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Opinión

Antonio José Monagas: “Habemus praeses”

Por:

noticierodigital

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Publicado: 12 de enero, 2019 — 14:53 p.m. (hace más de 2 meses)



Un sabio aforismo reza que “mientras más oscura la noche, más cerca está el amanecer”. Tal es la pertinencia de tan rotunda frase, que bien cabe como referencia para explicar un tanto lo que, desde el pasado 5 de enero, está viéndose en Venezuela, de cara a las coyunturas que, por estos momentos, comienzan a bosquejar un panorama de promisores condiciones políticas, particularmente.

Los oprobios y calumnias, engaños y vergüenzas, insultos y groserías que el régimen ha descargado sobre ese otro país de actitud democrática, proferidas durante los últimos veinte largos años que dieron forma a la noche más fría y larga de toda la historia política contemporánea venezolana, no podrían olvidarse. Ni por la acción de algún inconsecuente o apresurado hecho capaz de conmutar las penas cometidas por los esbirros y altos funcionarios del régimen. Ni mucho menos, por influencia de algún poder extramuros que pueda condolerse de la miseria humana expuesta por cualquiera de tantos funcionarios que actuaron siempre de mala fe, con alevosía y cruda premeditación.

Así estos hechos tomaron forma de saqueos, atropellos, injusticias, sustracciones, humillaciones, muertes físicas y políticas, abusos de poder, injurias, agravios, ilegalidades y ultrajes. Fueron adquiriendo los más variados estilos de degradar la dignidad del venezolano que pensara distinto del ideario procaz y estrafalario del régimen socialista.

Faltaba que el alto gobierno se atreviera a formalizar el espectáculo que dejó en ridículo a quienes se sumaron a tan burdo acontecimiento del jueves 10 de Enero pasado, con la idea de formalizar la reinvestidura del presidente de la República, para que la legítima Asamblea Nacional electa el 5-D de 2015, abriera “fuego” con sus poderosas baterías de largo alcance sobre el mismo terreno que pretendieron mutar al convertirlo en un grandilocuente espacio que les permitiera violar una y otra vez, el ordenamiento jurídico constitucional. Y así, la AN procedió.

Apegándose a los artículos constitucionales 3, 7 y 333, eiusdem, como razón jurídica para acometer lo invocado por el artículo 233, el cual dictamina la facultad que tiene el presidente de la Asamblea Nacional para asumir la jefatura del Estado venezolano y las atribuciones de Comandante en jefe de la Fuerza Amada Nacional, la situación política venezolana adquiere otra condición de distinta, esperada y necesaria factura. De esta manera, ha de garantizarse una salida inexorable e inminente del atasco en que se ha mantenido el país por espacio de 20 años. Igual, a 7.200 días. O su equivalente 240 meses. Igual, a 172.800 horas.

Y aunque el tiempo no revierte lo que dejó de hacerse, indistintamente de la causa que incitó a dejar los surcos abiertos, el precio a pagar por tanto tiempo derrochado por las desventuras de un régimen indolente y despiadado, pudiera compensarse con lo que las realidades actuales serían capaces de ajustar. Por supuesto de contar con el manifiesto y consensuado apoyo del país político, empresarial, académico, profesional, laboral, gremial, sindical, cultural, artístico. Por supuesto del país militar. Si alguna de estas variables resulta incompatible con la resolución de esta ecuación, se vería complicado el proceso de despejar la incógnita.

Sin embargo, la nueva fase política que pudiera adquirir fuerza y sentido, dirección y magnitud, es enteramente factible de alcanzarse. Pero siempre contando con una sociedad concienciada del papel que en lo sucesivo debe adoptarse. Sobre todo, cuando luego de superar los desmanes que, con seguridad continuará propinando un régimen sordo y ciego, conducido de modo infortunado por una autoridad írrita, el país podrá encaminarse a lo que el destino político-histórico, bien le depare.

Mucho sacrificio se ha hecho para no dejar que la ignominia, desde las alturas de un poder secuestrado, haga de las suyas. Por los momentos se ha alcanzado un objetivo de estratégico posicionamiento. Hoy, después de tantas luchas, caídas y bandazos, Venezuela tiene un presidente, aunque interino, que sabrá ordenar la transición entre una tiranía y un merecido y debido desarrollo económico y social. Ahora deberá vociferarse orgullosamente y apostando a todo lo que implica el inicio de una nueva institucionalización del sistema político venezolano, ¡tenemos presidente!. O en la lengua madre, el latín: “habemus praeses”.

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