esto fue lo que dijo la líder opositora venezolana en su charla, sobre la situación actual de su país

María Corina Machado fue una de las invitadas al Hay Festival Cartagena, 2026. Ella, quien no pudo asistir presencialmente al evento, se conectó y a través de una videollamada habló por más de una hora con Michael Stott, quien fue editor para América Latina del diario británico Financial Times. Estuvo en Tokyo como editor jefe del Nikkei Asian Review, un periódico japonés que cubre negocios y política. Además, se desempeñó como editor de noticias del Financial Times con sede en el Reino Unido.
Estas son las preguntas que le hizo el periodista a la galardonada con el Premio Nobel de Paz 2025.
Michael Stott: Quizás podríamos comenzar con una noticia que acaba de salir, una noticia de última hora. La presidenta encargada del Rodríguez anunció un proyecto de ley de amnistía general en Venezuela. para cerrar heridas. ¿Cuál es su reacción?
María Corina Machado: Bueno, como todos sabemos, Mike, durante 27 años hemos vivido un proceso brutal de persecución, represión y silenciamiento de las voces de los ciudadanos: periodistas, activistas de derechos humanos, amas de casa, estudiantes, maestros, médicos, economistas y, por supuesto, dirigentes políticos. Hoy en día hay presos políticos que acumulan hasta 23 años de prisión; me refiero, por ejemplo, a los tres policías metropolitanos.
También hay personas que han sido detenidas y desaparecidas en las últimas semanas, después del 3 de enero. Son 16 personas que fueron detenidas y que permanecen privadas de la libertad en estos meses recientes. Evidentemente, el aparato represivo del régimen es brutal y ha respondido a los intereses de las múltiples fuerzas criminales que conforman ese régimen.
Esto, sin embargo, libera a las fuerzas democráticas que han logrado unir a un país, y para mí no cabe ninguna duda de que, cuando eso ocurra plenamente, será el fin de la tiranía. Obviamente no es algo que el régimen haya querido hacer de manera voluntaria, sino que es producto de la presión real que ha recibido por parte del gobierno de los Estados Unidos.
Ojalá sea así, y ojalá los más de 700 presos que aún permanecen en los centros de tortura en Venezuela puedan estar con sus familias muy pronto. Gracias, Mike. Ahora, retrocedamos un poco en el tiempo hasta el 3 de enero, ese momento definitivo de este año.
Michael Stott: ¿Dónde estuvo usted cuando supo la noticia de la que ha ido de Mendoza? ¿Cómo reaccionó? ¿Cuál fue su reacción inmediata?
María Corina Machado: Yo estaba dormida en ese momento. Creo que, como la mayoría de ustedes, no estaba en contacto con nadie en Venezuela en ese instante. Sin embargo, minutos después comencé a recibir mensajes desde distintas partes de Caracas y también de venezolanos que se encontraban en otras partes del mundo, que se estaban enterando de lo que estaba ocurriendo. Todo empezó a desarrollarse en tiempo real: evaluar lo que pasaba y tratar de entender su alcance.
Creo que todavía estamos procesando la dimensión de este hito, que para mí representa un verdadero parteaguas en la historia de Venezuela, e incluso me atrevo a decir que de Occidente. Sin lugar a dudas, hasta horas antes muchas personas y expertos aseguraban que era imposible que algo de esta naturaleza ocurriera.
Hoy Nicolás Maduro y Cilia Flores están enfrentando la justicia de los Estados Unidos, sobre la base de investigaciones que han demostrado sus delitos, sus crímenes contra millones de venezolanos y contra las leyes nacionales e internacionales. Es un momento en el que aún estamos evaluando el impacto y las consecuencias que esto va a tener, tanto en el corto plazo para Venezuela como para el hemisferio.
Hubo, por supuesto, un primer momento de euforia para muchos, marcado por la captura de Maduro y su salida del poder. Pero después de un par de semanas apareció otro sentimiento, una preocupación creciente: la sensación de que el chavismo parecía intacto. Ahí siguen Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello, Padrino, y todo ese aparato gubernamental que continúa funcionando. Entonces surge esa idea de que todo cambió y, al mismo tiempo, nada cambió.
Michael Stott: ¿Cuál es su reacción a eso?
María Corina Machado: Coincido contigo en que el pueblo de Venezuela todavía no ha celebrado. Lo que ya sabemos es que estamos en un camino irreversible e incontenible hacia la democracia y hacia el reencuentro, y no se ha celebrado porque los venezolanos hemos aprendido, de una manera tremendamente dolorosa y costosa, lo que significa la maldad y la crueldad de este régimen.
Un régimen que es capaz de tener preso a un bebé de meses simplemente porque su mamá está casada con un disidente militar. Es una crueldad de ese nivel. Por eso la gente sabe que estamos frente a una estructura criminal que comienza a desmontarse, pero que todavía conserva una capacidad de daño brutal.
Mi impresión es que, si bien todos tenemos una urgencia inmensa —porque este es un tema de vidas, literalmente de vidas—, yo hablo con las madres de los presos políticos que están haciendo vigilia desde hace tiempo en los centros de detención, y su angustia es absoluta. No saben qué va a pasar con sus hijos, cuándo los van a poder abrazar; lo mismo ocurre con hermanos, esposas y padres.
Pero al mismo tiempo entendemos que desmontar esta estructura es algo tremendamente complejo. Siento que, aunque existe esa angustia, también hay una enorme comprensión de que se está avanzando y de que el momento va a llegar para que el pueblo de Venezuela se exprese, se reencuentre y haga valer nuestra enorme aspiración, nuestro deseo y el mandato popular que expresamos en favor de la libertad el 28 de julio de 2024.
Y bueno, la captura de Maduro fue obviamente una decisión de los Estados Unidos, y más concretamente del presidente Donald Trump. Usted tuvo, además, la oportunidad de reunirse con el presidente estadounidense hace poco.
Michael Stott: ¿Y qué pensó al respecto?
María Corina Machado: Fue una reunión a la que fui con mucha expectativa y con plena conciencia de la responsabilidad que implicaba, porque al final estamos hablando del destino de millones de vidas humanas que se están decidiendo en este momento. Y no me refiero solo a los venezolanos, sino también a los colombianos, cubanos, nicaragüenses e incluso a ciudadanos de países tan distantes como Irán, que están observando y siguiendo lo que ocurre en Venezuela con esperanza, inspiración y respeto.
Fui con esa conciencia de la importancia del momento y presentando lo que nosotros tenemos, que es la verdad. Transmitir lo que ha sido esta lucha de 27 años, aferrados a la verdad y al deseo de que Venezuela pueda finalmente conquistar la libertad. Esa es la gran aspiración que ha unido al país: un país de todos los sectores, de todas las regiones y de todas las posiciones políticas previas. Lo que queremos es algo muy simple y profundamente humano: queremos a nuestros hijos de regreso en casa, queremos reunir a nuestras familias.
Con esa conciencia fui a la reunión, y puedo decirte que fue una conversación sumamente franca y honesta. Encontré a un jefe de Estado muy bien informado, muy consciente de lo que está ocurriendo en Venezuela y de la naturaleza del régimen, pero además genuinamente preocupado por lo que está sintiendo el país. Una buena parte de la conversación estuvo enfocada en cuáles son los principales problemas, desafíos y angustias que vive el pueblo venezolano y en cómo se pueden resolver, no solo en el corto plazo, sino de manera estructural hacia el futuro.
No estamos pidiendo soluciones superficiales para aliviar momentáneamente una crisis humanitaria. Estamos hablando de cómo abordar de forma estructural la debilidad de nuestras instituciones, que han sido devastadas por estos 27 años de un sistema criminal, y de cómo construir instituciones republicanas que nos permitan crear un marco para los próximos cien años. La idea es convertir a Venezuela en un ejemplo de una nación que se levanta después de una devastación como esta y se transforma en una inspiración para el mundo.
Por supuesto, hay un gran interés en el potencial económico de Venezuela, en la posibilidad de contribuir a la seguridad energética de Estados Unidos y del hemisferio, y en abordar temas como la migración, para que millones de venezolanos puedan regresar voluntariamente a su país. Pero, ante todo, hubo una preocupación muy clara por las vidas humanas, por salvar vidas, y eso estuvo muy presente en la conversación que tuve con el presidente Trump.
A menudo se escucha el comentario de que a Trump solo le interesa el petróleo y que no le interesa la democracia. Esa no fue mi impresión. Desde luego que le interesa el petróleo, los minerales y las extraordinarias oportunidades de negocio que tiene Venezuela para generar empleo en Estados Unidos, integración regional y, sobre todo, seguridad, considerando que Venezuela está ubicada en el corazón de las Américas.
Hoy el país se ha convertido en un santuario para operaciones criminales y para intereses de otros regímenes como Rusia, Cuba y China, así como de grupos criminales y terroristas, de la guerrilla colombiana y de los carteles del narcotráfico, que han encontrado un gran aliado en el régimen de Chávez, Maduro y Delcy Rodríguez, porque todo es lo mismo. Eso representa una amenaza enorme para la seguridad hemisférica y es, obviamente, una gran preocupación.
Pero también existe la conciencia de que transformar a Venezuela en un ejemplo es posible, porque el país cuenta con recursos económicos que, lamentablemente, otros países no tienen. Venezuela puede financiar y asumir los costos que implica una reconstrucción después de una devastación como la que hemos vivido. De eso hay plena conciencia por parte del presidente y de su equipo.
Quiero destacar, además, que el secretario de Estado, Marco Rubio, es quizá una de las personas que mejor conoce América Latina. Entiende las amenazas que representa el régimen chavista-madurista para todo el hemisferio y también el impacto monumental en generación de riqueza, bienestar humano y bienestar social que va a significar la transición a la democracia en Venezuela, una transición que va a venir.
No tengo ninguna duda de eso. Venezuela va a ser libre y la vamos a transformar en un país al que puedan regresar millones de personas que fueron forzadas a irse, y donde se les puedan ofrecer oportunidades a todos los venezolanos, independientemente de sus preferencias o posiciones. Vamos a hablar más de esa transición que todos anhelamos profundamente.
Michael Stott: ¿Cuándo se van a dar los próximos pasos? ¿Cómo debería hacer esa transición política en Venezuela ahora?
María Corina Machado: Esto es algo que he escuchado durante todo este tiempo. Evidentemente, mucha gente dice: “Han pasado cuatro semanas desde el 3 de enero”, o “han pasado 18 meses desde el 18 de julio”, o incluso “han pasado 27 años”. Y cada día que pasa cuenta. Cada día hay niños venezolanos que cruzan el umbral del daño irreparable: en su cuerpo, en su mente, en su alma.
Cada día hay cientos de presos políticos que pasan una noche más en la oscuridad, en el frío, en la soledad o en el terror. Hay niños que están creciendo sin alimentación adecuada, sin escuela, sin sus madres. Es decir, cada día cuenta, y cada día se mide en vidas.
Ahora bien, también siento que aquello que parecía imposible de lograr se ha ido alcanzando. Primero, unir y levantar a un país. Segundo, construir una fuerza social, cultural y política capaz de enfrentar y derrotar al régimen, y de demostrar nuestra victoria. Y tercero, comprometer, de la manera en que se ha logrado, a aliados internacionales que tienen fuerza real para aplicar la justicia. Todo eso nos ha traído al punto en el que estamos hoy. Nunca antes habíamos estado en una posición de este nivel de fuerza, una fuerza que además está generando tanto entusiasmo hacia adentro.
Creo que es importante construir un cronograma razonable que establezca hitos claros, porque eso le da certeza y tranquilidad a los venezolanos. Ese cronograma, al menos para mí, no está todavía del todo claro, pero sí siento que los acontecimientos se están acelerando en los últimos días, incluso en las últimas horas. La situación actual es absolutamente insostenible. No hay manera de que una persona que ha sido corresponsable de esta realidad pueda generar confianza o estabilidad; eso no existe. Rodríguez es incapaz de generar cualquier tipo de estabilidad económica, política, militar o de seguridad, de ninguna naturaleza.
Michael Stott: ¿Cuándo va a volver a Venezuela?
María Corina Machado: Me alegra que estés entusiasmado con la idea de que yo regrese a Venezuela. “Tenemos que esperar”, dices tú. Bueno, si quieres, te aviso y te vienes conmigo. Para quienes nos están escuchando, en mi última gira hacia el occidente del país, cuando fuimos al estado Zulia, hubo un grupo muy importante de periodistas extranjeros que nos acompañó y vivió esa experiencia con nosotros; tú estabas entre ellos.
Me pareció, además, muy valiente de tu parte, porque no todo el mundo se atrevía en ese momento a recorrer el país conmigo y con nuestro equipo, por todo lo que implicaban las amenazas y los ataques que sufrimos. Tú lo viste con tus propios ojos, lo sentiste: lo que era Venezuela en ese momento fue una experiencia inolvidable. Eso fue en julio de 2024; imagínate ahora, cuando la gente siente que ya estamos aquí, que estamos tocando la libertad.
Cuando hablo con muchachos que están en distintas partes del mundo, me dicen: “María Corina, ya estoy haciendo mis maletas”. Padres que me dicen: “Yo ya estoy calentándole el cuarto y limpiando las sábanas porque sé que mi hijo va a volver”. Es un sentimiento que crece, y todos queremos regresar, empezando por mí.
Cuando tomé la decisión de salir de Venezuela, lo hice con la convicción de que tenía una misión que cumplir afuera. Estoy haciendo todo lo posible para que esos objetivos se cumplan lo más rápido posible y, tan pronto como logremos esas tareas —hay mucha gente trabajando en eso—, poder regresar a nuestro país y acompañar a los venezolanos en estas horas históricas.
A veces veo las vigilias frente a las cárceles, a los muchachos, a los estudiantes protestando, a compañeros que salen de la clandestinidad, y pienso: “Dios mío, yo quiero estar ahí con ellos, quisiera estar ahí”. Pero luego me digo: “No, estás haciendo lo que tienes que hacer”, y estoy convencida de que estoy donde puedo aportar más a la causa venezolana.
Así que la respuesta corta es: lo más pronto posible, una vez que llegue el momento correcto. Y estamos construyendo ese momento.
Sé que hay muchos venezolanos, Mike, que dicen: “Yo lo que quiero es llegar a tiempo a Venezuela para estar ahí, en el puente, con los brazos abiertos recibiéndolos”. Venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos. Venezuela va a ser esa tierra de gracia, de celebración de la libertad, de celebración de que fue posible lo que nos dijeron que era imposible.
Y esto va a generar ondas expansivas de entusiasmo y libertad que van a llegar a Cuba, que van a llegar a Nicaragua, que van a llegar a muchos otros países. No vamos a descansar hasta que eso ocurra, porque es la misma causa.
Michael Stott: ¿Qué transición política que haya habido en el mundo es ejemplar para Venezuela?
María Corina Machado: Esta transición la vamos a hacer como hemos hecho todo este camino: a la venezolana. Mira, las condiciones que tiene Venezuela son únicas. En primer lugar, me atrevo a decir que tenemos una de las sociedades más cohesionadas del mundo hoy.
Te invito a pensar qué otro país tiene al 90 % de su población diciendo que quiere lo mismo en términos de las grandes aspiraciones. Por supuesto que existen diferencias ideológicas —y gracias a Dios, porque sería aburridísimo vivir en un país donde todo el mundo esté de acuerdo—, pero en lo esencial hay un consenso muy claro: queremos una sociedad donde el Estado esté al servicio del ciudadano y no sirviéndose de él, como ha sido lo único que hemos conocido.
Queremos una Venezuela donde todos seamos iguales ante la ley; un país donde la dignidad humana sea sagrada, donde la propiedad privada sea sagrada, donde se proteja a la familia, donde cada vida valga, y donde se prioricen la educación, la oportunidad y el mérito como mecanismos de ascenso. Hemos aprendido mucho, y somos una sociedad profundamente unida.
Y esa unidad no se limita solo a los civiles; también alcanza a los militares. Venezuela, además, tiene una cultura democrática que no tienen otros países cuando se nos compara con transiciones o cambios de régimen en el Medio Oriente. Nosotros tenemos una cultura democrática, pero también una organización cívica para la democracia. Por amor de Dios, organizamos un millón de voluntarios para hacer valer el voto el 28 de julio, y en términos relativos eso es algo monumental.
Pero voy más allá: tenemos un liderazgo legitimado, con apoyo popular, y tenemos vecinos en toda la región que, más allá de las diferencias coyunturales o transitorias con algunos gobiernos, acompañan nuestra lucha. El pueblo de Colombia acompaña y ama la causa de Venezuela, como lo hace el pueblo de Brasil, de los países del Caribe, de Argentina, de Chile y de México, aun cuando en algunos casos no contemos con el apoyo de sus gobiernos en este momento.
Todo esto hace que la transición en Venezuela sea única. Por eso, más que mirar hacia atrás y compararnos con lo que otros han hecho, quiero pensar que estamos escribiendo una nueva historia. Así como se ha reconocido la gesta ciudadana del 28 de julio, también se reconocerá esta transición ordenada y cívica, en la que hemos contado con un apoyo indispensable —y lo digo con todas sus letras— del gobierno de los Estados Unidos, sin el cual esto no habría sido posible.
Pero, sobre todo, será una transición donde la gente está en el centro y cuya garantía será una sociedad que no va a dejar que le arrebaten su libertad. No lo va a hacer. No hemos llegado hasta aquí para que nos impongan una transición chucuta, a medias. No, señor. Nosotros queremos la libertad toda, plena y completa para todos los venezolanos. Eso es lo que significa ir hasta el final.
María Jimena Delgado Díaz
Periodista de Cultura
@Mariajimena_delgadod
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Cultura
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