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#OPINIÓN Las voces de Penélope: La memoria que tenemos #18Oct

Por:

elimpulso

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Publicado: 18 de octubre, 2019 — 14:31 p.m. (hace 1 mes)

![](data:image/svg+xml,%3Csvg%20xmlns='http://www.w3.org/2000/svg'%20viewBox='0%200%20696%20467'%3E%3C/svg%3E "Viernes_181019_Marisela_Gonzalo-01")

Lo que pudo haber sido un apoyo irrefutable para la propuesta de cambio de nombre a la parroquia Juan de Villegas del municipio Iribarren, por el de Ana Soto, sirvió para demostrar la notable pérdida de influencia de un partido -el PSUV- cuyas siglas ratifican desde  su fundación, la visión política ideologizada inherente a la naturaleza de su visión unívoca de la historia, propuesta por el marxismo-leninismo. Basta con una ojeadita a la historia moderna, para constatar que todos los partidos únicos son hijos de los totalitarismos.

Ni es socialismo puesto que hay formas del socialismo que no tienen nada que ver con Corea del Norte, Cuba ni China y se han desarrollado con la participación y desarrollo democrático, valga decir, el llamado socialismo de los países nórdicos tales como Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia, como ejemplos exitosos de economías socialistas. Tampoco es unido, ni único, ni representa a los venezolanos, puesto que por su naturaleza, posee un carácter marcadamente ideológico que arropa a los que están dentro y excluye  a la mayoría de  venezolanos  que no son militantes del mismo. Los excluye incluso de sus derechos establecidos en la Constitución venezolana, basados en la igualdad de todos frente a la ley.

Tampoco es mayoritario ni siquiera en relación a sus propios parámetros. Sólo participó según la prensa, el 21% de sus inscritos, lo cual indica que el 79% de los ausentes,  no estuvo de acuerdo o no le interesa la razón de la votación. Según las informaciones de prensa, se dio prórroga hasta las 7.30 pm, lo cual en todo caso sirve para evidenciar los cambios producidos en una parroquia que en el pasado tuviera grandes esperanzas y militancia chavista y que hoy se ha convertido en bastión de  la protesta vecinal, cuya razón no es política, sino el ejercicio ciudadano de reclamo organizado de sus derechos constitucionales, como salud, vivienda, educación y todos los servicios públicos.

De la discusión sobre la validez de cambiarle el nombre, han participado personas muy valiosas. Yo sólo diré de paso, que no sólo Santa Ana llevó tal nombre, sino algunas reinas cuya decisión sobre la vida y la muerte de sus gobernados, se tomaba con un trago de agua. Y que Soto proviene de “bosque ribereño o vega”, así como Juan tiene un peso religioso y Villegas, viene de Villa tomado por la costumbre de apellidar en España a la gente de un lugar por lo general, con el recurso natural que más abundaba.

No me referiré al peso simbólico que toman los nombres de personajes importantes, sino acaso al efecto que el tiempo histórico transcurrido, produce en los cambios de mentalidades e imaginarios. En la situación aludida, podríamos añadir, pertenece a la tradición de bautizar por parte de los conquistadores a las ciudades de este continente, con el nombre de las que habían dejado atrás, en su propia historia personal. Asunto muy familiar por evidente en el nombre de “Nueva Segovia de Barquisimeto”, Valencia, Mérida…

La dichosa votación, solo tiene sentido si la colocamos bajo la lupa de su lectura política, que pareciera decir a gritos la urgencia que tiene el partido gubernamental de poner a la población a mirar para otro lado y a discutir un asunto sobre el cual los historiadores, como es el caso del Dr. Reinaldo Rojas y los documentos recopilados por cronistas sesudos como lo fuera el difunto Ramón Querales, han venido investigando y dando cuenta en sus libros y documentos publicados desde hace bastantes años.

La lupa nos mostraría que mientras el PSUV pone en práctica la vía electoral,  como la opción que les permitiría  recorrer el camino de la transición que fuera acordada con el sector de cierta “oposición”, que no considera incluir en las condiciones para la transición, la responsabilidad del régimen en los crímenes de lesa humanidad,  el fraude electoral del 20 de mayo del 2018, la corrupción generalizada y la dolorosa situación de la reconocida internacionalmente, Emergencia Humanitaria Compleja, que ha conducido a millones de venezolanos a cruzar fronteras, sin ninguna seguridad, padecer ataques xenófobos, pasar hambre y numerosas dificultades, verse obligados a separarse  los padres de los hijos, los abuelos de los nietos y los  hermanos  y primos entre sí. Emigración de valiosos profesionales que no siempre tienen la oportunidad de ganarse la vida con sus saberes y han de ejercer oficios mal renumerados.

Dicho de otro modo:  el objetivo es participar en las elecciones, evadir la justicia y quedar impunes al sacar de la mesa de los posibles acuerdos para la transición, su responsabilidad en lo señalado anteriormente.

La introducción del cambio de nombre a la parroquia como elemento táctico que genere controversia les garantiza varias cosas: 1. Intentar rescatar la militancia perdida en un municipio tradicionalmente conocido por su capacidad de lucha. 2 .Censar a los vecinos para determinar y controlar de antemano, su intención electoral. 3. Fragmentar a toda la vecindad, anulando su acción opositora comunitaria, mientras excluye, mediante la selección privilegiada de los vecinos que les apoyaron en la propuesta del nombre nuevo para recibir con los militantes, las cajas y beneficios. 5. Neutralizar a los indecisos con el chantaje alimenticio y la negación de los servicios.

La memoria es fundamental a toda sociedad para poder comprenderse a sí misma. No puede ser selectiva ni impuesta sino a lo sumo parte del hecho de estar vivos. Saramago, quien nos advirtió sobre los riesgos de olvidar, decía que: “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”.

Marisela Gonzalo Febres

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