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Lo que pensaba Alí Primera sobre los militares venezolanos

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lapatilla

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Publicado: 6 de noviembre, 2019 — 10:30 a.m. (hace más de 1 semana)

Lapatilla



Es irónico que muchos militares, comandantes, incluso integrantes del Alto Mando Militar venezolano, entre ellos el ministro Vladimir Padrino López y el almirante Remigio Ceballos Ichaso, así como gran cantidad de generales y almirantes, que se consideran “revolucionarios”, antiimperialistas y “profundamente chavistas”, hablen de Alí Primera desconociendo la animadversión de éste por los militares.

Por Sebastiana Barráez / infobae.com

Hace unos días, el 31 de octubre, al cumplirse 78 años del nacimiento de Ely Rafael Primera Rossel, mejor conocido como Alí Primera, todas las cuentas de oficiales y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana publicaron mensajes a propósito de esa fecha, con evidente desconocimiento del desprecio que el destacado cantautor sentía por los militares.

El Comando Estratégico Operacional publicó: “A 78 años del natalicio del cantor del Pueblo venezolano, nuestro Alí Primera. La Patria lo recuerda como un gran exponente musical, quien a través de sus letras buscó reivindicar los derechos de los venezolanos, siendo reconocido como voz de un Pueblo oprimido ¡Viva Alí!”.



El Jefe del Estado Mayor de la Comandancia en Jefe, GJ Jesús Suárez Chourio, dijo: “Venezuela evoca y rinde honor al Cantor de la Patria, Alí Primera al cumplirse 78 años de su natalicio. Tus versos profundos se convirtieron en bastión de lucha y conciencia de los Pueblos. ¡Qué viva Alí!”.

El G/B (Ej) Félix Rojas Martínez?, Comisionado Especial de Logicasa: “Nuestra amada Venezuela vio nacer el 31 Oct 1941 al gran ¡Cantor del pueblo! Alí Primera, insigne compositor Revolucionario ¡La Patria es del hombre! Legado rebelde que llevamos en alto, para defender a nuestra ¡Gente de tú Tierra! ¡Alí vive! En cada letra antiimperialista”.



Prensa de la Fuerza Armada: “A 78 años del natalicio de «El Cantor del Pueblo Venezolano» Alí Primera, seguimos con orgullo su ejemplo de lucha, entrega y valor, convirtiéndose en la voz de los desamparados, símbolo de nuestra revolución y sinónimo de justicia, igualdad y amor por la Patria”.

El mayor retirado Francisco Ameliach, ex gobernador de Carabobo y constituyentista: “Ayer reunido con Vladimir Padrino Ministro de defensa, Ceballos Ichaso Comandante Estratégico y Carlos Leal comandante de la Milicia Nacional hablamos de historia, realidad y compromiso con la patria, con Bolívar, con Chávez y con Nicolás Maduro, en sintonía con Alí Primera”.

Con su potente voz

Sin duda que uno de los cantautores de música social o de protesta, como se les dio en llamar en las décadas de los 60 y 70, más destacados de la América Latina, sin duda que fue el venezolano Alí Primera. Él, junto a otras voces del continente como los argentinos Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui, los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, los chilenos Violeta Parra y Víctor Jara, los uruguayos Alfredo Zitarosa y Aníbal Sampayo, incluyeron en sus canciones los temas relacionados a la diferencia de clases, a la pobreza, a las conquistas sociales, a la necesidad de volcarse hacia los indígenas, entre otros temas. Tenían como coincidencia su inclinación hacia las ideas izquierdistas.

Cuando Alí Primera, quien nació en Coro del estado Falcón, perdió a su padre Antonio Primera a los tres años, su mamá Carmen Adela Rossell, se fue con sus tres hijos por diferentes pueblos de la península de Paraguaná, hasta que llegan al hoy sector Alí Primera en el municipio Los Taques, a unos metros de la refinería de Amuy, del centro Refinador Paraguaná. Fueron una familia muy pobre y por ello Alí trabajó desde chico, incluso como limpiabotas y boxeador.

Cuando tenía 19 años se mudan para Caracas, donde termina la educación secundaria e ingresa a la Universidad Central de Venezuela, para estudiar Química. Allí se dedica a la música, desplegando su ronca y potente voz, con éxito en varias de sus composiciones. La canción “No basta rezar” lo descubrió en el festival de la Canción de Protesta en la Universidad de Los Andes en Mérida, donde maravilló al auditorio joven en medio de la ola izquierdista que florecía en universidades latinoamericanas.



Alí tuvo dos hijas con Taria Osenius en su viaje a Suecia: María Fernanda, que vive en Canadá, y su inspiración en la canción “Los Pies de mi niña” y María Ángela, para quien compuso “La piel de mi niña huele a caramelo”. Después tuvo a su hijo Jorge con la venezolana Noelia Pérez. Finalmente se casa con Sol Musset, de hermosa voz, con quien tiene cuatro varones: Sandino, Servando, Florentino y Juan Simón.

El Partido Comunista de Venezuela (PCV) le otorga una beca, que le permitió entre 1969 y 1973 continuar sus estudios en Rumanía en Tecnología del Petróleo. En Europa graba su primer disco: “Gente de mi Tierra”. Sin concluir sus estudios regresa a Venezuela para dedicarse exclusivamente a la música.

Alí asustó al status quo por el radicalismo en sus temas, que hablaban de revolución, de defensa de los pobres, de crítica a los corruptos, a los generales, exigiendo justicia, equidad social y respeto a la niñez y a los ancianos, lo que causó que tuviera más seguidores que políticos de turno.

Los medios de comunicación, sobre todo los de televisión, lo vetaron. De ahí en adelante y para poder grabar sus discos, tuvo que fundar su propio sello disquero, Cigarrón. No es entonces extraño que Alí Primera sintiera profundo desprecio por el poder, no solo político, sino el poder de la jerarquía eclesiástica y más aún de la castrense. Siempre fue militante del PCV y respaldó a algunos dirigentes políticos de diversos partidos de izquierda.



Lo dijo en sus canciones

Pareciera que los militares venezolanos solo repiten eslóganes. Una de las canciones más exitosas de Alí Primera es “Cuando las águilas se arrastren”, en las que se oye:

“Cuando el soldado

no sirva a la Patria

en el jardín de un general.

Cuando las águilas se arrastren,

cuando no se hable por hablar,

cuando no existan oprimidos

entonces, le cantaré a la paz”.

La figura del cantante popular ha sido usada por el Gobierno de turno de manera indiscriminada, además porque su viuda e hijos han disfrutado de los privilegios que la revolución bolivariana les da a algunos.

Alí tenía profunda animadversión por los militares, por la Policía e incluso por las estatuas. Lo irónico es que los militares repiten su discurso. A pesar de lo ofensivo que le resultaban cosas como los nombres a algunos lugares, la revolución le colocó el nombre de Alí Primera a una casilla policial en su amada Paraguaná y para colmo le han levantado estatuas en Falcón y Caracas.



Anécdota en la frontera

Justo Barráez es periodista y abogado en Falcón. Interactuó con Alí Primera cuando el cantante llegó a la frontera para constatar cómo iban los preparativos del Encuentro Nacional de la Canción Bolivariana, que se realizaría en San Cristóbal del estado Táchira. Narra que llegaron al aeropuerto Juan Vicente Gómez ubicado en San Antonio del Táchira, que entonces estaba plenamente activo, incluso para viajes internacionales. Él fue a recibirlo junto con otros jóvenes de la región.

Alí se percató de inmediato que había fallas en la organización del concierto, porque los organizadores no solo que no estaban promocionándolo, sino que ni se molestaron en ir a recibirlo al aeropuerto.

Para trasladarse desde San Antonio a San Cristóbal necesariamente hay que pasar por la alcabala Peracal, considerada la más rentable de todas las alcabalas del país, por lo relacionado al contrabando. En ese puesto de control, manejado por la Guardia Nacional Bolivariana, siempre hay presencia de funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalística (Cicpc) y de la oficina de Identificación.

Según relata el periodista y abogado, cuando se acercan a Peracal, en un viejo Malibú, donde trasladan a Alí Primera, un guardia se empeña en requisar el vehículo. Además de los cinco hombres, solo va la maleta y el cuatro, instrumento que el cantautor tocaba perfectamente y que acompañaba sus canciones.

“El funcionario militar revisa por largo rato y minuciosamente el cuatro, como si en las cuerdas ocultara algo, lo que a Alí no le gustó mucho pero soportó la operación en silencio”, relata Barráez.

Una costumbre de la época era que a las maletas le pegaban variedad de calcomanías y la de Alí no era la excepción, solo que una de ellas era la de un gallo rojo alusivo al Partido Comunista; el militar se afanó en revisarla con detenimiento a medida que la sacudió con fuerza. “¿Me vas a dañar la maletica?”, le dice Alí en tono molesto. Y el guardia con altanería: “Ni que estuviera nueva. Siga”.

La incomodidad del cantante, por lo sucedido, se sentía en el aire. Los jóvenes que lo acompañaban mostraban cierta indignación y vergüenza. Siguen el viaje y Alí murmura molesto en alusión al guardia: “Si estos carajos tomaran el poder, ya sabemos qué harían con el país”.

Cerca del mediodía llegan al Salón de Lectura de San Cristóbal y nada que aparecen los organizadores. Alí propone que almuercen por allí cerca mientras esperan. Le pide a un señor que tenía muchos años como vigilante que si puede dejar la maleta mientras tanto ahí en el Ateneo. “No, aquí no, porque cualquier malandro quiere dejar sus cosas aquí”, le responde el individuo.

Furioso recoge su maleta y se marcha con los jóvenes dirigentes. Llegan a un restaurante chino y Alí va a lavarse las manos; de regreso se asoma curioso por una rejilla y regresa a la mesa diciendo: “Vámonos de aquí, vi a un hombrecito pisar el arroz con los pies”.

Para colmo, cuando por fin se reúnen con los organizadores, se da cuenta que la boletería no está vendida, ni siquiera distribuida. Era demasiado para Alí en un solo día. Se levantó de la mesa y anunció: “Me llevo la canción bolivariana para Mérida”. Y así fue.

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