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Opinión

Jonathan Benavides: El ocaso de los ayatolás

📅 🕐 15 Ene 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 10 min de lectura
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Contradiciendo los pronósticos, las protestas contra los ayatolás en Irán continúan y pese al corte de Internet, parece que irá a más. ¿Con qué se puede comparar?, ¡con el mismo Irán del Sha en 1979!. ¿Puede el Ayatolá Jamenei terminar igual que Pahlavi?.

Desde hace dos semanas Irán está viviendo una serie de masivas protestas, provocadas mayormente por la crisis económica pero que han devenido rápidamente en demandas políticas, reclamando el derrocamiento del opresivo régimen islámico que gobierna el país desde 1979. Frente a esto, algunos analistas ya han sugerido que el régimen se encuentra en una fase “prerrevolucionaria”, con signos de agotamiento que anticipan cambios importantes. Otros disienten, pero coinciden en que el régimen de los ayatolás liderado por Alí Jamenei se debilita.

Un ejercicio interesante (y tal vez útil) para saber si Irán se encuentra cerca del colapso de su régimen actual es compararlo con la última vez que en Irán se produjo un cambio de régimen: la revolución liderada por Ruhollah Jomeini que destronó a la Dinastía Pahlavi en 1979. El desplome de la monarquía persa en febrero de 1979 y la huida del Sha Mohamed Reza Pahlavi fue, en el momento en que ocurrió, una sorpresa para analistas e historiadores, básicamente porque no cumplía ninguno de los criterios que muchos consideraban necesarios para algo así.

Durante la era de Pahlavi, Irán experimentó un crecimiento descomunal (casi triplicando su PIB per cápita entre 1950 y 1979), tenía indicadores sociales envidiables para Oriente Medio, una clase media en franca expansión, fuerte inversión en educación y un Estado “moderno”. En suma, el Irán de Pahlavi no tenía ni la miseria extrema, ni el Estado frágil, ni el desarrollo industrial incipiente que, por entonces, los académicos consideraban requisitos casi universalmente excluyentes para que una revolución tuviera lugar. Entonces, ¿qué fue lo que pasó?.

Lo primero que destruyó al régimen de Pahlavi fue su falta de legitimidad política. Desde el autogolpe de 1953, el Sha gobernaba como monarca absoluto y subestimaba enormemente el poder social o incluso institucional de numerosas entidades a las que eligió reprimir con dureza. De este modo, para cuando estalló la revuelta el Sha se había enfrentado con prácticamente todos los estamentos de la sociedad iraní: el clero, los partidos (que proscribió), los sindicatos y los sectores comerciales. Solo hacía falta que surgiera un liderazgo alternativo. No hay que ser un politólogo experimentado para entender que es RARÍSIMO (por no decir una excepción casi única) que un régimen caiga principalmente por falta de legitimidad política. Por supuesto que no fue el único factor, pero sin duda el determinante. Luego viene la economía.

La crisis económica que tumbó al Sha (provocada por la desaceleración post-crisis del petróleo), fue comparativamente “moderada” para estándares globales. Cualquier otra crisis prerrevolucionaria la deja en pañales, y fue sin duda menos grave que la que tienen hoy los ayatolás. En principio, al Irán pre-1979 lo afectó que el acelerado crecimiento fue muy desigual. Al iraní promedio le iba mucho mejor que hacía treinta años pero la riqueza seguía muy concentrada y las perspectivas de ascenso social eran limitadas, lo que provocó frustración juvenil. Entre 1976 y 1977, el crecimiento se detuvo de forma casi totalmente abrupta, lo que elevó las frustraciones sociales en medio de un alza de la inflación y con muchos jóvenes educados desempleados. Todo mientras el Sha exaltaba logros macroeconómicos que la gente percibía ajenos.

El evento coincidió con un período en el que el régimen se volvía más errático a medida que Pahlavi (gravemente enfermo) se debilitaba. Cosas como la imposición de la afiliación obligatoria a un partido único o el gasto excesivo en ceremonias lujosas irritaron a la población. El liderazgo opositor unificado en la figura de Ruhollah Jomeini (que pudo engañar a la opinión occidental y a la misma oposición secular haciéndose pasar por un ícono religioso despolitizado) contribuyó también a construir un polo de poder alternativo al Sha con mucha rapidez. Aunque Irán era una sociedad secularizada, el rechazo al discurso occidentalista del Sha (visto como sumiso con Estados Unidos) ayudó a dar cabida al islamismo de línea dura poco a poco. Es difícil determinar si la sociedad iraní abrazó el islamismo o si fue algo colateral. Así, si juntamos esa frustración económica con la ausencia total de legitimidad del orden político y la oposición unificada, se entiende por qué el régimen de Pahlavi no sobrevivió a una desaceleración económica que otro gobierno podría haber capoteado con cierta facilidad.

Ya explicado por qué cayó Pahlavi, procedemos entonces a contrastar el Irán de 1979 con el de 2026, para ver si Jamenei puede correr el mismo destino. Los ayatolás tienen algunos puntos a favor, pero en otras cosas pareciera que están viviendo un “1979 al cuadrado”. ¿Por qué?.

La crisis económica que vive Irán hoy es incomparablemente más grave que la que vivió antes de la revolución: inflación crónica, colapso del rial, pobreza extendida y sensación de supervivencia cotidiana. No es cuestión de expectativas, los iraníes saben que están peor que antes. Asimismo, debido a su causa económica, a las protestas se están sumando actores importantes que no habían participado en instancias de protesta anteriores, como los comerciantes de bazares, por medio de huelgas masivas. Los comerciantes fueron claves para tumbar al Sha en 1979. Luego tenemos una aguda crisis de legitimidad. El régimen islamista tiene una ideología rectora con una penetración social mucho más profunda que la de Pahlavi, pues la religión suele resistir mejor que la popularidad política o el tradicionalismo monárquico, pero hay matices.

Quizá como consecuencia directa de la represión y la imposición, los iraníes están entre las sociedades más seculares del mundo musulmán. Hay un colapso en la asistencia a servicios religiosos (la más baja de la región) y el incumplimiento de normas islámicas es cada vez mayor. Muy como en 1979, aunque la crisis económica es el detonante final, por detrás está la cada vez más iracunda frustración política, pero a una escala mucho mayor. Lo reflejan los ciclos de protestas anteriores, como las que hubo tras la muerte de Mahsa Amini entre 2022 y 2023.

Un punto interesante es el plano internacional. Aunque el régimen del Sha era aliado de Occidente, el gobierno de Jimmy Carter se había distanciado de él en los dos años previos a la revolución, exigiéndole reformas democráticas, y se mostró relativamente pasivo ante la revuelta. Acá la situación es mucho más grave: Estados Unidos es un enemigo agresivo del régimen iraní, Trump viene de haber extraído a Maduro de Venezuela militarmente de un plumazo y está profiriendo amenazas contra Jamenei justo después de haber demostrado que cumple sus amenazas. Ok, descargo de responsabilidad, es mucho más improbable que Estados Unidos se meta en Irán de la misma forma que con Venezuela y las condiciones son diferentes. Sin embargo, si el panorama internacional no jugó un papel favorable al Sha, menos lo va a hacer ahora con Jamenei.

Finalmente, tenemos un régimen sin sucesor claro: Jamenei es el quinto gobernante más viejo del mundo y el que tenía chances de sucederlo, Ebrahim Raisi, murió en un accidente. Misma situación con Pahlavi en 1979, que estaba enfermo y su heredero por entonces era demasiado joven. Y ya que hablamos del heredero, de un tiempo a esta parte la figura de Reza Pahlavi, hijo del Sha, ha empezado a crecer como un líder opositor cada vez más viable. Aclarando que está lejos, muy lejos, de ser Jomeini en 1979, es evidente que ya no es una personalidad periférica.

Hace años que Pahlavi preside un bloque de oposición en el exilio, con apoyo de la diáspora (muchos de los iraníes en el exilio siguen viéndolo como su rey) y el respaldo occidental que le ha dado más visibilidad mediática que a otros opositores, pero limitado por el antimonarquismo. Pahlavi ha declarado que su intención no es restablecer el régimen previo, sino asumir la jefatura de Estado interina hasta que se puedan hacer elecciones, y que su aspiración eventual pasaría por celebrar un referéndum para convertir al país en una monarquía parlamentaria. Creyéndole o no, en tiempos recientes el perfil de Pahlavi dentro de Irán ha ido aumentando entre los jóvenes, que lo ven como “el único que hace algo”, sobre todo con el desangramiento de los liderazgos reformistas institucionalistas, incapaces de generar cambios concretos.

Se ha generalizado usar la bandera prerrevolucionaria con el león como un símbolo de la oposición. Incluso muchos iraníes no monárquicos la usan. Pese a que su posesión está estrictamente prohibida en Irán, cada vez más veces ha sido vista en manifestaciones dentro del país. Muchos han considerado que la posición política de Pahlavi se veía complicada por su falta de estructura movilizadora dentro de Irán. Tal y como sucedió con la escalada sin precedentes de las protestas, otra cosa cambió en esta semana que puede hacerles comer sus palabras. Hace unos días Pahlavi llamó a los iraníes a corear consignas a una hora específica, la primera vez que él mismo convocaba a una protesta en vez de solo apoyar las espontáneas. Tuvo un acatamiento muy alto y además las protestas posteriores escalaron hasta que el régimen cortó el internet. El primer punto siempre estará sujeto a cuestionamientos y relativizaciones, pero por lo menos quedó claro que Pahlavi tiene una base lo bastante grande de partidarios internos como para hacerse notar. Lo segundo es irrefutable: el régimen por lo menos algo de miedo le tiene.

Hay una diferencia notable en la represión. Aunque el Sha fue un represor despiadado, su respuesta a las protestas de 1978 fue vacilante y eso ayudó a derrocarlo. Todavía no vemos a los ayatolás vacilar en matar decenas de manifestantes a tiros. Mientras que el Sha redujo la represión (forzado por Carter) y esto volvió la gestión autoritaria del régimen mucho más caótica, los ayatolás presiden ahora su período con más ejecuciones desde la muerte de Jomeini, muchas con el único propósito de aterrorizar a la población. Si esa es su intención, sin embargo, el efecto parece ser el contrario. Lo evidencian las imágenes de las protestas en Teherán que incluyen la quema de edificios públicos, así como las agresivas puebladas en ciudades chicas que provocan la huida de los policías islámicos.

El régimen de los ayatolás está mucho más decidido que el del Sha a preservar el poder a cualquier costo, pero enfrentando una crisis social y política de dimensiones proporcionales. Así, es posible decir que Irán está cerca de vivir una “peor versión” de lo que vivió en 1979. Las comparaciones siempre se deben hacer guardando las distancias. Nadie puede jurar que Jamenei caerá hoy o mañana. Sin embargo, aún si sobreviviera a esta oleada de protestas, los cambios en la estructura política y social de Irán no solo son necesarios, sino inminentes.

 

@J__Benavides

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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