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Tres meses de hambre, falta de agua y electricidad originan ola de protestas en la península de Sucre

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caraotadigital

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Publicado: 21 de marzo, 2019 — 22:38 p.m. (hace 1 mes)



Foto: Nayrobis Rodríguez R.

Por Nayrobis Rodríguez R.

Las protestas en el municipio Cruz Salmerón Acosta, la península del estado Sucre, comenzaron el domingo 17 de marzo.

Habitantes Araya y del poblado de Manicuare salieron a las calles, trancaron vías, iniciaron quema de cauchos y paralizaron el transporte marítimo que los conecta con Cumaná, la capital de la entidad.

El hambre fue el detonante. Tres meses de espera por cajas de comida subsidiada por el régimen de Nicolás Maduro a través de los Clap y la imposibilidad de acceder a alimentos en establecimientos privados, tras el colapso de servicios de Internet y telefonía que mantienen inoperativas las entidades bancarias Bicentenario y Venezuela; así como los puntos de venta en comercios, generaron manifestaciones masivas.

“No tenemos qué comer, ni dónde comprar, nos estamos muriendo de hambre. No podemos buscar dinero en efectivo porque no hay bancos”, dijo Carmen Rojas, habitante de Araya.

A la falta de alimentos se le suma la carencia de agua potable, servicio que han reclamado de manera constante ante la alcaldía local.

El lunes 18 de mayo la protesta se tornó masiva. Los peninsulares tomaron las calles y las manifestaciones se extendieron desde Araya, hasta El Guamache y Manicuare.



Habitantes han rfeclamado la falta de servicios públicos. Foto: Nayrobis Rodríguez R.

El dirigente Jesús Marcano explicó que una semana antes de iniciar las protestas, los vecinos increparon al alcalde y dirigente de la juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela, Jonni Acosta.

Marcano explicó que Acosta prometió entregar las cajas de comida que ya los vecinos habían pagado tras tres meses de espera. “Nos dice una fecha y luego otra, pero no cumple con la entrega”, aseveró.

Michel García, uno de los manifestantes, detalló que además de la respuesta evasiva del alcalde Acosta, la información oficial les indica que no habrá alimentos para los pobladores.

“Las respuestas de la Comercializadora de Alimentos de la  Gobernación es igual:  no hay cajas Clap. Nos engañan. No resuelven tampoco los otros problemas de la comunidad salmeroniana como la falta de transporte marítimo adecuado”, apuntó.

El martes 19 de marzo las acciones de protesta se incrementaron. Desde las 4:30 de la mañana vecinos de las comunidades Valle Verde y Las Velitas, en Araya, iniciaron un cacerolazo. Una hora y media después un grupo de al menos 40 personas acudieron hasta la sede de la alcaldía y tomaron los portones para no dejar entrar al personal hasta que llegara al sitio el alcalde Jonni Acosta.

El alcalde no llegó, la protesta se extendió hasta horas de la tarde. Los únicos que acudieron al sitio fueron funcionarios de la Guardia Nacional (GN). “No hubo represión esta vez. Dialogaron con nosotros”, afirmó el dirigente Jesús Marcano.

“Para mañana se sumarán los habitantes de los poblados Chacopata, Caimancito y Guayacán, porque ya tienen un mes sin electricidad”, anunció. Este miércoles 20 de marzo las protestas continuaron.

Vía telefónica, Caraota Digital intentó contactar con el alcalde Acosta para obtener información oficial sobre la situación de conflictividad en el municipio, pero fue imposible obtener respuestas.

Un mes a oscuras

Además de la falta de comida y agua potable, la situación se agudizó para tres poblados del eje pesquero de Criz Salmerón Acosta.

Unos 15 mil habitantes de los poblados de Chacopata, Caimancito y Guayacán permanecen sin electricidad desde el 18 de febrero. En esta fecha ocurrió un incendio en la Subestación Rural II de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec-Sucre) en Chacopata, que surte de energía eléctrica a parte de la península.

El Observatorio de Derechos Humanos del Estado Sucre realizó una investigación en el sitio. “El acceso a la subestación se encuentra limitado para el público. La zona se mantiene resguardada por dos funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana quienes limitan el paso a la subestación Rural II”, apunta la investigación.

La ONG regional de defensa de DDHH describe que “los famosos “mechuzos” (lámparas artesanales elaboradas con envases de latón, trapos y gasoil) han sido la improvisación más útil que se conoce en la zona.

“Esta ha sido la única opción que les brinda claridad una vez que el sol empieza su descenso. Aún a oscuras, cada casa cuenta con una botella de vidrio o cualquier envase resistente que soporte la encendida de kerosene”, destaca el informe.

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