la pelota artesanal que se resiste a desaparecer de los barrios populares de Barranquilla

Una vez al mes, Miguel Márquez llega pedaleando desde el municipio de Soledad hasta una esquina del barrio El Golf, en el norte de Barranquilla. Allí, bajo la sombra generosa de un roble, amarra una cuerda entre el tronco y una señal de tránsito.
De ella cuelgan 15 bolas ’e trapo, algunas forradas con goma amarilla y otras con un cuero sintético azul que brilla con el sol.
Este fin de semana cumplió dos días sin vender una sola pelota, pero no pierde la calma. Tiene 68 años, viste sudadera, tenis deportivos, una gorra que le cubre las canas, y una paciencia que parece heredada de otro tiempo.
“No he vendido nada. Hoy, con el nombre de Dios, espero hacer la primera venta para no llegar a casa con los bolsillos limpios”, dice, sin dramatismo, mientras lanza una mirada a las esféricas que brillan al recibir destellos del sol.
Cuando la calle era el estadio
En los años 70, 80 y 90, jugar fútbol en las calles de Barranquilla era un rito sagrado. Las bolas de trapo eran el alma de esos partidos improvisados.
Jóvenes y niños reunían dinero para comprarlas en las tiendas de esquina, donde se ofrecían como cualquier producto de cocina. No olvido que en la tienda del señor Cantillo, en la calle 63B con carrera 27 del barrio Los Andes, en la zona de los traperos, escobas y jabones siembre estaban guindadas las bolas bola ’e trapo.
Las calles se transformaban en canchas y los arcos se armaban con piedras, pero también había sectores en donde se elaboraban las porterías con madera, forradas en sacos, a modo de mallas o de tubos
En una esquina del barrio El Golf, en Barranquilla, Miguel Márquez ofrece sus bolas ‘e trapo. Foto:Leoherrera EL TIEMPO
“Los fines de semana las calles eran nuestras”, recuerda Otto Christopher, nostálgico desde su casa en el barrio Los Andes. “Jugábamos entre nosotros o con pelados de otros sectores. Los arcos eran lo que hubiera”.
“No decíamos ‘vamos a jugar fútbol’, decíamos ‘vamos a echar un partido de bola ’e trapo’”, agrega Rafael Vesga, otro veterano del barrio Los Pinos.
Los buses esperaban a que los pelados retiraran los arcos para seguir su camino. No había internet, ni videojuegos, ni redes sociales: solo la calle, la pelota y la pasión.
50 años fabricando bolas ‘e trapo
Miguel aprendió el oficio viendo a su hermano mayor en el barrio Simón Bolívar. “Comencé empacando y luego rellenando las bolas”, recuerda.
Con el tiempo, desarrolló su propia técnica. “En un día podía hacer hasta 60. Esto lleva espuma, trapo, goma e hilo. Para que queden firmes hay que trabajarlas bien, eso lo dan los años”.
Durante las décadas de gloria, su casa era un centro de producción. Llegaban camionetas a buscar hasta cien pelotas para distribuir en pueblos de la región.
La tradicional Bole ‘e trapo con la que se juega en las calles de Barranquilla. Foto:Archivo EL TIEMPO
Cuenta que recibió encargos de la Armada Nacional, incluso para el Buque Gloria. También viajaban desde Maicao, en La Guajira, a comprarle por docenas.
“Este trabajo me dio para comprar mi casa y levantar a mis cinco hijos. No me puedo quejar”, dice Miguel con orgullo, y con paciencia a la espera de algun cliente.
El inolvidable Rigoberto ‘Memuerde’
Rigoberto ‘Memuerde’ García fue un delantero temido en las canchas del fútbol profesional, que muchos aún recuerdan que tenía “una patada de mula” más potente que la de cualquier profesional de hoy.
Jugó en Junior y la selección Colombia. Fue más que un futbolista. Fue el artífice de una tradición, un símbolo de resistencia, alegría y amor por el juego en las calles y barrios populares de Barranquilla.
Tras colgar los guayos, Memuerde no se alejó del balón. Fundó una pequeña fábrica artesanal de bolas ’e trapo y recorrió mercados y barrios vendiendo su producto.
Se volvió tan reconocido como fabricante, su legado trascendió el juego: enseñó su técnica a jóvenes como Miguel Márquez, quien heredó el saber de cómo construir una pelota capaz de resistir cien partidos en la calle sin deshacerse. ‘Memuerde’ murió el 18 de febrero de 1990, a los 72 años, pero su espíritu vive en las calles de la ciudad.
El barrio que se esfumó
La ciudad cambió. Las calles se llenaron de carros y motos. La cancha en los parques fueron reemplazando los campos improvisados. La inseguridad desplazó a los jugadores, y el fútbol callejero fue perdiendo espacio.
“Ya no se puede jugar en las calles. La policía no permite que se cierren las vías, y los jóvenes de ahora prefieren estar frente al celular”, dice Edgar Hernández, tendero del barrio El Recreo, quien por años vendió bolas de trapo en su negocio.
Torneo de bola ‘e trapo organizado por la alcaldía de Barranquilla. Foto:Alcaldía
La grama sintética se impuso en las canchas públicas, y con ella llegó el desplazamiento de estas pelotas artesanales, que no ruedan bien sobre superficies plásticas.
Miguel cree que si se construyeran canchas de cemento, pequeñas y sin pasto artificial, la bola ‘e trapo volvería a tener protagonismo en los parques de barrios.
Una venta, una victoria
Al terminar esta entrevista, le pido a Miguel que me venda una de las bolas de trapo que exhibe. Él sonríe con alivio. “Tenía la bicicleta espichada y estaba pensando cómo regresarme”, me dice mientras guarda el billete.
Camino con la pelota en la mano. La pondré en mi escritorio, no solo como recuerdo, sino como símbolo de lo que fuimos. Porque en esas pelotas se resume una parte de la identidad barranquillera: juego, barrio, calle, esfuerzo, maña y alegría.
Como decían los cracks callejeros: “La bola de trapo da cañaña (fuerza en la pierna). El que juega y domina esta bola, juega donde sea”.
Mientras Miguel Márquez siga llegando a esa esquina del barrio El Golf, colgando sus esféricas con fe y paciencia, habrá una historia que se niega a desaparecer. Una pelota que no quiere quedarse quieta. Un oficio que, a pesar del olvido, sigue rodando con dignidad.
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‘Menem’ la historia del caudillo que fue presidente Foto:
LEONARDO HERRERA DELGANS periodista de EL TIEMPO [email protected] y en X:@leoher70
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Colombia
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