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La historia del cementerio “de pobres y ahorcados” que se encontró bajo una plaza del centro porteño

Por:

infobae

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Publicado: 6 de noviembre, 2019 — 5:45 a.m. (hace más de 1 semana)

Al fondo de la plaza Roberto Arlt, en Rivadavia y Esmeralda, existe un espacio enrejado. Sólo se destacan 12 jóvenes árboles especialmente plantados que simbolizan a 12 personas que allí fueron enterradas entre 1738 y 1791. Los secretos detrás del hallazgo arqueológico de los restos que fueron localizados hace 20 años

La plaza Roberto Arlt y los 12 árboles que recuerdan a las 12 personas que allí fueron enterradas

Las ejecuciones desde los tiempos en que Buenos Aires era una gobernación se llevaban a cabo en la plaza mayor, hoy Plaza de Mayo. El reo podía ser arcabuceado o morir luego de un cruel tormento con el garrote vil.

La tarea estaba a cargo del verdugo , ocupación que nadie deseaba. Era un trabajo desagradable y mal pago. Descripto como un oficio “vil, odioso e infame”, solía estar a cargo de esclavos, negros o presidiarios, que tenían como premio la reducción de su condena y con el adicional de que podían quedarse con las ropas del muerto.

Por lo general, cuando el condenado moría, se lo colgaba unas horas “a la expectación pública” y luego se depositaba el cuerpo en las puertas del Cabildo. Junto a éste, en un recipiente, los transeúntes arrojaban algunas monedas que servirían para cubrir los gastos del entierro.

La Hermandad de la Caridad

Eran tiempos en que los cementerios no existían. Los muertos de las clases altas eran inhumados en las iglesias y los pobres eran enterrados en terrenos baldíos cercanos a las iglesias, hasta donde se los llevaba arrastrados por animales, como si se tratara de un bulto cualquiera. El Rincón de las Ánimas (donde se levanta la actual sede del Banco Nación frente a Plaza de Mayo) era uno de esos lugares.

La que comenzó a velar por el destino de los huérfanos, desamparados y ejecutados fue la Hermandad de la Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, que había sido fundada por Juan Alonso González en 1727 con el propósito de enterrar a los muertos víctimas de una epidemia de viruela que se había desatado sobre la aldea que era Buenos Aires. Rápidamente, la Hermandad tuvo a su cargo un hospital de mujeres y la famosa Casa de los Niños Expósitos, y la iglesia de San Miguel era su centro de referencia.

Edificio de la Asistencia Pública, demolido en 1960 (Fuente: Instituto de Arte Americano e Invest. Estéticas Mario J. Buschiazzo)

Uno de los lugares que utilizados para los entierros fue un terreno lindero con la iglesia Arcángel San Miguel, ubicada en la esquina de Bartolomé Mitre y Suipacha. Comenzó a construirse en 1731 y, además del cementerio para pobres y ajusticiados, la Hermandad levantó un hospital y un colegio para huérfanos.

La Asistencia Pública

En 1822, Bernardino Rivadavia , poderoso ministro de Gobierno de Manuel Rodríguez, dispuso el cierre de la Hermandad. Así, pasaron al Estado el Hospital de Mujeres, la Casa de Niños Expósitos –antecesora de la Casa Cuna- y la Casa de Huérfanas.

Ubicación del terreno donde estaba ubicado el cementerio.

Los años pasaron, y ese cementerio, que hacía tiempo que no recibía muertos, pasó al olvido. Sobre la calle Esmeralda, se levantó en 1897 el edificio de la Asistencia Pública, en el que atendían seis médicos y una veintena de practicantes. Y casi en la esquina de Esmeralda y Rivadavia, en un departamento en el número 22, Lisandro de la Torre se pegaría un tiro el 5 de enero de 1939.

En 1960 esos edificios se demolieron y en 1971 se inauguró la plaza, que se bautizaría con el nombre del genial escritor Roberto Arlt , que había nacido muy cerca de ahí, en una casa de calle Bartolomé Mitre. Actualmente, ese espacio verde es el primer parque de la ciudad dedicado a la diversidad sexual.

200 años después

En septiembre de 1999, el Centro de Arqueología Urbana , dependiente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, realizó excavaciones en el terreno en el que 200 años atrás se llevaban a cabo las inhumaciones.

Hace 20 años se hallaron los restos del cementerio que estaba debajo de la Plaza Roberto Arlt

Luego de un paciente trabajo de un equipo liderado por el arquitecto Daniel Schavelzon , se hallaron 810 piezas arqueológicas, entre huesos y dientes. Los restos, que estaban en un mal estado de conservación debido a la acidez del suelo, se encontraron concentrados en un perímetro reducido que los arqueólogos identificaron con una fosa común.

Se calcula que los restos descubiertos pertenecen a 12 individuos, tres de ellos mujeres , una de las cuales mostraba claras marcas de un parto reciente o de un embarazo avanzado. Entre los huesos analizados, había una tibia perforada, producto de la acción del cepo, un instrumento de tortura que servía para inmovilizar de pies y manos de la víctima.

Quedará en el misterio la historia del esqueleto casi completo que aún tenía enlazado un collar de cuentas de vidrio pintadas. Del otro cuerpo sólo fueron encontrados los dos miembros inferiores y la pelvis completa.

A pocos metros se halló una bóveda de desagüe hecha con ladrillos y con el piso de tierra para absorber los desechos cloacales, que dataría de 1850. Esa bóveda, de unos 5 metros de profundidad, fue enrejada y todavía se conserva. Asimismo, se hallaron pozos de basura de fines del siglo XVIII y principios del XIX.

Detalle de la cámara subterránea, usada para desagües. Allí se encontraron valiosos vestigios de los siglos XVIII y XIX.

“Recuerdo que de chico me llevaban a vacunar ahí; eran ambientes grandes, altos y oscuros” -remarca Schavelzon a Infobae, sobre el lugar donde funcionó tanto el Hospital de Mujeres y luego la Asistencia Pública - en las excavaciones se encontraron restos de vajilla con las que les daba de comer a los internados, utensillos médicos y hasta pedazos de carruajes y herraduras, presumiblemente pertenecientes a los carros que se usaban para el traslado de enfermos.

El barrio cambió, los edificios de oficinas dominan una geografía en la que la iglesia de San Miguel resiste estoica y es fiel testimonio de que, hasta hace no mucho tiempo, ahí también se escribió la historia .

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