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Diego Lombardi: Hacha o bisturí

Por:

noticierodigital

59

Publicado: 7 de septiembre, 2019 — 12:30 p.m. (hace 1 mes)



La comunidad internacional no ha terminado de comprender la magnitud de la tragedia humanitaria en Venezuela, y menos aún del potencial conflicto que puede desencadenar en la región. Con un PIB aún dentro de los estándares de América Latina, sin luchas étnicas ni genocidios, lo que ocurre en el país pudiera parecerles a muchos básicamente un problema de un gobierno corrupto y autoritario que ha llevado a los venezolanos a la ruina económica. Bajo esa lógica, una elección presidencial que lleve a un cambio de actores en el gobierno luce como una salida natural, incluso menos traumática que proceder con una intervención militar extranjera.

En el otro extremo hay una interpretación alternativa del contexto venezolano. Hay quienes afirman que el conflicto en Venezuela pasa por reconocer que se trata de un Estado criminal, el cual sólo saldrá por la fuerza, y dado que ellos mismos tienen el monopolio de las armas la única salida, según esta visión, es con una intervención militar extranjera. En esa línea, se señala que los ciudadanos ya han hecho todo lo que estaba a su alcance, habiendo protestado en varias ocasiones con saldos lamentables de muertes, detenciones, y violaciones de derechos humanos en general. Para quienes defienden esta interpretación la estrategia es convencer a la comunidad internacional que intervenga militarmente.

Los médicos operan según el diagnóstico hecho, y también considerando las herramientas disponibles. Una infección controlable con medicamentos quizás requiera una intervención quirúrgica menor y un tratamiento con medicinas; por otra parte, una infección mayor es probable que requiera amputar. Venezuela ha sido diagnosticada de distintas maneras, para algunos se puede hacer una intervención quirúrgica y con un bisturí sacar los elementos infecciosos, y luego dejar que con el tratamiento adecuado el país se recupere. Por otro lado, hay quienes creen que la enfermedad es profunda y se deben amputar varios miembros, sacar la enfermedad de raíz.

¿Quién tiene la razón? Difícil respuesta porque quizás ambos diagnósticos tengan algo de verdad. El régimen está compuesto por múltiples actores, los que están en el gobierno, las Fuerzas Armadas, bandas delictivas, quienes se han aprovechado de los negocios con el gobierno, mafias regionales, y un sinfín de actores que conviven en un delicado equilibrio de poderes. Unas elecciones, y eventual cambio de gobierno liderado por un jugador externo (outsider ), romperá ese equilibrio, pero sin fuerza suficiente para imponer una dinámica completamente distinta. Ahí, es cuando en principio comenzaría el “tratamiento”, el cual pudiera desembocar en un conflicto de largo plazo.

En el otro lado está reconocer que hay elementos criminales haciendo vida en torno al gobierno, bien con complicidad o simplemente por incapacidad de controlarlos. Hay quienes señalan que incluso miembros del gobierno son parte, o al menos aliados, de esos grupos criminales. De ser así, ¿se justifica una intervención militar en todo un país para atacar a esos criminales? Para responder a esa interrogante se debe considerar que se estaría dejando de lado uno de los elementos que sostiene las relaciones internacionales desde hace al menos dos siglos, la soberanía nacional. Es cierto que se ha avanzado en cuestionar que ésta no debería estar por encima de los Derechos Humanos, pero aún es un tema sensible.

Ante tanta complejidad el ganador es el status quo actual, que va desde quienes están en Miraflores hasta todos los actores que se benefician del hecho que la situación se mantenga. Esta es sin duda una minoría, pero la otra gran mayoría, duramente golpeada, no se ha logrado organizar de manera contundente, no ha logrado cohesionarse, y así representar una fuerza suficiente para contrarrestar al status quo. Esa cohesión probablemente no se logre, lo que ha mostrado la historia es que lo que quizás empiece a aparecer sean pequeños movimientos que en algún momento logren desequilibrar el juego. La pregunta obligada es si esos movimientos surgirán desde el propio régimen, y de qué naturaleza serán.

Twitter: @lombardidiego

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