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Courtois silencia el rugido turco

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Publicado: 22 de octubre, 2019 — 22:02 p.m. (hace más de 3 semanas)

El belga ejecuta tres paradas decisivas ante el Galatasaray y completa su mejor partido de la temporada

Courtois, en una de sus paradas. efe

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En medio del ruido permanente que convertía el Türk Telekom Arena en una caja de resonancia, Courtois bajó el volumen de su portería de la única manera en la que puede hacerlo un portero. El belga extendió su enorme corpachón para taponar un disparo cruzado de Andone en la primera ocasión de peligro que generó el Galatasaray a los nueve minutos, y que daba al traste con el buen buen arranque de partido del Madrid hasta ese momento, y volvió a asomar un minuto después, de nuevo ante el delantero rumano, para desviar un golpeo peligroso fraguado a partir de un marcaje más que discutible de toda la línea defensiva del Madrid en una jugada a balón parado. En apenas 10 minutos había completado su 13ª parada de la temporada, lo que situaba el volumen de sus intervenciones por encima del de los goles encajados (12).

Si los porteros viven en gran parte de lo que ocurre inmediatamente delante suyo, del rendimiento de la defensa, ser portero del Madrid actual exige un nivel de concentración mayúsculo porque el hormigón blanco sigue son cuajar. A Courtois, portero ortodoxo en sus movimientos, y de proporciones físicas considerables (no alcanza por un centímetro los dos metros de altura), se le miraba de reojo no solo por su incapacidad para completar paradas rutinarias, sino porque además estas no aparecían en esos momentos que existen en todos los partidos en los que actuaciones puntuales como estas definen hacia qué orilla va a terminar por desviarse el resultado.

Con estas dos intervenciones Courtois acalló a la afición del Galatasaray y envió un mensaje tranquilizador a una defensa que siguió concediendo ocasiones, casi todas para un Andone encomiable. Hasta en una tercera ocasión negó Courtois al delantero rumano, con una nueva intervención meritoria a un cabezazo envenenado. Alcanzó tal punto de confianza el belga que ni siquiera se amilanó cuando todo el estadio le exigía que acelerase sus golpeos en largo desde el césped. Por primera vez en la temporada, el belga fue un témpano de hielo.

El atribulado ataque del Galatasaray ejerció un efecto reconfortante en la defensa del Madrid, que organizó mejor sus marcajes y concedió a los turcos menos espacios por los que asomarse al área de Courtois. Solo tuvo que despejar un balón por alto el belga en la segunda mitad, y hasta los silbidos cambiaron de bando por parte del público, al que no le dolió señalar a Belhanda cuando Terim decidió sustituirle. El marroquí se revolvió contra sus aficionados, a los que increpó durante su paseíllo hasta el banquillo, lo que obligó a sus compañeros a levantarse de sus asientos y exigir al público algo de condescendencia. No la encontró.

La ocasión más peligrosa del Galatasaray en los últimos minutos fue un cabezazo de Nzonzi que no encontró portería. Fue el único momento en el que Courtois vio asomarse al único momento que podía estropear la primera película relajada de la temporada. Afortunadamente para él, el argumento de Turquía le contemplaba, por fin, como protagonista en el bando ganador.

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