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El regalo de Navidad que terminó con un atraco en una cueva

Por:

lapatilla

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Publicado: 4 de diciembre, 2019 — 15:18 p.m. (hace más de 1 mes)

Lapatilla



El desierto de Zabriskie, ubicado en Mondoñedo, es atractivo por las formaciones rocosas de apariencia arenosa.

Era un día perfecto. Había sol y Sofía estaba feliz de darles a sus nietos un regalo diferente. Aburrida de los juguetes tradicionales, la emocionaba dejarles una aventura para no olvidar.

Por El Tiempo

El lugar escogido fue el desierto de Mondoñedo o de Zabriskie, vía Bogotá-Mosquera-La Mesa, escenario de múltiples deportes extremos y ruta predilecta de ciclistas. Es un sitio perfecto para retratarse porque tiene muchas similitudes con el desierto de Arizona, donde se filmó la película Zabriskie Point en la década de los 70.

Es un lugar árido con una belleza particular. Las rocas inmensas que parecen hervir le dan un ambiente místico de tonos naranjas y terracotas que contrasta con el verde de los alrededores. Todo esto llamó la atención de la abuela, deseosa de hacer feliz a sus niños.

Ese día, el 1.º de diciembre de 2019, Jeison León, el guía de la empresa de ecoturismo y turismo de aventura, los estaba esperando a las 8 de la mañana. Tiene 35 años y es un apasionado desde hace más de una década de la belleza de la geografía colombiana. Junto con unos amigos montó un emprendimiento para dar a conocer el país a través de planes diferentes.

Él y un compañero quedaron a cargo de un grupo de 10 personas, entre los que había ocho niños y dos adultos. “Éramos entonces 12. Lo primero que hicimos fue explicarles cómo era el desierto, la diversidad del lugar, qué tipo de plantas había”, dijo.

Pronto llegaron a las formaciones de apariencia arenosa. Y, justo en ese momento, se percataron de la presencia de un grupo de cuatro personas. “Me pareció normal. Yo estaba feliz porque los niños jugaban en la arena y con las cuerdas”, contó Jeison.

Ya había trascurrido una hora cuando el grupo familiar vio que a lo lejos había otro grupo adicional, esta vez de unos nueve ciclistas, ocho adultos y un menor de edad, que recorrían el lugar. “Recuerdo que seguí de largo y me fui a mostrarles a los niños los pictogramas y el arte indígena”.

Mientras el guía colgaba unas cuerdas para hacer escalada notó que entre su grupo y el de los ciclistas estaban los hombres que había visto al comienzo del recorrido.

Sin desconfianza alguna comenzaron a escalar las rocas mientras los ciclistas les preguntaban a los guías cómo podían realizar el mismo plan.

Luego llegó la hora del almuerzo. “Entonces me fui con mi grupo a comer. Pero cuando ellos y nosotros estábamos cerca nos vimos por primera vez rodeados de una banda de cuatro hombres y dos mujeres armados con revólveres”, contó el guía.

Solo dos de ellos dejaron ver sus rostros, el resto trataban de ocultarse con pañoletas. Un criminal le apuntó con un arma a uno de los ciclistas. “Pensamos que estaban jugando hasta que comenzaron a disparar”. En ese momento, el paseo se convirtió en pesadilla.

Dos jóvenes mujeres ciclistas intentaron huir, pero fueron atrapadas por la banda y traídas de vuelta prácticamente arrastradas y golpeadas de la manera más vil. Les dieron patadas, las amenazaron con matarlas y, como si fuera poco, uno de los miembros de la banda las azotó con una correa de cuero. “Una de las mujeres atracadoras obligaron a una de ellas a desvestirse delante de todos”, contó otro de los testigos.

Para leer el resto de la historia ir a El Tiempo

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