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La cadena de las crisis, por Elías Pino Iturrieta

La cadena de las crisis, por Elías Pino Iturrieta

Fragmento de La miseria (1886), de Cristobal Rojas. Óleo sobre tela 180 x 221 cm. Foto en Wikimedia Commons.

@eliaspino 

Agobiados por el desafío de una vida caracterizada por las limitaciones, por dolores y carestías que parecen inéditas y sin posibilidad de solución, los venezolanos de hoy sentimos que somos protagonistas de una tragedia excepcional. La carga de nuestros días nos hace sentir que sobre nuestras espaldas se ha cebado un peso que no soportaron nuestros antepasados. Seguramente una pesantez les atormentó el lomo, tal vez no la pasaron bien siempre, pensamos, pero no se puede comparar con la nuestra.

Error sin paliativos, porque antes la pasaron tan negras o más nuestros antecesores, según se tratará de mostrar en el conjunto de artículos que se anuncia desde ahora.

Es natural que pensemos que nuestra época es la peor de la historia y que las anteriores fueron más hospitalarias en términos generales. ¿Por qué? Debido a que solo importa la atrocidad que atormenta, la opresión que asfixia, la llaga sentida en la carne. El dolor propio es más importante que el ajeno.

El oprobio de la actualidad es incomparable, no admite analogías, porque es el que sentimos y porque las relaciones que se hagan con las tragedias del pasado no forman parte de una vivencia palpitante, sino solo de un recuerdo, en el mejor de los casos.

De allí la incomodidad de la memoria cuando nos quita protagonismos estelares. Si somos víctimas de veras, si el régimen nos ha conducido hasta situaciones de mengua y hacia estadios de barbarie que nadie nacido en el último medio siglo puede imaginar partiendo de lo que ha debido presenciar, de lo que le tocó vivir, ¿cuál es la razón que nos obliga a competir con los sufridos, los explotados, los atormentados de antes? El rompecabezas venezolano no puede tener soldadura al trabajar con las piezas que lo forman cuando se las observa desde una posición superficial.

Hay otras, no solo importantes sino también acuciantes, sin cuyo conocimiento nadie encontrará la solución del enigma que debemos desentrañar entre todos. Pero ese entre todos no solo se refiere a nosotros, los hombres de la actualidad, sino también a quienes nos antecedieron en la pelea con los motivos del problema anterior, con los factores de las crisis que les correspondieron porque sucedieron en su hora, cuando estaban vivos y tenían que buscar la manera de persistir, o de que sobrevivieran sus sucesores. No solo porque nos coloca en el papel de continuadores de una gesta, lo cual ya de por sí esencial, sino especialmente porque nos dota de un aprendizaje imprescindible.

¿Cuál aprendizaje? Los antepasados pasaron por crisis pavorosas, como se tratará de mostrar a partir de la semana próxima, pero salieron de ellas, las arreglaron o las remendaron.

Superaron las crisis, en todo caso y sin duda. Venezuela no desapareció, pese a que los miembros de su sociedad fueron sometidos a durísimas pruebas.

Cuando se pensó que el país había llegado a sus postrimerías y solo quedaba el gesto de la rendición, o de la claudicación, el apagar la luz para que el último cerrara la puerta de una casa condenada a la soledad, volvió la luz y continuó la vida, retornaron los alicientes y los aires nuevos, los habitantes del domicilio trajeron de nuevo el dinamismo a su seno. Hubo procesos que desembocaron en convulsiones que parecían definitivas, insolubles, terminales, pero el país no desapareció, sino todo lo contrario.

Las crisis son retos temporales, solicitudes provocadas por problemas de un período determinado frente a los cuales aparecen respuestas nacidas de los rasgos predominantes en la hora correspondiente. El solo hecho de que sintamos que no formamos parte de la mayor de ellas a través de la historia, sino apenas de un eslabón de la cadena, nos hará mucho bien.

No solo porque nos agregaremos a una historia digna de reconstrucción, o de renacimiento, sino también porque por fin posaremos con firmeza los pies en una tierra azotada desde tiempos remotos por la ineptitud, la corruptela y la crueldad.

Tras esa meta circularán los textos que podrán leer desde la próxima semana. Ojalá cumplan su cometido.



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Fuente de TenemosNoticias.com: runrun.es / Elías Pino Iturrieta

Publicado el: 2020-07-15 07:00:35
En la sección: Opinión – Runrun

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