Ahora o nunca, los iraníes quieren aprovechar la caída de Maduro

En los últimos años, la República Islámica de Irán ha sido centro de protestas en las que siempre ha existido el mismo deseo: apartar del poder a Ali Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989 y poner fin a 47 años de régimen de los … ayatolás. Pero de momento, tanto las de 2017, 2018 y 2019 (motivadas todas por la subida de los precios de la gasolina y otros productos básicos) como las de 2022, las más fuertes hasta el momento, que comenzaron cuando la joven kurda Mahsa Amini murió bajo custodia de la Policía de la moral por no cumplir el código de vestimenta, no han conseguido el cambio de régimen tan ansiado. Las de 2022 pusieron contra las cuerdas al poder iraní, con miles de personas, y sobre todo de jóvenes, saliendo cada día a protestar por las calles de la gran mayoría de las ciudades iraníes. Pero una fuerte represión, con centenares de muertos y miles de arrestados, pusieron fin a semanas de protestas que no lograron cambiar el régimen pero marcaron un punto de inflexión social político en Irán.
Ahora, una nueva oleada de manifestaciones en el país persa vuelve a suscitar la misma pregunta: ¿será esta la ocasión que termine con 47 años de poder de los ayatolás? Ahora, por primera vez, los gobernantes del país se enfrentan a un desafío más complejo: el creciente malestar interno sumado a una amenaza militar externa.
«Entramos en el décimo día de unas protesta que están siendo históricas», explica Rym Sheermohammadi, traductora y activista, de origen iraní que lleva más de tres décadas viviendo en España. Las manifestaciones han alcanzado más de 220 localidades en 26 de las 31 provincias de Irán, según informó la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, la madrugada del lunes. El número de muertos asciende al menos a 20 con más de 990 detenidos.
Los gobernantes del país se enfrentan a un desafío más complejo: el creciente malestar interno sumado a una amenaza militar externa.
Todo comenzó el pasado 28 de diciembre, cuando los comerciantes del Gran Bazar de Teherán dijeron «basta» por la alta subida de los precios y cerraron sus tiendas. «Lo que nadie se imaginaba es que al día siguiente -del inicio de las protestas- los universitarios se unieran sin ni siquiera un llamamiento. Imagina el nivel de descontento», explica Sherrmohammadi.
«Las protestas responden a causas económicas y estructurales profundas. Irán atraviesa una grave crisis económica, energética e hídrica. Las sanciones internacionales no han logrado modificar la conducta política de la República Islámica y, en cambio, han tenido un impacto negativo directo sobre la población», explica en llamada telefónica el hispanoiraní, experto en relaciones internacionales, Daniel Bashandeh.
Situación insostenible
Las sanciones de las que habla el experto son las impuestas en los últimos meses por la ONU, la Unión Europea y Estados Unidos como respuesta al rearme de Irán y la continuación con su programa nuclear. El desplome del rial (la moneda iraní) ha provocado una crisis económica cada vez mayor y la más afectada ha sido la clase media. Los precios de productos básicos como la carne, el arroz y y la gasolina han subido y el país está lidiando con una tasa de inflación anual cercana al 40%. Pero lo que comenzó como un movimiento para expresar su malestar por la situación económica se ha ampliado, con manifestantes coreando consignas contra el Gobierno iraní. En los últimos días , los estudiante y activistas han dado un paso más y han comenzado a corear «muerte al dictador» y «mujer, vida, libertad», la misma consigna que en las manifestaciones de 2022.
«Las autoridades han priorizado la ideología por encima de una gestión económica eficaz. Al mantener el control de los recursos y de su distribución, y apoyarse en la lealtad de las fuerzas militares, Jamenei ha asegurado la fidelidad de sectores clave del régimen. Sin embargo, esta estrategia ha marginado a una amplia mayoría de la población, que demanda cambios drásticos, especialmente, legales y políticos. La brecha entre la población y el régimen cada vez es más grande. Cualquier intento de reforma política constituye una amenaza directa al poder de Jamenei», apunta Bashandeh.
A medida que las protestas han aumentado, también lo ha hecho la preocupación del gobierno. El presidente iraní, el reformista Masoud Pezeshkian, anunció inicialmente que había ordenado a las autoridades que escucharan las «demandas legítimas» de los manifestantes y afirmó que buscaba el diálogo con los líderes de la protesta. Sin embargo, el líder supremo apeló a la mano dura y declaró el sábado que «los alborotadores deben ser puestos en su lugar».
Debilidades del régimen
Aunque de momento estas manifestaciones no se pueden comparar en intensidad y duración con las de 2022, se producen en un momento de extrema debilidad para el régimen. La guerra de los 12 días librada en junio contra Israel puso de manifiesto la debilidad iraní. Fue un duro golpe para la imagen del régimen iraní, que durante años había afirmado que Israel no se atrevería a atacar a Irán en su propio territorio. Los iraníes vieron a los israelíes refugiarse en búnkeres, mientras ellos tenían que apiñarse en estaciones de metro y huir de Teherán bajo la amenaza de bombas, preguntándose por qué su país no estaba mejor preparado.
Por otro lado, está la intervención de Estados Unidos en Venezuela, uno de los aliados más cercanos de Irán, que «puede interpretarse como una continuación de lo que pueda ocurrir en Irán y refuerza la idea de que EE.UU. no necesita recurrir a un conflicto directo para neutralizar a líderes clave e imponer su agenda política».
«La caída de Maduro da esperanzas , sobre todo ahora que se ha concretado pero el futuro del país tiene que estar en manos de la gente iraní, sin imposiciones», dicen desde el país. La sensación, según las personas contactadas es que es «ahora o nunca» para poner fin a 47 años de régimen islamista.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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