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Alex Schwazer, un positivo de novela de espionaje

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elpais

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Publicado: 19 de noviembre, 2019 — 23:30 p.m. (hace más de 3 semanas)

El campeón olímpico italiano lucha por demostrar su inocencia en un caso de dopaje en el que el juez ve indicios de manipulación de pruebas

Alex Schwazer, el 22 de junio de 2016, en la rueda de prensa para explicar su positivo. Pier Marco Tacca GETTY

El marchador italiano Alex Schwazer ganó el oro en los Juegos de Pekín de 2008 en los 50 kilómetros marcha. No defendió título en Londres 2012 porque dio positivo por EPO poco antes de la cita olímpica. Fue sancionado durante cuatro años. Decidió volver antes de los Juegos de Río 2016 y se puso en manos de Sandro Donati, el paladín de la lucha antidopaje italiana, que en los años 80 fue apartado de la Federación por negarse a dopar a sus atletas. “Quiero demostrar que voy fuerte sin ayuda. No quería terminar siendo un dopado”, declaró el marchador italiano a este periódico en mayo de 2016. El 22 de junio de ese año volvió a dar positivo (testosterona). Fue sancionado con ocho años. Su técnico siempre sostuvo que las muestras habían sido manipuladas para que Schwazer diera positivo. Lleva tres años luchando para demostrarlo y empieza a ver algo de luz al final del túnel: hay emails entre altos mandos de la Federación Internacional de Atletismo IAAF], el abogado de la misma y el laboratorio de Colonia que hablan de complot. La orden de realizar el control antidopaje incriminado fue dada el día que Schwazer testificó contra dos médicos (uno de ellos de la IAAF) por colaborar en la suministración de EPO. Su declaración contribuyó a la condena en primer grado de ambos.

La hipótesis con la que trabaja Walter Pelino, el juez de instrucción preliminar del Tribunal de Bolzano que lleva el juicio penal, es la de que las muestras pudieron ser manipuladas. Así lo recoge en el auto en el que también refleja “vicios en la cadena de custodia”. Ha pedido un estudio pericial más [con análisis de 50 atletas de alto nivel] para “explicar la anómala concentración de ADN en las muestras de Schwazer” que ya certificaron los dos primeros, descartar que se deba a un “esfuerzo elevado” y despejar cualquier tipo de sombra. Esa concentración es “demasiado elevada para ser fisiológica” considera el juez en el auto apoyándose en la investigación del perito.

Según el estudio pericial, el ADN debería bajar y no subir; por el paso del tiempo y por el “estrés térmico” debido a la congelación y descongelación de las muestras. En el caso de Schwazer hay una “subida muy elevada” y una “sensible divergencia (más de 3/1)” entre la muestra B y la A. Lo que tiene entre manos bastaría, según escribe el juez, para “afirmar, desde ya, la existencia de dudas razonables sobre la culpabilidad del investigado y archivar el juicio a su cargo”.

La ordenanza, de 35 páginas, tiene todos los elementos de una novela de espionaje (emails que hablan de complot, violación de la cadena de custodia de las muestras, frascos no sellados…) y, de confirmarse los indicios a través de los estudios encargados, puede acabar con la credibilidad del sistema. “Lo que está en juego es mucho más que la responsabilidad penal y el honor del investigado, es la credibilidad de todo el sistema de controles antidopaje”, escribe el juez en sus conclusiones.

Schwazer, que hoy tiene 34 años, se ha casado y ha sido padre, dio positivo por testosterona en un control del 1 de enero de 2016. El laboratorio de Colonia analizó las muestras y las consideró negativas. Así lo registró también en el sistema ADAMS (el entorno WEB de los deportistas en el que, entre otras cosas, informan sobre su localización y conocen sus resultados de control de dopaje). No consideraron sospechoso el valor de 3,46 de epitestosterona (testosterona externa, es decir, no producida por el organismo) que encontraron. La relación normal entre testosterona y epitestosterona es de 1-1 y las normas permiten hasta un 1-4. “Era una cantidad tan mínima que la atribuyeron al consumo de alcohol [día siguiente a la nochevieja] ya que el alcohol libera una cantidad mayor de testosterona”, explicaba Donati.

La IAAF, sin embargo, sí consideró sospechoso ese valor y pidió analizar las muestras con un examen más caro (el IRMS) que permite testar y detectar la testosterona sintética. La que, finalmente, se encontró en la orina Schwazer y certificó su positivo. El [entrenador
siempre se preguntó por qué la federación internacional pidió analizar una muestra que dio negativo y por qué tardó más de un mes (desde 13 de mayo al 20 de junio) en comunicar el positivo al atleta (algo que se suele hacer a los pocos días).

Dos años para conseguir las muestras

La prueba de ADN fue requerida por la defensa, aceptada por el fiscal y solicitada por el juez Pelino que, en el auto, cuenta como tardó dos años en conseguir que el laboratorio de Colonia entregara las muestras A y B a los dos peritos nombrados por él. Tuvo que pedir dos veces una rogatoria internacional. La WADA y la IAAF no querían que los frascos de Schwazer, que finalmente evidenciaron una concentración de ADN “anómala”, salieran de ese laboratorio. En el intercambio de emails recogido en el escrito del juez, el abogado de la IAAF en Lausana (Ross Wenzel) y el jefe antidopaje de la IAAF (Thomas Capdevielle) hablan de complot contra AS las presuntas iniciales de Alex Schwazer] y presionan al director del laboratorio de Colonia para que las muestras no salgan de ahí.

Schwazer en la Copa del Mundo de mayo de 2016 en la que consiguió el pase para los Juegos de Rio. Tullio M. Puglia GETTY

Se ordenó la entrega el 12 de noviembre de 2016 y fueron entregadas el 7 de febrero de 2018. “Los frascos [que normalmente se identifican con un código numérico] llevaban el nombre del pueblo de Schwazer [Racines, 4.000 habitantes], por lo que el anonimato no estaba garantizado […] La cadena de custodia se ha demostrado inconsistente: Hans Geyer, director del laboratorio de Colonia, pretendió entregar a los peritos una muestra, que aseguraba ser la B, sin sellar; la A tampoco estaba sellada; la cantidad que había dentro no se correspondía a la declarada previamente…”, escribe el juez.

“En tal contexto había posibilidad de manipular los frascos en cualquier fase: transporte, custodia, análisis”, añade. “Hay evidentes e importantes lagunas en la cadena de custodia como para formular hipótesis sobre manipulación. Las muestras no eran anónimas, varias personas tenían acceso a ellas en Stuggart [donde llegaron el 1 de enero, día festivo] y en Colonia donde fueron depositadas. En el laboratorio de Colonia, cada vez que se utilizaban para los análisis, no se indicaba la cantidad que quedaba en el frasco. En una situación así, una eventual e hipotética manipulación, tal como para explicar la anomalía evidenciada en el estudio pericial, no sólo era posible sino fácil de llevar a cabo: habría bastado añadir orina con rastros de testosterona exógena en la orina de Schwazer y luego concentrar la misma recalentándola”, sostiene el juez Pelino en el auto.

Otra atleta de Donati víctima de una manipulación

¿El móvil? Según el juez hay uno “plausible” aunque “todavía por verificar”. La petición del control antidopaje para el 1 de enero de 2016, escribe el juez, fue ordenada el 16 de diciembre de 2015, día en el que “Alex Schwazer testificó en un juicio penal contra los médicos de la IAAF (Giuseppe Fischetto) y de la Federación italiana de atletismo (Pierluigi Fiorella) por su activa colaboración en la suministración de EPO antes de los Juegos de Londres”. “Su declaración contribuyó a la condena en primer grado de ambos”, se lee en el auto.

No es la primera vez que un atleta de Sandro Donati es víctima de una manipulación de muestras. Hace 22 años la muestra de orina de Annamaria Di Terlizzi) fue manipulada con cafeína para que diera positivo. El entrenador fue colaborador de la WADA (Agencia Mundial Antidopaje) durante 12 años y [ayudó a destapar la base de datos encontrada en el ordenador de un médico italiano de la IAAF
con centenares de perfiles hemáticos anómalos de atletas de todo el mundo, sobre todo rusos. En marzo de 2016 la WADA le envió una carta para prescindir de sus servicios.

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