listos para la madre de todos los desfiles | elperiodico.com

Tampoco hoy se han acercado los albañiles a la reforma de uno de los salones de belleza más elitistas de Pekín. “Están prohibidas las obras hasta el próximo mes”, suspiraba la propietaria rematando una permanente en un local aledaño que chirría con la alcurnia de su clientela. Una terraza frecuentada por la juventud patria y extranjera canceló a última hora su fiesta nocturna con reputados Djs y entradas vendidas el fin de semana pasado. “Otro ensayo del desfile”, se resignaban. Horas antes, bajo uno de los puentes del distrito financiero de Guomao, los vecinos apuntaban con sus móviles a la caravana de camiones cargados de misiles, vehículos anfibios y soldadesca.
Estamos otra vez de vísperas en Pekín. No escasean los acontecimientos aquí. Las sesiones parlamentarias, los congresos del partido, las cumbres internacionales, los eventos deportivos y culturales… Lo excepcional es cotidiano para los 20 millones de habitantes que amoldan sus rutinas con flema confuciana al nutrido calendario. Y en la jerarquía de festejos nada compite con el aniversario de la victoria en lo que aquí se conoce como la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa o la Guerra contra el Fascismo.
El miércoles 3 de septiembre se cumplen 80 años y será la madre de todos los desfiles: miles de tropas con ese paso de la oca que sólo Corea del Norte puede mejorar, el armamento más rutilante , las cabriolas de los cazas coloreando el cielo… Para esos 70 minutos lleva preparándose la ciudad un mes. Dos mayores ensayos han sido ejecutados ya en los fines de semanas previos, primero con 22.000 personas y después con 40.000, durante los que se escuchaba el traqueteo de los camiones o el zumbido de los aviones.
Los envíos postales a la ciudad pasan ahora por un doble control y están prohibidas las baterías. Las crónicas suelen incidir en las medidas de seguridad acentuadas en una de las ciudades más seguras del mundo. En la almendra central, lo que queda dentro del segundo cinturón en la distribución concéntrica pequinesa, abundan las calles cortadas y los puestos de control, varios centros comerciales han sido cerrados y los cacheos y escaneos son obligatorios en el metro. También es estricto el escrutinio en Wangfujing, la más antigua avenida comercial de la ciudad, a tiro de piedra de Tiananmén. Un grupo de turistas españoles lamentaba esta semana que la policía les había cerrado el paso a centenares de metros de la plaza. No es recomendable visitarla estos días.
Medidas de seguridad
Tiananmén es un recurso habitual para resaltar el carácter policial del régimen. Ante un aniversario sensible o cónclave político, a la prensa le basta citar alguna de las medidas de control rutinarias para hablar de “excepcionales medidas de seguridad”. Estos días, excepcionalmente, el apelativo es justo. Tiananmén es una enormidad de medio millón de metros cuadrados de cemento y soviética sobriedad, sin refugio contra la lluvia ni el sol inclemente, el lugar más antipático e incómodo de la ciudad. No es recomendable visitarla estos días ni cualquier otro.
Chang’an hace ahora de muro berlinés. Es la avenida con una decena de carriles que secciona horizontalmente la capital y sobre la que se celebrará el desfile. En su tramo más céntrico, y es un concepto muy elástico, todas las calles perpendiculares estaban cortadas este fin de semana. Vi a la persona con la que me había citado en la orilla contraria, tan cerca y tan lejos, y sólo tras cubrir varios kilómetros en paralelo en bicicleta pudimos encontrarnos.
Los pequineses lidian con estos cíclicos engorros sin grandes quejas. Incluso deseaban los eventos no hace tanto. En los tiempos de plomo, cuando la contaminación los torturaba, buscaban en el calendario un alivio a sus pulmones. El Gobierno, para que nada arruinara la impresión del invitado, clausuraba fábricas, detenía obras y ordenaba llover en las vísperas. Un arsenal de cohetes con ioduro de plata ordeñaba las nubes hasta secarlas. En ningún país se ha utilizado más y mejor la lluvia artificial. Durante muchos años los pequineses se referían a los cielos inusualmente azules como cielos APEC por cómo amaneció la ciudad en una cumbre de la Cooperación Económica del Asia Pacífico.
Es probable que diez años atrás, en el anterior desfile, se les fuera la mano. Tanto había diluviado en las vísperas y tanto brillaba el sol en el día de autos que varios periodistas acabamos con quemaduras tras las horas de espera en la plaza. En Pekín abrasa en julio, quizá a principios de agosto… ¿pero en septiembre? Ni un desfile más en Tiananmén sin crema protectora.
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