alimentar la esperanza para Gaza desde Cardedeu | elperiodico.com

«El miércoles vimos un mensaje de la Flotilla y el jueves ya estábamos cocinando». De la espontaneidad de la sociedad civil, así es como ha nacido la hazaña de preparar la comida para los aproximadamente 350 tripulantes que integrarán la Global Sumud Flotilla 2025, que aspira a ser la «mayor misión humanitaria» de la historia y que partirá este domingo a las 14.30 horas desde el Puerto de Barcelona.
Todo comenzó con la voluntad de ayudar, aunque sin saber exactamente cómo. Maria L. Rovira, directora de Ràdio Televisió Cardedeu, leyó en un grupo de periodistas catalanes —encargados de denunciar los asesinatos de sus colegas en Gaza— que la organización de la Flotilla buscaba cocineros. El requisito era claro: «veganos y capaces de cocinar para muchas personas». Maria no dudó en pensar en su cuñada, Vanesa Bartoll, chef especializada en gastronomía vegana y con experiencia en cáterin.
De ahí nació Cuineres per la Pau Baix Montseny, una iniciativa que desde hace días documenta en redes sociales su compromiso con la alimentación de la Flotilla.
Una red de voluntarios
Rovira y Bartoll abrieron un formulario para reclutar colaboradores. En apenas unas horas ya se habían inscrito cerca de 300 personas. Decidieron quedarse con unas 200 y organizar turnos de trabajo. «El jueves hicimos 20 menús, el fin de semana 100; lunes, martes y miércoles llegamos a 400; y el jueves y viernes ya alcanzamos 800″, detalla Maria.
Entre 15 y 20 voluntarios rotativos, repartidos en tres turnos, asumieron la tarea diaria. Al principio trabajaron en el Casal Popular La Metxera, pero cuando se vieron desbordados lograron, gracias al Ayuntamiento de Cardedeu, utilizar la cocina y el comedor de la Escola Les Aigües.
Del fogón al mar
El engranaje funciona gracias al esfuerzo titánico de un equipo estable. Vanesa, el pivote central de la cocina, junto a Andrés Herrero y Alf Mota, son los profesionales encargados de diseñar los menús. Por razones de seguridad, la información de la Flotilla les llegaba con cuentagotas, lo que les obligó a improvisar. «Todo se organiza sobre la marcha —explica Rovira—, pero lo importante es que la comida siempre se consume el mismo día en que se cocina».
Bartoll describe así la jornada: «Estoy agotada. Hemos trabajado de 9 de la mañana a 10.30 de la noche. Pero también ha sido impresionante ver a los voluntarios implicados, a los productores trayendo lo mejor de sus huertos. Te dabas la vuelta, veías sonrisas y sentías una sensación de corazón lleno y rebosante, de hermandad y comunidad».
Cada día, voluntarios con furgonetas transportan la comida en cajas de pórex hasta los activistas. En un principio, las Cuineres per la Pau solo iban a dar de comer a los tripulantes hasta la partida. Sin embargo, con la ayuda de tres nutricionistas decidieron también abastecerles en alta mar. «No será comida cocinada porque se echaría a perder —explica Vanesa—, sino una lista de productos sencillos de preparar pero con todos los nutrientes necesarios: proteínas, calorías, hidratos… Hemos previsto cantidades para unos 20 días en el mar».
La sociedad civil como motor
Maria y Vanesa, como tanta gente, presenciaban las imágenes de los telediarios con estupor. La vorágine de hambre, desplazamientos forzosos y muerte que devastan la Franja de Gaza las llevaron a agarrarse a esta iniciativa como a un clavo ardiendo. Lo que no esperaban era que tantas otras personas hicieran lo mismo. La mayor parte de la comida proviene de donaciones de pequeños negocios y productores locales, lo que ha permitido que casi el 90% de los alimentos sean ecológicos. «Con todas las dificultades que tienen, son los que nos llenan la furgoneta cada mañana gratis. Se me pone la piel de gallina solo al pensarlo«, dice Maria.
Para ella, muchos han encontrado aquí una manera de canalizar su impotencia. Pequeñas labores que proporcionan satisfacción y un sentimiento de hermandad entre quien las lleva a cabo. «Hoy nos daban las gracias ellos (los tripulantes), y nosotros se las dábamos a ellos por arriesgar sus vidas. Si nos unimos, tenemos mucha fuerza. Todo lo que hemos conseguido en 2 días ha sido un espectáculo», asegura Vanesa.
Un grano de arena frente al asedio
Cocineros y tripulantes comparten un mismo objetivo: romper el bloqueo y ayudar a la población gazatí. «Cuando ves que todo esto puede generar presión internacional para frenar este genocidio, intentamos facilitarles las cosas para que eso ocurra. Este es nuestro pequeño grano de arena», concluye Maria.
En las cocinas de Cardedeu, entre ollas, cajas de verduras y manos voluntarias, la solidaridad se convierte en alimento. Y cocinar, un gesto cotidiano, se transforma en un acto de resistencia internacional.
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