«Hijo de puta». Estas tres palabras tienen la culpa de que Menéame, el famoso agregador de noticias, haya sido condenado a pagar una indemnización de 1.200 euros al destinatario del insulto en uno de los comentarios de una noticia publicada en 2015.

Ha sido el Tribunal Supremo, ratificando la sentencia de la Audiencia de Málaga, el que ha dictaminado que la web tiene la culpa del «insulto». De esta manera, se les cita a pagar importe más las costas del proceso. Ni que decir tiene que Menéame recurrirá al Constitucional.

Un móvil, una gran factura y un insulto

La noticia, publicada en El Confidencial, hablaba sobre los gastos que un concejal del PP de Marbella, Diego López, había hecho en con su teléfono a cargo del consistorio.

Poco tiempo tardó la noticia en llegar al agregador y mucho menos tiempo en llenarse de comentarios condenando la actuación del empleado público. Uno de esos comentarios sería el de la polémica: «Hijo de puta», rezaba el texto. Otros le tachaban como «ladrón».

Dicho concejal consideró que esas palabras suponían un derecho directo a su honor. Y, considerando a Menéame como prestador de servicios y no como agregador de contenido, se obligaba a la web a moderar todos los comentarios que los usuarios añaden. También tendrían la responsabilidad sobre los mismos, pero solo si conocen la ilegalidad de los mismos.

Para Menéame, el caso que ocupa a la multa se aleja de un uso vejatorio del lenguaje que pertenece a un contexto que hay que comprender en un totalidad.

En tiempos de Cervantes

El propio portal ha publicado un comunicado en el que se hace eco de la condena.

Entienden que el uso de la expresión centro del debate ya «se usaba en tiempos de Cervantes». Y añaden que «es algo coloquial y no peyorativa, y, como máximo, una expresión de mal gusto». Pero nunca una ofensa al honor de una persona, teniendo en cuenta que la justicia ya ha determinado en otras ocasiones que «hijo de puta» no es una injuria.

Añaden, además, que Menéame es incapaz de moderar todos los comentarios que se vuelcan en cada uno de sus contenidos. «Con de dos millones de usuarios al mes, nos es materialmente imposible comprobar todos y cada uno de ellos, especialmente, como en el caso que nos ocupa, en el que no estaban debidamente etiquetados con un link y se referían a un comentario de un año atrás». Y, pese a todo, revisan las peticiones de retirada de comentarios posiblemente ofensivos que llegan a su mail de quejas

Un oscuro precedente

«Seguiremos peleando por la libertad de usar expresiones que están tan imbricadas en nuestro idioma», culminan en su comunicado. Sin embargo, un fallo en su contra del Constitucional supondría un antes y un después no solo para estas plataformas. La concepción de Facebook y Twitter tal y como son ahora cambiarían de la noche a la mañana con el precedente de Menéame.

Un dabe que ha caído en el momento más oportuno en lo que a libertad de expresión se refiere y que también en Estados Unidos ha calado hondo. Desde la eliminación en Twitter de un vídeo de Trump considerado potencialmente engañoso, la lucha del presidente de los Estados Unidos contra las plataformas ha ido in crecendo. Especialmente con la intención de aprobar una orden ejecutiva que elimine la inmunidad de las plataformas a la hora de moderar su contenido. Para las plataformas esto sería el principio del fin de la libertad de contenidos.

Una situación muy similar a la de Menéame que, hasta ahora no era responsable de los contenidos.