Pesó más el rechazo al comunismo que la memoria de Pinochet

La clara victoria de José Antonio Kast el domingo en Chile, con casi el 60% de los votos frente al poco más del 40% de Jeannette Jara, estaba dictada desde hace meses. Por un lado, era claro que Kast se impondría en las primarias … de la derecha; por otro, que Jara, aunque ganara en la primera vuelta, perdería en la segunda, porque su filiación al Partido Comunista constituía una pesada losa.
Jara se había distanciado de postulados comunistas –hasta criticó al régimen de Maduro y su fraude electoral– y se llegó a barajar que abandonaría el partido antes del domingo para romper el techo que parecía tener; no obstante, probablemente concluyó que ese paso de última hora se habría percibido como impostado. Además, a esas alturas las encuestas constataban la fuerza del rechazo de la marca comunista, por más que Jara representaba a toda la izquierda, también la moderada.
Al querer insistir en asociar a Kast con la memoria de Pinochet, pues el candidato del Partido Republicano no ha denostado completamente la gestión de la dictadura, la izquierda ponía la atención en una época en la que el comunismo tampoco estuvo libre de culpa. Y en ese pulso de relatos, pudo más el rechazo a la hipotética reversión de un modelo económico y social que, a pesar de sus deficiencias, ha dado prosperidad a Chile, que castigar una herencia que, recuperada la democracia, reluce en sus aspectos positivos. Pero es que, en realidad, las razones mayoritarias del voto no estuvieron ancladas en el periodo 1970-1990.
Es verdad que, con Kast, es la primera vez que en Chile gana un candidato a la derecha de la derecha que directa o indirectamente formó parte de la concertación (la suerte de «gran coalición» chilena) que largamente dirigió el país tras Pinochet. También Boric, más a la izquierda que la izquierda tradicional, si bien en coalición con ella, quedaba personalmente fuera de aquel consenso. La derecha que reivindicó parte del legado pinochetista ha tenido siempre su espacio en Chile y ahora, ampliada su base y, por tanto, más allá de aquellos supuestos, llega al poder. Es normal que esto ocupe algún titular; sin embargo, la motivación del grueso del voto cabe atribuirla a cuestiones del momento y no a las de décadas atrás.
Kast ha conectado con la preocupación social en torno al incremento de la violencia y a la inmigración, asuntos relacionados solo en algunos aspectos, pero estrechamente vinculados por la simplificación electoral. Aunque en eso hay mucha demagogia, la inquietud social es cierta y demanda soluciones. No es de extrañar que el electorado premie a quien propone una respuesta diferente al continuismo de políticas que se han percibido como ineficaces.
La victoria de Kast, por otra parte, además de empujar a la derecha moderada hacia postulados más escorados (también la coalición Cambio por Chile de Kast deberá rebajar algunas de sus posiciones, pues debe construir una mayoría parlamentaria contando con la coalición Chile Grande y Unido que capitaneó Evelyn Matthei como candidata), deja en una difícil posición a la izquierda moderada chilena. Esta se dejó llevar en la huida hacia adelante de Boric de redactar una nueva Constitución alejada de las necesidades ciudadanas, que no prosperó, y ahora ha quedado desdibujada bajo la etiqueta comunista de Jara.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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