Pocas cosas más interesantes en esto del vino que la ‘cata vertical’,que consiste en probar varias añadas distintas de un mismo vino. Y, por supuesto, aquí hablamos de vinos con un origen específico y muy bien definido, de vinos con identidad propia, no de vinos que se arman con uvas de múltiples zonas.
Porque el objetivo final de este ejercicio es ver cómo los aspectos climáticos, y de manejo del viñedo –casi siempre como consecuencia de lo primero–, pueden hacer que un terroir nos dé expresiones muy distintas tanto en nariz como en boca dependiendo de lo que ese año les tocó vivir a las vides. A la vez que nos brinda valiosa información sobre la capacidad de evolución y el poder de envejecimiento de las añadas.
La cata vertical es en sí misma un gran privilegio,porque es como un viaje en el tiempo que nos permite degustar la foto de un momento único e irrepetible de la expresión de un viñedo y, también, apreciar los giros que los enólogos de ese vino hayan decidido tomar en algún momento de la historia de una etiqueta.
Caja con varias añadas de este vino icono de Estados Unidos. Foto: Cortesía Opus One
El cuento viene a que hace unos días tuve el honor de participar en una ‘vertical’ de Opus One, que es uno de los grandes vinos de Estados Unidos –probablemente el más famoso a nivel internacional– y que vuelve a Colombia de la mano de Dislicores.
Probamos las añadas 2021, 2018, 2015, 2012 y 2010, en su orden. Orden que puede cambiar dependiendo de lo que quiera resaltar el organizador de la cata, que en este caso era Laurent Delassus, vicepresidente internacional de ventas y mercadeo de Opus One, con base en Burdeos (Francia).
Poder apreciar la increíble frescura y elegancia de las añadas más recientes –realmente notables– y la evolución de las añadas más viejas es una experiencia muy enriquecedora para un amante del vino. Y más cuando se trata de un cabernet sauvignon (con pinceladas de otras variedades) de Napa, más exactamente de Oakville, de donde uno esperaría vinos más cálidos. Para nada. La cosecha 2021, por ejemplo, que es 93 % cabernet sauvignon, 4 % cabernet franc, 2 % petit verdot, 0,5 % merlot y 0,5 % malbec, con 19 meses y medio en barricas nuevas de roble francés, brilló por su frescor y delicadeza, gracia y finura en boca. Frescura que, según Laurent Delassus, se logra con cosechas más tempranas y hechas siempre en el momento más frío de la noche para así proteger las uvas.
Opus One es probablemente el vino más famoso de Estados Unidos a nivel internacional. Foto:Víctor Manuel Vargas Silva. EL TIEMPO.
Todo empezó en un hotel de Hawái en 1970, donde Robert Mondavi y el barón Philippe de Rothschild, dos gigantes de la industria, se encontraron por primera vez y comenzaron a perfilar su sueño de hacer un vino en California que juntara el ‘savoir faire’ del Viejo Mundo y las virtudes del Nuevo en una gran botella.
La historia de este vino es la de la unión de dos mundos que aparentemente eran irreconciliables y de dos grandes familias del mundo del vino que terminaron vinculadas por una visión: la de que en California se podía hacer un vino de clase mundial.
Todo empezó en un hotel de Hawái en 1970, donde Robert Mondavi y el barón Philippe de Rothschild, dos gigantes de la industria, se encontraron por primera vez y comenzaron a perfilar su sueño de hacer un vino en California que juntara el savoir faire del Viejo Mundo y las virtudes del Nuevo en una gran botella.
El acuerdo final estableció que el vino se elaboraría con enólogos de ambos lados del Atlántico, uno francés y uno estadounidense, y que el vino se haría en la bodega de Mondavi. La ‘fusión’ de los dos enólogos, cada uno con su estilo y convicciones, no fue para nada fácil, cuenta Delassus. La primera cosecha vio la luz en 1979 y fue presentada en 1981 como Napa Médoc Cabernet Sauvignon. Y ya para los 90 lo que hoy conocemos como Opus One era objeto de culto entre los amantes del vino.
Opus One es la historia de una apuesta arriesgada de dos hombres que se atrevieron a fusionar lo mejor de dos mundos para producir algo excepcional, de dos visionarios que juntando lo que para otros era impensable nos dieron a los enófilos un vino extraordinario. Son las cosas bonitas del vino. ¡Salud por eso!