse de frente con una realidad fue una  bofetada por la  impotencia, frustración, rabia, incertidumbre… Se activaron pensamientos y sentimientos  que generaron una explosión emocional: miedo, rabia, ansiedad, descontrol, estrés

Suspendieron las actividades escolares y a nuestros niños se les condenó a casa por cárcel. No podían salir.  Sus emociones alteradas  por nuestra ansiedad hacían más caótica la situación. Comportamientos hostiles, llantos recurrentes, peleas entre hermanos, preguntas sin respuestas, rabietas por no poder recrearse, no había cable, internet, tv. Eran síntomas de nuestro malestar.  Llegó la noche y con ella oscuridad, el silencio y  el miedo. No querían dormir solos o no lograban conciliar el sueño por el calor y los zancudos que se aprovechan de la ocasión para hacer de las suyas.

¿Qué hacer en  estas condiciones?

Hacer consciente cómo nos sentimos . Las emociones si no las identificamos, reconocemos, nos pueden hacer una mala jugada, Al no controlarlas podemos reaccionar de forma impulsiva, violenta y agredir a los niños y demás seres queridos. Es conveniente desahogarnos con  otro adulto para hacer catarsis; pero identificando  quién está en condiciones emocional de escucharnos.

Hablar con nuestros niños. La comunicación es clave en estos momentos, tanto la verbal como la corporal. Las expresiones de afecto con calidez posibilitan transmitir confianza,  disposición a escuchar, sin juzgar ni comparar, nos permite  ayudarlos a identificar sus emociones y ponerle nombre, “me siento triste”, “tengo  rabia”, “Siento miedo”. Es importante que sepan que es válido sentirse mal en momentos como estos, que expresar los sentimientos ayuda a sentirse más calmado.

Explicarles con palabras sencillas lo sucedido. Es conveniente  decir la verdad, sin dramas,  con palabras sencillas, si no lo hacemos nosotros otros lo harán  y sentirán que les mentimos y perderán la confianza. Hay que  tomar en cuenta la edad y la sensibilidad del niño.

Nuestros niños suelen estar  más informados de lo que nos imaginamos. Cuando nos preguntan algo podemos repreguntar. Por ejemplo: “Mamá ¿Por qué se fue la luz en todo el país?” Le repreguntamos: “¿Por qué piensas tú que se fue?” Posiblemente nos sorprenda su respuesta y podremos explicarles de forma clara y sencilla nuestros argumentos. Recordemos que desde los primeros años se debe comenzar la formación ciudadana, preguntar,  ser escuchados, reclamar, exigir, participar, sentirse  libres son derechos a los que no debemos renunciar

Mantener las rutinas. A pesar de vivir una situación complicada, especialmente los  horarios para la comida, tiempos para los juegos. Para los niños jugar es una necesidad. En los juegos  expresan sentimientos, hacen catarsis, se divierten, se relacionan. En estos momentos adversos son actividades  que debemos promover y es ideal que podamos  jugar con ellos para conocer  como están asimilando lo que estamos viviendo.

Darle vida a la solidaridad . Con ejemplos concretos les podemos mostrar como la solidaridad se hace presente en la familia, centros educativos, comunidades, comercios. Las familias  que  tienen cocinas a gas ponerlas a la disposición para quienes solo tienen eléctricas, intercambiar alimentos, trasladar a quienes no tienen transporte, apoyar económicamente,  acercarnos, para darle  contenido práctico al amor, la empatía, la compasión…

Preservar la esperanza. A pesar del momento difícil hay que plantearle  que las cosas van a mejorar. Por su condición de niños no hay que hacerle sentir  que la situación va  empeorar. Los puede llenar de miedo, angustia, recordemos  que no tienen la madurez ni nuestra experiencia, no se trata de crearles falsas expectativas como por ejemplo mañana vendrá la luz o el agua. Es preferible decir están trabajando para que pronto se solucione el problema.

Rescatar lo que descubrimos en la adversidad. Sin pretender justificar lo que está pasando, esta situación nos muestra lo dependiente  que podemos ser de  las tecnologías, lo lejos  que a veces nos sentimos de quienes están cerca. No nos vemos, no nos escuchamos, preferimos  la pantalla que la conversación intima,  cara a cara, nos sentamos juntos en la mesa pero no intercambiamos, el celular acapara la atención y nos sentimos ignorados, invisibles… En estos días hemos tenido que decidir cómo nos relacionamos sin las redes sociales, sin luz, sin otros sonidos que no sean el de nuestras voces. Hemos tenido  que ver  lo que nos revela la oscuridad y el silencio. Ha sido recurrente escuchar el asombro de poder ver Caracas arropada por un cielo estrellado, que  se ha podido  captar por  la total oscuridad.

Reitero no justificamos y condenamos un apagón impuesto; pero no podemos dejar de reconocer que a veces el apagón también está en nuestro interior a pesar de tener luz afuera, de tanto ver el suelo nos olvidamos que existe el cielo. Quizás ese cielo estrellado nos esté invitando a cultivar nuestra  espiritualidad, no solo la religiosa, sino la  que conecta con lo interno, esencial y  trascendente

Hasta la próxima resonancia

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