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La hora de la política … y la geopolítica, por Julio Castillo

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Publicado: 28 de enero, 2019 — 16:49 p.m. (hace más de 3 semanas)

EN TODOS LO GRADES CAMBIOS DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD , las sociedades han transitado un periodo de dualidad de poderes. Así ocurrió en la Rusia Zarista con los Soviets y en la Francia de Luis XVI con los Estados Generales. En efecto, una de las características de las transiciones es que aún no ha nacido todo lo nuevo y no ha muerto todo lo viejo. En estos periodos, la acción política se convierte en la clave de los desenlaces. En ambos casos llego un día definitivo, la Toma del Palacio de Invierno y la Toma de la Bastilla. No obstante, para que esos días llegaran, hubo que hacer mucha política.

Hoy Venezuela está transitando un periodo de dualidad de poder. Por una parte, esta Juan Guaido, presidente encargado de Venezuela y por la otra, Nicolás Maduro, usurpando el cargo y sentado sobre las bayonetas de la cúpula de la FAN.

El objetivo central de las fuerzas democráticas es llegar a un gobierno de transición, una vez que culmine la usurpación, y organizar unas elecciones libres que enrumben definitivamente al país. Estos tres objetivos deben trabajarse con tesón, armando rompecabezas, conciliando posturas, puntos de vista (¿por qué no decirlo?, también intereses) Esta tarea hay que hacerla dentro y fuera del país. ¿Por qué?  Porque Chávez y Maduro convirtieron a Venezuela en un “issue” de la política internacional gracias a su sumisión al esquema de intereses del castrismo; por sus alianzas con grupos terroristas y porque, la crisis humanitaria que la diáspora ha generado, se ha convertido en un problema de seguridad nacional para nuestros vecinos y para toda la América Latina.

No hemos llegado a este punto por generación espontanea. Lo de hoy es el resultado de la inmensa victoria electoral del 2015; de las maravillosas movilizaciones del 2016; del referéndum del 16J, pero también de la postración de los últimos meses del año pasado en los que nos sumimos en la frustración y la desunión. Todo demuestra que la historia no tiene un desarrollo lineal, sino desigual, combinado y contradictorio. Que no siempre fluye por avenidas de cuatro canales, sino que a veces lo hace por meandros tortuosos y escarpados.

Es obvio que el inmenso malestar social y la menguada fuerza política y social del régimen han sido bazas a nuestro favor y el sustrato en el que hoy navega con viento a favor el barco de la democracia, pero detrás del escenario esta una conducción política que va construyendo una agenda.

Esta conducción tampoco es homogénea. En ella conviven distintas maneras de ver las cosas, es plural y cada fuerza tiene sus propias interpretaciones de los acontecimientos y las tareas planteadas. No obstante, ha privado hasta ahora el interés general de salir de la dictadura, lo cual es necesario poner en evidencia. Como dijimos en un artículo anterior, no es necesario estar juntos, lo que tenemos es que actuar juntos. Hacer caso a Benjamín Franklin quien no recuerda desde el pasado, “o actuamos juntos, o nos cuelgan por separado…” Y esto es lo que estamos haciendo.

Uno de los asuntos esenciales a determinar en la actual situación es la determinación del poder real. No cabe dudas de que la columna vertebral de ese poder real es el de la Fuerza Armada Nacional. Tampoco hay dudas de que, al menos aparentemente, la cúpula de esa Fuerza ha flanqueado a Maduro. ¿De allí para abajo es la misma cosa? Es muy probable que no lo sepamos (y conviene que así sea) hasta que se produzca algún cambio en el equilibrio de estabilidad de esa cadena de mando. La sabiduría popular concentrada en el Presidente Luis Herrera Campins, retrato la respuesta a esa interrogante en esta frase fulminante “Los militares son leales hasta que dejan de serlo”

¿Que nos queda a los demócratas frente a esta situación? Pues hacer lo que estamos haciendo, propagandear la ley de Amnistía en donde se refleja que habrá la debida consideración para todos aquellos que ayuden a restaurar la democracia en el país y además ir al encuentro de la familia militar que sufre las mismas carencias y desgracias que el resto de los venezolanos y animarles a que nos acompañen en esta justa misión. Me permito, en este punto, una breve digresión personal con la siguiente anécdota: En las elecciones municipales en las que fui elegido alcalde me tocó presenciar como la inmensa mayoría de los efectivos militares del Fuerte Paramacay, que esta en Naguanagua, eran llevados a votar en el Liceo Simón Bolívar que está a pocos pasos del cuartel. Allí nuca perdimos las elecciones y les puedo asegurar que los votos en contra siempre fueron menores al número de soldados que contábamos que llevaban a votar. Fin de la cita.

Quienes hacemos votos por el desenlace pacifico de esta situación de dualidad de poder se resuelva en favor de la democracia tenemos una sola obligación: Acompañar en la calle el esfuerzo de Juan Guaido, nuestro Presidente Interino, reforzar las iniciativas políticas que dentro y fuera del país se desarrollan con tino y eficiencia y apostar que esta es la hora de la política y la geopolítica y no tratar de ser más papistas que el Papa entorpeciendo a los cirujanos en plena operación.

Para terminar, dos citas populares de nuestros dos más populares pasatiempos: “no me hable en el tiro” en las Bolas Criollas y “los mirones son de palo en el domino”

Ya tendremos tiempo de dirimir diferencias y echarnos los cuentos después de la pesadilla.

@juliocasagar

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