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Cumbe tour: La ruta turística que llena de cultura, poesía y color a todo San Agustín (+Noches de salsa)

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laiguana

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Publicado: 6 de noviembre, 2019 — 12:46 p.m. (hace más de 1 semana)



San Agustín, ubicado en el centro de Caracas, es conocido como el barrio cultural de la ciudad. Con un censo de 47.000 habitantes, presume de identidad única debido a sus orígenes y su mestizaje. Sus vecinos decidieron organizar una ruta turística para abrir el barrio a la gente y alejarlo de mitos y miedos. Así nació Cumbe Tour.

San Agustín es uno de esos barrios que no dejan indiferente a nadie. Y es grande. Más de lo que parece entre los rincones que se ven y los que se esconden en mitad del cerro bajo los ranchos de colores de este barrio de Caracas. Se construyó el 2 de diciembre de 1936 y, en un principio, fue concebido para que las clases medias ocupasen la parte norte y los pobres, el sur.

Pero como las ciudades son libres de construir su propia historia, al final San Agustín se hizo a sí mismo rompiendo los esquemas de la arquitectura que pretendía ser moderna. A mediados del siglo XX, Venezuela se afianzó como una nación petrolera y el éxodo del campo a la ciudad fue masivo. Caracas comenzó su andadura como la urbe masificada y bulliciosa que es hoy y San Agustín adquirió su carácter en aquellas décadas.

La mayoría de migrantes que provenían del interior del país o de las zonas costeras se afincaron en la parte sur de la parroquia. Era una población mayoritariamente afrodescendiente y esa fue la clave para que el barrio se convirtiera en lo que es hoy: el cuartel de la salsa, de la música, del jaleo y de la cultura por excelencia de la capital.

Debido a su particular idiosincrasia, los vecinos de San Agustín (casi todos son músicos, bailarines o artistas de algún tipo) se pusieron manos a la obra para reivindicar su barrio como uno de los motores turísticos de Caracas. Querían darlo a conocer a las personas que visitan la capital venezolana y a la propia gente de la ciudad y desestigmatizar las zonas más populares. Muchos no se atreven a adentrarse en determinados barrios porque están demonizados como lugares de delincuencia, violencia, muertes, robos, con el imaginario colectivo de que allí no se puede ir porque es muy peligroso…

Y fue así, con esta idea vecinal-comunal de reivindicar las verdades de la parroquia, que nació el Cumbe Tour de San Agustín. Una ruta turística-cultural que organizaron los oriundos de la comunidad para romper tabúes. La primera ruta se hizo en julio de 2016. Probaron un poco el formato, pararon, se renovaron y volvieron a arrancar definitivamente en julio del año siguiente. Desde entonces, no han parado y suelen organizarse una vez al mes.

Reinaldo Mijares es el coordinador del Cumbe Tour y uno de los personajes más conocidos del sector. Además, es profesor de danza contemporánea y coordinador general del Teatro Alameda, otro de los emblemas de la barriada. Se trata de un teatro que tomaron, literalmente, los vecinos para recuperarlo como un centro cultural insigne y al servicio del pueblo. Había quedado relegado a almacén de trastos viejos de la poderosa familia Radonsky.

”Cumbe Tour es un sueño desde hace mucho tiempo”, explica Reinaldo en diálogo con Sputnik. ”Y nace porque estamos completamente convencidos de la potencia cultural y turística que tenemos. Cuando construyen el metrocable se reanima la idea de hacer esta ruta”, agrega.

Precisamente es en el metrocable de Caracas donde comienza el paseo. El metrocable es un teleférico integrado en el sistema de transporte público de la ciudad. Lo inauguró Hugo Chávez en el año 2010 con el propósito de facilitar el transporte a la gente que habitaba las zonas montañosas de los barrios populares, hasta el momento ”atrapadas” en su propia altura. Hoy en día, es el principal medio para acceder a los cerros de San Agustín, multipoblados, y que parecieran bailar al son del joropo (música tradicional popular) con las nubes caribeñas, ajenos a las preocupaciones del asfalto y el ruido de la meseta. Los cerros son altos y solemnes; y casi ocultos para el ojo común de todos los públicos. Hasta que llegó Cumbe.

¿Qué es cumbe?

”Cumbe” era el término que se utilizaba en Venezuela para denominar a las zonas donde, en tiempos de la colonia, los negros que habían conseguido escapar de las haciendas donde trabajaban como esclavos, vivían como hombres libres.

San Agustín es descendiente de aquella generación de guerreros africanos que lo dieron todo por su libertad y desarrollaron su música y su cultura como expresión de esa lucha. La mezcla caribe es lo exótico del asunto y lo que enamora a los turistas que se embarcan en el paseo.

”Aquí viene mucha clase media caraqueña, gente que nunca cruza los límites de Plaza Venezuela o Chacaíto (zonas que se consideran los límites de ”lo seguro” en Caracas), afirma Mijares. ”Se quedan locos al ver como un barrio se organiza a través del turismo y muestra todas sus potencialidades, sus bondades y sus rincones más bonitos. No se lo imaginaban antes de venir”, detalla.

El coordinador de la ruta habla de su barrio con una sonrisa impecable. Lleva una camiseta donde se lee ”100% San Agustín, marca parroquia 2025”, haciendo alusión al año que se han marcado como fecha límite para convertir la parroquia en el principal eje turístico de la capital venezolana.

¿Cómo es el Cumbe Tour?

Reinaldo está esperando, precisamente en la estación del metrocable de Parque Central (primera parada de la línea), a los turistas que le acompañarán hoy. Es un viernes feriado de noviembre y el grupo que llega es un tanto especial. Se trata de una veintena de poetas de diferentes países del mundo que están participando en el ”Encuentro Poético del Sur” que se celebra esos días en Caracas. Ha comenzado a llover a cántaros y el paseo será principalmente a pie, pero Mijares no se inmuta.

Cuando por fin llegan los poetas, el coordinador del Cumbe les ordena rápido. Suben en grupos de siete u ocho a las cabinas del teleférico adaptado y comienzan los ojipláticos boquiabiertos.

Joel Linares organiza el encuentro poético de los extranjeros. ”La idea es traer a todos los compañeros del mundo a que se encuentren con la poesía que camina. San Agustín es una poesía viva y así compartimos la poesía”, señala.

El grupo no deja de hacer fotos a medida que las cabinas del metrocable les acerca al punto más alto de San Agustín, donde comenzarán a escuchar la historia única del barrio cultural y alegre por excelencia.

”Contra Venezuela hay toda una mediática que no va dirigida solamente contra este país. Se trata de una mediática anti-sur”, explica Linares mientras se apea de su cabina junto a otros compañeros. Arriba les recibe un cartel donde se lee ”La Ceiba”. Es el nombre de la parada en la montaña. ”Nosotros nos unimos a la gente de Venezuela y se lo demostramos visitando sus barrios. La solidaridad y la cultura son la diplomacia de los pueblos y sus herramientas contra el discurso hegemónico”. Linares aprieta los labios y encoge los hombros. Hace frío en la cumbre.

En La Ceiba hay una cancha de baloncesto con un grupo de chicos y chicas silbando falta personal. También hay un centro cultural donde estudian percusión niños y adolescentes de entre 5 y 16 años. La música de los tambores recibe a los poetas. ”El tambor” es como se conoce en Venezuela a esa música heredada de los antepasados africanos. Se baila en las playas y en San Agustín. Y es difícil, porque los pies se levantan del suelo como si no pesara la gravedad y el cuerpo vibra a la velocidad de la luz que son los timbales.

Los turistas se animan con más o menos éxito a lanzarse al centro del corrillo que siempre se forma cuando se anima la marimba. Emilio Mujica, que es cocinero, historiador y el cuentacuentos de la parroquia, corta la música (momentáneamente) para explicar el contexto del barrio. Una breve introducción a los forasteros para entender dónde, cómo, cuándo y por qué están allí.

”San Agustín es la parroquia de la alegría”, dice con ánimos de trovador ilustrado. ”Y la alegría es la marca que transmitimos hacia el mundo. Aquí todo se hace con una sonrisa, todo se hace al ritmo del tambor. Nos procrean al ritmo del tambor. Somos sonrisa. Somos paz”. Y se atreve con una frase final que dice que es por su orgullo anarquista de ”matria”, que no de ”patria” antifronteras: ”Caracas no podría existir si no existiese San Agustín”.

La ruta de Cumbe Tour dura unas cinco horas. El tiempo final depende del grupo y del relajo que se va incrementando a medida que avanza la visita. Los tambores y los músicos no paran y acompañan a los poetas de parada en parada. Las vistas de la ciudad son impresionantes. Es un mirador que no viene en las guías turísticas de un país muy poco turístico. Los extranjeros se animan a sacar sus cuadernos y alguno lee sus versos frente a la destartalada urbe.

Miguel Rollón es uno de esos turistas improvisados, español, poeta. Primera vez en Caracas. ”Me lo imaginaba peor”, dice. ”Las noticias que llegan a España sobre Venezuela son terribles. No me podía imaginar que existiese algo como esa ruta. Nunca había hecho nada así”.

Rollón dice que la resistencia del pueblo venezolano le recuerda a la de los republicanos españoles durante la Guerra Civil tras el golpe de Estado militar del general Francisco Franco. ”La resistencia es una forma de felicidad para Venezuela y por eso va a ser muy difícil que esto caiga, porque la alegría es muy difícil combatirla”.

Otra de las paradas obligadas es el estudio de grabación ”La calle es de los niños”. Por allí han pasado varios de los músicos más relevantes de San Agustín y hoy ayuda a muchos jóvenes a salir de la delincuencia y la marginalidad a través de la cultura. Con la música pacificaron el barrio. Los vecinos, completamente autogestionados, elaboraron programas sociales, educativos, deportivos o de formación laboral hasta que lograron bajar los índices de violencia. Pasaron de ser la segunda parroquia con peores estadísticas en este sentido a ocupar el puesto 18 de las 19 con las que cuenta la ciudad.

Muy cerca del estudio de grabación está La Tasquita, uno de los bares más populares de la zona, visita indispensable para autóctonos y corresponsales. Se trata de uno de esos lugares que parece que se han detenido en el tiempo. Huele a cocuy (licor artesanal típico del país), a Polarcita (marca de cerveza muy popular) y a jaleo de bolas criollas, un deporte originario del país caribeño que se parece a la petanca pero con cabuyas más grandes. En La Tasquita no suena otra música que no sea salsa y es habitual encontrar a generaciones mezcladas bailando los clásicos casino. El patio central de la rumba es un son donde nadie baila solo y una escuela para los nuevos hijos y nietos que no se van a dormir temprano.

Nadie duerme temprano en San Agustín porque, como dicen los impulsores de Cumbe Tour, ”creemos en el derecho a la nocturnidad”. Caracas, en los últimos años, debido a la situación de crisis y al psicoterror más o menos infundado sobre sus condiciones de seguridad, ha pasado de ser una de las capitales con más movida 24/7 de América Latina a una ciudad muerta a partir de las 6 de la tarde. Esa es la hora del pacto no escrito de la ciudadanía para la vuelta a casa. Se va el sol, la gente se recoge, corre a sus casas, cierran los comercios y las alternativas de ocio desaparecen.

En mitad de ese contexto, San Agustín permanece como un barrio rebelde donde la noche significa algarabía. En cada esquina hay un grupo de gente sentada en la calle charlando mientras escuchan la radio clásica con música tradicional. Las tiendas están abiertas y los puestos callejeros de arepas o hamburguesas viven hasta la madrugada. El grupo de poetas continúa la ruta sin complejos. La última parada es el emblemático Teatro Teresa Carreño, uno de los más importantes del continente y el segundo más grande de América del Sur. Los turistas extranjeros visitan las salas del teatro donde la compañía de ballet y el Coro de Ópera que llevan su nombre actúan estables de prestigio a pesar de la crisis.

En los alrededores del Teresa Carreño, junto a la denominada Plaza de los Museos, hay otros barcitos imperdibles en una zona que llaman el Eje del Buen Vivir, que es una filosofía de la Venezuela del socialismo del siglo 21. Vivir bien, como sociedad que busca y encuentra una felicidad sin paliativos ni ñoñerías. Con las necesidades básicas cubiertas y con algún extra de serotonina en la mochila de objetivos cumplidos. La cultura es fundamental para este propósito y San Agustín es su cuna. Su genética indestructible. Finalmente, la ruta de Cumbe Tour ha durado algo más de cinco horas.

(Sputnik)



















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