EE.UU. acusa a Bruselas de financiar una guerra contra sí misma ante el acuerdo con la India

«Estamos financiando una guerra contra nosotros mismos». La advertencia, pronunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, cayó en Washington con más fuerza que el propio anuncio del acuerdo comercial entre la Unión Europea y la India. Mientras Bessent marcaba posición con … una acusación directa a Bruselas, el presidente Donald Trump optaba por el silencio. Un silencio medido, interpretado en la Casa Blanca como una pausa deliberada antes de decidir si el pacto merece una respuesta política o comercial.
El acuerdo UE-India, presentado por ambas partes como «la madre de todos los acuerdos», no ha sorprendido por su ambición, sino por el contexto en el que se firma. Llega tras un año de sacudidas en el comercio internacional provocadas por la política arancelaria de Estados Unidos y en un momento en el que Europa y varias potencias medias buscan protegerse de una Casa Blanca que ha convertido los aranceles en instrumento central de presión.
Bessent fue explícito. Recordó que Estados Unidos impuso aranceles del 25% a la India por su compra de petróleo ruso y subrayó la paradoja que, a su juicio, encierra el acuerdo europeo: Rusia vende crudo a la India, la India lo refina, y Europa compra los derivados. «Los europeos compran el producto final», dijo, «y así financian una guerra contra ellos mismos». El mensaje iba dirigido tanto a Bruselas como al Congreso estadounidense, donde crece la sensación de que Washington está pagando un precio mayor que sus aliados desde el inicio de la guerra en Ucrania.
El presidente, sin embargo, no ha dicho una palabra. En el Ala Oeste, Trump suele dejar que sus secretarios expongan el marco antes de intervenir. El silencio implica un cálculo. El acuerdo toca un punto sensible de su agenda, es decir la idea de que el acceso al mercado estadounidense debe estar condicionado y que los aliados no pueden beneficiarse de una globalización que, según Trump, ha jugado en contra de Estados Unidos.
Desde su regreso a la Casa Blanca, la política comercial ha sido coherente en su dureza. En 2025, Estados Unidos impuso aranceles a decenas de países, incluidos socios históricos. La Unión Europea fue gravada con un 15% pese a existir acuerdos previos, y la India sufrió algunos de los tipos más altos, en parte como castigo por su relación energética con Rusia. El mensaje era claro: Washington no iba a subvencionar, directa o indirectamente, economías que mantuvieran vínculos con Moscú.
Ese enfoque ha tenido consecuencias. En Bruselas, ha alimentado la percepción de que la relación transatlántica ya no ofrece garantías de estabilidad, ni siquiera en el ámbito comercial. La idea de «desarriesgar» de Estados Unidos —un concepto que hasta hace poco se aplicaba casi exclusivamente a China— ha empezado a ganar terreno entre diplomáticos europeos. De ahí la carrera por cerrar acuerdos con terceros países y reforzar alianzas alternativas.
Los acuerdos de la India
La India ha reaccionado de forma similar. Tras el golpe arancelario estadounidense, Nueva Delhi intentó negociar un acuerdo bilateral con Washington, sin éxito. Al mismo tiempo, reforzó su discurso de autonomía estratégica y aceleró pactos con otros socios. En el último año ha firmado acuerdos con Reino Unido, Nueva Zelanda y Omán, y ahora culmina uno con la UE que crea una de las mayores zonas de libre comercio del mundo.
El pacto llega además en un momento delicado para la relación entre Estados Unidos y la India. Las tensiones se han acumulado, desde la cuestión del petróleo ruso hasta el choque diplomático provocado cuando Nueva Delhi desmintió públicamente que Trump hubiera mediado un alto el fuego con Pakistán. En Washington, ese episodio dejó huella y reforzó la idea de que la India no está dispuesta a alinearse plenamente con la Casa Blanca.
El acuerdo con la India se presenta en Europa como una apuesta estratégica y como una red de seguridad frente a un socio estadounidense cada vez más imprevisible. El episodio de Groenlandia, con amenazas de aranceles a varios países europeos, incluso después de haber firmado un acuerdo con Washington, terminó de consolidar esa percepción. Aunque Trump dio marcha atrás, el mensaje quedó claro.
La incógnita es qué hará el presidente. Algunos republicanos temen que una reacción excesiva agrave las tensiones con Europa en un momento en el que la cooperación en seguridad sigue siendo crucial. Otros creen que Trump utilizará el acuerdo como justificación para reforzar su ofensiva arancelaria y demostrar que Estados Unidos no puede ser el único dispuesto a asumir costes.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.abc.es
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