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Oscar Schémel: La necesaria construcción de hegemonía

Por:

globovision

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Publicado: 20 de noviembre, 2019 — 20:45 p.m. (hace más de 3 semanas)



“La historia es nuestra y la hacen los pueblos” , afirmó el presidente chileno Salvador Allende antes de inmolarse cuando el brutal Golpe de Estado en su contra hace 46 años, como si se anticipara a los acontecimientos de este miércoles en Chile y en toda América Latina.

Los hechos avanzan de manera vertiginosa hacia un rumbo todavía incierto.

Lo que resulta muy cierto es que las movilizaciones de los ciudadanos y las profundas sacudidas sociales están definitivamente desafiando y acusando al modelo neoliberal, por los crecientes niveles de desigualdad, exclusión, perdida del sentido de futuro y la desesperanza.

La concentración indignante de la riqueza y el dominio absoluto sobre el destino de la humanidad que ejercen los grandes capitales, con más poder que las mayorías, los Estados y las naciones, ha sido el principal detonante de las protestas.

La promesa de crecimiento económico , cuyos beneficios se derramarían sobre toda la sociedad, que nos vendió el neoliberalismo, ha terminado en más pobreza y destrucción ambiental, frustración colectiva, perdida de la soberanía y decadencia de la democracia.

La desregulación de los mercados, la restricción de la inversión social, la reducción del Estado, el debilitamiento de la Política y de las instituciones, alimentaron el caos, poniendo en riesgo, no un modelo, sino a nuestra propia existencia.



Frente a la desideologización que pretendió el neoliberalismo, hoy los pueblos rescatan los verdaderos valores y emerge una nueva cultura, con sus renovadas ideas, gramáticas, símbolos y marcos de interpretación.

Ante la debilidad de las instituciones , los movimientos sociales se hacen presentes, vigorosos y desafiantes, exigiendo no sólo reivindicaciones sino cambios profundos en la economía y en la cultura.

Y frente a la desesperanza, la participación colectiva, la conquista de los derechos y la certeza de un futuro mejor, forjan los nuevos vientos de la dignificación.

Para las fuerzas sociales progresistas y revolucionarias de América Latina, es tiempo de balances, aprender de la experiencia y repensar el proceso de cambios. Comprender que las necesarias reformas políticas y sociales profundizan el conflicto político y social, acentúan la batalla cultural y simbólica.

Los acontecimientos recientes enseñan que las oligarquías del continente no están dispuestas a ceder en sus privilegios y no aceptan ni siquiera una dirección policlasista de la sociedad . Apelan ya no solo a golpes militares y la represión, sino también y principalmente a golpes mediáticos, políticos, económicos y financieros, judiciales y parlamentarios.



Por ello, hay que revisar la vía pacífica, electoral y democrática, de los proyectos alternativos, no para cancelarla por supuesto, sino para renovarla y consolidarla, en el contexto de un examen de los procesos hegemónicos, las alianzas y los consensos.

Hay que entender que no basta con reducir la pobreza. Las conquistas sociales tienen que llegar acompañadas de valores, ideas, organización y movilización social.

Es clave escuchar a los movimientos sociales y aprender de su nuevo protagonismo y de la emergente identidad nacional-popular.

Hay que producir nuevas teorías y propuestas, diagnosticar acertadamente el momento histórico. La agitación y la resistencia no deben sustituir la impostergable construcción de hegemonía.

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