La maldición de la novena sinfonía
Cuando vivíamos en Guaparo había en casa un libro grueso y fascinante titulado El Mundo de la Música, editado por Espasa Calpe en 1962. No era exactamente una enciclopedia, sino más bien una guía muy completa: incluía biografías de compositores, nociones básicas de teoría, reflexiones filosóficas sobre el arte sonoro, descripciones de instrumentos y, sobre todo, anécdotas. Muchas anécdotas. Una de ellas hablaba de lo que se conoce como «la maldición de la novena sinfonía».
Lamentablemente, ese libro se perdió como se pierden tantas cosas queridas: en esos préstamos informales de “déjamelo para una tarea, que te lo traigo el lunes…”, sin especificar jamás cuál lunes. Con el tiempo, olvidé a quién se lo presté. Pero lo que no olvidé fue el mito que leí en una de sus páginas: Desde hace más de un siglo, existe una leyenda en el mundo de la música académica que ha inquietado a compositores, directores y aficionados por igual. Se trata de “la maldición de la
novena sinfonía”, una creencia que sostiene que los compositores que escriben una novena sinfonía no logran llegar a la décima, porque mueren antes de completarla.
Todo parece comenzar con Ludwig van Beethoven, quien murió en 1827 después de componer su imponente Novena Sinfonía, la misma que incluye la famosa Oda a la Alegría. Beethoven nunca escribió una décima, aunque hay esbozos de lo que pudo haber sido. A partir de allí, el mito comenzó a tomar forma.
Otro caso muy citado es el de Franz Schubert, quien también murió joven, en 1828, poco después de terminar su Novena Sinfonía en Do mayor. Schubert dejó varias obras sin terminar, y su fallecimiento a los 31 años pareció reforzar la idea de que la novena traía mala suerte o representaba un punto sin retorno.
El mito tomó más fuerza con la figura de Anton Bruckner, quien estaba obsesionado con las sinfonías de Beethoven. Bruckner logró completar su novena, pero murió en 1896 sin terminar la décima, de la cual solo dejó bocetos. Algunos dicen que él mismo creía en la maldición, y que temía escribirla.
El caso más famoso es quizás el de Gustav Mahler, quien, según el musicólogo Norman Lebrecht, era plenamente consciente de esta superstición. Mahler trató de burlar la maldición escribiendo una obra sinfónica llamada La canción de la tierra, sin numerarla como su novena. Luego escribió su Sinfonía n.º 9, y murió antes de completar por completo la décima. “Intentó engañar al destino, pero el destino no se deja engañar”, dice Lebrecht.
Después de Mahler, otros compositores parecieron confirmar la leyenda. Ralph Vaughan Williams, Kurt Atterberg, Malcolm Arnold y Roger Sessions también murieron poco después de escribir su novena sinfonía, o sin poder completar la décima.
Algunos ven coincidencias, otros creen en una carga emocional que rodea este número. El crítico Alex Ross, en su libro El ruido eterno, menciona que la novena sinfonía suele ser vista como una culminación, un resumen del camino artístico del compositor. Eso implica una presión emocional y creativa muy fuerte, lo que podría explicar por qué muchos no llegan más
allá. “Después de la novena, pareciera que no hay nada más que decir”, escribe Ross.
Muchos músicos sostienen que esta «maldición» es solo una coincidencia alimentada por la arrativa romántica de la música clásica. Sin embargo, es innegable que la historia tiene sus ecos inquietantes. Incluso en tiempos modernos, algunos compositores se han mostrado cautelosos al acercarse a ese número
Uno de ellos fue Dmitri Shostakovich, quien logró escribir hasta quince sinfonías. Pero su novena, escrita en 1945, rompió todas las expectativas: en vez de ser una obra monumental y seria, fue breve, irónica y casi burlona. Algunos creen que Shostakovich quiso desdramatizar la idea de la novena como destino trágico.
Philip Glass, compositor minimalista estadounidense, también ha comentado que al llegar a su novena sinfonía sintió cierto respeto por la tradición que la rodea, aunque se propuso seguir adelante. Glass, afortunadamente, rompió la maldición y ha seguido componiendo después de la novena.
Pero, ¿por qué el número nueve? El número nueve tiene un significado profundo en la vida humana, pues representa el fin de un ciclo y la preparación para un nuevo comienzo. Está presente en la biología (los nueve meses de gestación), en la espiritualidad (desde el novenario, pasando por las nueve virtudes, hasta las nueve musas), en la numerología (símbolo de sabiduría y compasión) y en las matemáticas (siempre retorna a sí mismo al sumar los dígitos de sus múltiplos). En la literatura, En La Divina Comedia de Dante hay nueve círculos del infierno, nueve cielos y nueve jerarquías angélicas. Y todo rodeado de nueve planetas.
Muchas culturas asocian al nueve a momentos de cierre, reflexión y transformación. La idea de la maldición también se relaciona con el romanticismo musical del siglo XIX, donde la muerte del artista era vista como parte del mito. Un compositor que muere joven, justo después de una gran obra, entra al panteón de los genios trágicos. En ese sentido, la maldición de la novena es también una construcción cultural.
No todos creen en esta leyenda, por supuesto. Muchos compositores han escrito más de nueve sinfonías y han seguido viviendo y componiendo sin problemas. Haydn escribió más de 100, Mozart llegó a 41. Pero en el período posterior a Beethoven, la sinfonía se volvió un género más solemne, y el número nueve tomó un significado casi simbólico.
¿Es entonces la maldición real o solo una superstición? Tal vez ambas cosas. Como toda buena leyenda, funciona más por su carga emocional y simbólica que por su lógica. Nos recuerda que la música, además de notas y partituras, está llena de misterio, historia y humanidad.
Y así, cada vez que un compositor se enfrenta a escribir su novena sinfonía -por suerte cada día hay menos compositores “sinfónicos”-, hay una sombra que lo acompaña. Una sombra que viene desde Beethoven, pasa por Schubert y Mahler, y que, real o no, sigue viva en la imaginación musical del mundo.
Les invito a disfrutar de la maravillosa sinfonía N° 9 de Franz Schubert, a cargo de la Orquesta Filarmónica de Viena, a cargo de Riccardo Muti: https://www.youtube.com/watch?v=bA6pzRx6gBE
Fuente de TenemosNoticias.com: www.el-carabobeno.com
En la sección: Destacados articulistas sobre temas de política, Educación, salud, cultura de Valencia, Carabobo y Venezuela




