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Armando Info: Warao que no contrabandea gasolina, warao que no come

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lapatilla

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Publicado: 8 de septiembre, 2019 — 11:30 a.m. (hace más de 1 mes)

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Armando.info: Warao que no contrabandea gasolina, warao que no come

Sometidos en su hábitat natural en el estado Delta Amacuro al hambre y a las enfermedades, condenados muchas veces a esperar su turno para morir, los indígenas venezolanos de la etnia warao comenzaron a movilizarse a Puerto Ordaz, todavía a orillas del Orinoco, donde encontraron una paradójica tabla de salvación en Cambalache, el vertedero del que sacaban comida podrida para llevarse a la boca y chatarra para revender. Pero el cierre del gigantesco basurero los ha empujado al contrabando de gasolina, un oficio con el que integran el eslabón más bajo de una cadena de explotación que involucra a la Guardia Nacional, a la Policía del estado Bolívar y también a caciques y familias de su propia etnia.

Por: MARCOS DAVID VALVERDE || Armando.Info

La mujer no habla. Está acostada en un chinchorro de franjas azules, beige y negras. Una sábana rosada es el mosquitero. Es morena pero está pálida. Su cabello es negro y sus ojos, más negros. Mira a quien se le acerca esperando la misma instrucción de los últimos días (y, según los que la rodean, de sus últimos días): “Párate un momento, para que te vean”.

Por edad tendrá veintitantos. Por enfermedad, nadie lo sabe. Está desnuda. A medida que levanta el trapo azul que le tapa el seno derecho se descubre encima de la areola una película blancuzca, un cráter rosado minado de pus y manchones morados.

“Aquí uno espera el turno para morirse”, dice uno de sus vecinos de choza, en la comunidad warao de Vuelta del Guamal. Es uno entre las decenas de asentamientos de este tipo que están en los caños, esas ramificaciones del río Orinoco que separan el estado Monagas del Delta Amacuro, en el extremo oriental de Venezuela.

Cuando la mujer enfebrecida deja al descubierto sus pechos ante unos desconocidos lo hace alentada por la esperanza de escuchar un diagnóstico que no ha podido darle el enfermero de la comunidad, el único que podría determinar qué es lo que la tiene, resignada, muriendo de a poco.

Es un ejemplo de lo que viven estas comunidades indígenas y de lo que huyen desde varias partes de Delta Amacuro. Desde 2016, miles han salido de Venezuela. Otros no se atreven y optan por rutas que los llevan a destinos más cercanos: Pedernales, Tucupita, en Delta Amacuro; Uracoa, Maturín, en Monagas; o Puerto Ordaz, la otrora activa meca industrial del estado Bolívar.

Desde mediados de los años 90, en esa última ciudad, los waraos empezaron a establecerse en varias comunidades. Una de ellas, Cambalache, en la ribera sur del Orinoco, fue la que más creció gracias a la cercanía con el río y al vertedero municipal de basura, a pocos metros del asentamiento. Allí hurgaban entre montañas gigantescas de basura, humo, zamuros y moscas buscando plástico, papel, cartón, hierro o aluminio para revender. Hasta que en 2014, por decisión del exgobernador Francisco Rangel Gómez, el vertedero fue clausurado.

Desde entonces comenzó la nueva modalidad de subsistencia, la que los convirtió en el eslabón más bajo de una cadena que involucra a la Guardia Nacional y a la Policía del estado Bolívar. Huyeron del hambre y de las enfermedades en Delta Amacuro para terminar en un modelo que los hace, en partes iguales, cómplices necesarios y explotados: el tráfico de gasolina.

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