Miguel Méndez Rodulfo: ¿Es el petróleo el pasado?
Lapatilla
He escrito y he dicho en varios foros, que el petróleo es el pasado y que en la nueva gobernabilidad democrática no será la locomotora del desarrollo. La producción actual que los expertos promedian en un millón de b/d y que genera unos ingresos fiscales que no alcanzan para las necesidades presentes del país, menos cubrirán las demandas de la sociedad, caído el chavismo, en que habrá necesidad de reconstruir el país, sobre todo porque es clarísimo que duplicar la producción a dos millones de barriles diarios, tomará en el mejor de los casos 3 o 4 años. En tanto que llegar a cuatro millones llevará cerca de una década. Y no es un tema de aumentar la inversión petrolera privada (sector que será el que podrá invertir capital, porque el Estado venezolano no puede), ya que los pozos cuando prácticamente se abandonan, como ocurrió en los últimos 10 años, es muy difícil recuperarlos, y esto lleva tiempo. De manera que al inicio de una nueva gobernabilidad democrática, habrá que buscar fondos de otras fuentes distintas al petróleo.
Ahora bien, como Venezuela sí es “la joya de la corona” porque al mundo libre le interesa sobremanera derrotar al comunismo, parar los flujos migratorios que afectan a otros países y que saturan sus servicios públicos, eliminar las bases que el terrorismo internacional tiene instaladas en Venezuela, así como cortar el apoyo que recibe del gobierno, acabar con el narcotráfico que lesiona la vida de muchos ciudadanos en diversos países del mundo, poner fin al salvaje ecocidio que se comete en el arco minero, fortalecer la democracia, etc. De tal manera que nuestro país será receptor, por parte de organismos multilaterales y también de gobiernos, de fondos financieros: unos como donaciones y otros como préstamos blandos, los cuales permitirán el arranque de la transición. Venezuela como nación es estratégica para ordenar la región y por ello la comunidad internacional tendrá alto interés en recuperar la democracia, consolidarla y acabar con el foco de perturbación que constituye el chavismo. La comunidad sabe que si no se apoya a nuestro país, el mal puede volver. ¡De manera que es mucho lo que está en juego!
Para 1958, en los albores de la democracia, ya el petróleo tenía 44 años explotándose, de manera que entonces era el pasado, pero también el presente porque constituía la palanca para el futuro desarrollo del hierro, el acero y el aluminio, así como para los planes de proveer de agua potable y saneamiento a la población, electrificar al país, ampliar la red hospitalaria, masificar la educación, construir la vialidad necesaria, etc.
En los años 80 y 90 del siglo XX, el petróleo dejó de proveer a las arcas fiscales los recursos necesarios para satisfacer las demandas de servicio de los ciudadanos; de esta manera los diferentes sectores de la gobernabilidad (salud, educación, seguridad ciudadana, transporte, vialidad) y los servicios públicos básicos (agua, electricidad, gas, telefonía, saneamiento, etc.) fueron afectados en su desempeño y hubo una desmejora en su calidad y cantidad. La inflación subsecuente, también erosionó la capacidad adquisitiva del ciudadano
Para 1998 la producción petrolera era de cerca de 3.300.000 b/d, y sin embargo no alcanzaba, por lo que se aspiraba llegar en 5 años, según los planes de Pdvsa a cerca de 6.000.000 de b/d. Si hoy produjéramos esa cantidad de barriles el petróleo fuera otra vez pasado y presente; pero, el chavismo descarriló la apertura petrolera. Que por cierto, el padre de ella fue el ministro de energía Celestino Armas quién en 1989, al inicio del segundo Gobierno de CAP, eligió, le marco las directrices y apoyó a Luis Giusti para que dirigiera un comité que durante largo tiempo preparó los detalles de la apertura, que se inició con el petróleo liviano y mediano, pero cuyo primer hito fue el Proyecto Cristóbal Colón.
La realidad que han mostrado los medios en los últimos años es que la caída en la producción petrolera ha sido brutal; además, sus instalaciones y equipos fueron vandalizados. De manera que levantar la industria no será para nada una empresa fácil. Por lo que nos haría mucho bien que aterrizáramos, que tengamos noción cierta de la situación en el terreno y que no nos llamemos a engaños. Porque las cosas no son como queremos, o como nos gustaría que fuesen, sino como la realidad indica. Hay que luchar contra las creencias arraigadas en la mente: ya no somos un petroestado; lo fuimos y como los hidrocarburos tienen sus días contados, ya no lo seremos más.
En toda crisis surgen oportunidades, de manera que Venezuela debe aprovechar el fin del régimen chavista para que en la nueva gobernabilidad democrática, nos convirtamos en un país normal, uno que viva de la economía que creen los particulares y no que sigamos siendo monoexportadores.
Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com
En la sección: Opinión Archives – LaPatilla.com
También te puede interesar




