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el encuentro con la Guardia de la Tormenta en el reboot de la trilogía de Tomb Raider en 2013

el encuentro con la Guardia de la Tormenta en el reboot de la trilogía de Tomb Raider en 2013

Una de las mejores sagas que nos brindó la década de los noventa fue sin duda Tomb Raider. Protagonizada por la intrépida Lara Croft, fue todo un boom en 1996 como réplica a las aventuras del icónico Indiana Jones. ¿Quién no recuerda ese primer encontronazo con el dinosaurio? Esa escena impactante nunca se olvida.

Con nueve entregas posteriores (sin contar spin-offs, como Lara Croft and the Guardian of Light), la saga creada por Core Design sufrió un desgaste más que evidente, hasta que Crystal Dynamics (con un primer intento de resurrección en 2006 con Tomb Raider Legend y dos entregas más, entre ellas la de su décimo aniversario) decidió reiniciar su historia mediante el homónimo Tomb Raider en 2013. Y en mi caso, me fascinó hasta ventilarlo en un fin de semana intenso.

Ojo, SPOILERS. No sigas leyendo si no te has pasado la historia…

Una Lara más real para un juego más… ¿realista?

Tomb Raider

Crystal Dynamics optó por conocer los inicios de una Lara inexperta, sin haber tenido que lidiar hasta entonces con la muerte con sus propias manos. Una Lara con un aspecto más juvenil, con mucho por aprender y un destino aparentemente idílico para su aprendizaje como arqueóloga: la isla Yamatai. Un paraje situado en el Triángulo del Dragón, donde se cree que está el reino perdido de Yamatai.

Sin embargo, todo se trunca a su llegada a bordo del Endurance, como si la isla impidiese a la tripulación escapar de ahí… Y con muchos peligros a los que hacer frente. Lo curioso, aparte de ser un aspecto criticado en forma de memes, es que Lara pasó de la noche a la mañana de horrorizarse al matar a un lobo y a un enemigo humano, a convertirse en toda una cazadora sin escrúpulos. No en vano era la ley de la jungla y mejor que mueran los malos a que muera la propia Lara, desde luego. Pero qué rápido se le pasó el trauma… «Los poderes de la isla».

El caso es que más allá de esos mercenarios en busca del mismo objetivo que Lara y los suyos, de entrada no se atisbaba un componente paranormal tan marcado a lo que vino después, descubriendo qué pasaba con la Tormenta de la isla, por ejemplo. No era como en otros Tomb Raider, como el de 1996, donde nos sorprendía un dinosaurio a las primeras de cambio. Este reboot iba con calma.

Además, sorprendió con el protagonismo de la isla, tres años después del final de Lost (Perdidos), en el sentido de tener que revisitar zonas previamente exploradas, pero con otras partes a las que acceder al conseguir la mejora u objeto de rigor. No fue lineal como los Uncharted, vaya. Y en lo personal agradecí mucho el cambio, siendo un reboot que renovó la marca Tomb Raider a lo grande, difiriendo de la opinión de mi compañero Rubén, donde alega que perdió toda su esencia.

La gran revelación de Himiko antes del tramo final

Tomb Raider

A lo largo de la aventura, Lara siguió un camino lógico por toda la isla, con algunas vueltas de por medio. En esas rutas fue descubriendo poco a poco el pasado de la isla, como su conexión con la Segunda Guerra Mundial, con científicos japoneses y el ejército de los nazis con el objetivo de usar las fuertes tormentas de la isla para destruir a los Aliados. O saber más sobre los Solarii, protectores de Himiko.

Himiko fue la Reina del Sol de la isla Yamatai, gobernando hace varios milenios con la ayuda de su Guardia de la Tormenta. Pero una cosa es lo que dice la leyenda o cuentan los escritos y otra es verlo con los propios ojos de Lara, descubriendo en una de las partes más ocultas de la isla un cadáver. Dicho cuerpo era el del mismísimo General de la Guardia de la Tormenta que protegía a la propia Himiko. Pero, ¿por qué se aplicó el seppuku con su daga? Esto tiene miga…

Resulta que Himiko había encontrado en la doncella Hoshi, una de Las Hijas del Sol, a la candidata perfecta para sucederla en el trono cuando la reina muriese. Ahora bien, este ritual entrañaba algo macabro y oscuro: Himiko robaría el cuerpo de Hoshi, extinguiendo su alma en el proceso. De ahí que, en primera instancia, Hoshi se suicidase para evitar que su propia alma fuese destruida, mientras que el General se suicidió para evitar la deshonra de no haber sabido proteger a su reina.

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Una telenovela japonesa, vamos. ¿Y qué pinta Lara en todo esto? Ella, nada. Más bien, su amiga y compañera Samantha Nishimura, al ser la candidata escogida por los Solarii para ofrendar a su reina Himiko y poder iniciar su ritual de «ascensión».

El último intento de Lara para evitarlo la lleva a un nuevo destino dentro de la isla, accesible únicamente por medio de la lancha torpedera. Un monasterio situado en la parte norte de la isla. Y a gran altura, además, con un viento con mucha fuerza.

Ahí ve otra vez al traidor James Whitman, doctor artífice de la expedición del Endurance, junto a la propia Sam y al líder de los Solarii, el padre Mathias. Hasta que al llegar a un puente, algo pasa. Los guerreros Oni de la antigua Guardia de la Tormenta cobran vida y matan sin esfuerzo al doctor, momento que aprovechan tanto Mathias y Sam, como Lara, para cruzar el puente y llegar hasta la siguiente zona. Y es ahí, al poco de entrar al monasterio, cuando vemos todo su ejército.

La Guardia de la Tormenta… en toda su gloria

Tomb Raider

En ese instante, Tomb Raider quiere que sintamos miedo. Lara se mueve de modo sigiloso, sabiendo que un paso en falso o un ruido inoportuno, la llevará a una muerte segura e instantánea por parte de cualquier guerrero Oni. Y hay todo un ejército que no para de avanzar por el camino central, hasta llegar al fondo con dos filas enormes de más soldados. Y con otros en la parte superior de la sala.

Lara está en clara posición de desventaja, por lo que debe salir de ahí cagando leches… Algo que logra con poco esfuerzo, pese a la impresión inicial de ver que uno de los guerreros Oni es un ser de tamaño descomunal. Pero, lógicamente, no se puede ir de rositas y al poco rato de salir de esa sala, se topa con unos pocos Oni rezagados, que ofrecen bastante resistencia gracias a su armadura. Además, al dispararles a la cabeza, descubrimos que tienen el aspecto de momias…

La cosa no queda ahí, por supuesto, teniendo un nuevo susto en otro puente, con el Oni gigante, para ver cómo se lo lleva el viento, hasta ver a una Lara en modo Rambo contra varias oleadas de guerreros Oni poco después, teniendo que sacar partido del entorno (con muchos explosivos) y de su habilidad con las armas y el movimiento de esquiva, para escapar de ahí… con más cadáveres que tesoros.

La traca final llega con un aviso, un punto de no retorno (hasta pasar la historia), con más ración paranormal de guerreros milenarios y la propia Himiko intentando resucitar a costa del cuerpo de Sam. Y sí, con una lucha entre Lara y el guerrero gigante. Porque un Tomb Raider sin ración de fantasía, no es un Tomb Raider.

Tomb Raider

Momentos inolvidables de los videojuegos

Fuente de TenemosNoticias.com: feeds.weblogssl.com / Jarkendia

Publicado el: 2021-01-17 04:00:43
En la sección: Vida Extra

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