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“La transición con Delcy Rodríguez durará tres años”, asegura Leocenis García tras su salida de Rodeo I

📅 🕐 20 Mar 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 27 min de lectura
“La transición con Delcy Rodríguez durará tres años”, asegura Leocenis García tras su salida de Rodeo I
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Leocenis García habla despacio, pero su voz no esquiva la decepción por el deterioro de la política venezolana. “Después de estar dos años en una cárcel como la que es Rodeo I, hay cosas de las cuales ocuparse”, dice al comienzo de esta conversación, la primera larga entrevista que concede tras su excarcelación del penal caraqueño, donde estuvo recluido entre febrero de 2024 y el 8 de febrero de 2026 y que es consecuencia de la liberaciones como parte de la amnistía que lleva a cabo el régimen.

Periodista y empresario de medios, fundador del semanario 6to Poder y dirigente liberal, Leocenis García (Maracaibo, 1979) se convirtió en los últimos años en una figura incómoda tanto para el chavismo como para parte de la oposición, al defender una “economía social de libre mercado” y criticar por igual los abusos de poder y los atajos inconstitucionales. Ha sido detenido en múltiples ocasiones y organizaciones de derechos humanos lo han señalado reiteradamente como preso político.

Su última detención lo llevó a Rodeo I, cárcel que hoy describe como “un lugar que nunca debió existir”, donde —según relata— llegó el 13 de febrero de 2024, día de la Virgen de Fátima, y de donde salió dos años después, en el marco de una amnistía y de un paquete de excarcelaciones de presos políticos. De esa experiencia dice que sólo lo sostuvo la fe y que muchas de las historias que vivió allí “se las llevará a la tumba” para no avivar el dolor. “Rodeo I me sigue cada noche y en cada entrevista”, afirma, pero no profundiza en la anécdota.

Leocenis García posa con su madre tras su liberación de Rodeo ILeocenis García posa con su madre tras su liberación de Rodeo I
Leocenis García posa con su madre tras su liberación de Rodeo I

Hoy, lejos de cualquier discurso de revancha, reconoce a Delcy Rodríguez como presidenta de una transición que —sostiene— ya está en curso y pide a la clase política “aprender a bailar” al ritmo de un país que “está pidiendo calma y soluciones económicas”. “El fracaso de Delcy Rodríguez es el fracaso del país. Si Delcy Rodríguez fracasa, este país puede caer en una guerra civil”, advierte y asegura que la transición durará tres años.

Se mueve entre dos aguas. Recientemente publicó en su cuenta de X que se reunió con el expresidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, con quien conversó sobre el país y el proceso de amnistía; al tiempo que recibió elogios del exsecretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, por su propuesta llamada «Plan de Amnistía Económica para salvar Venezuela».

En entrevista con El Nacional, García reclama a Diosdado Cabello que le explique por qué lo mandó a prisión, defiende una reforma constitucional que blinde la propiedad privada, y propone un pacto de “olvido y perdón” que incluya la protección del Estado para las principales figuras del chavismo si pierden el poder. 

—Después de dos años preso en Rodeo I, ¿cómo han sido estos días de libertad y de reencuentro con el país y su familia?  

—He estado con mi familia y ocupándome de mí también, porque sin duda después de estar dos años en una cárcel como la que es Rodeo I hay cosas de las cuales ocuparse, y yo me estoy ocupando. También me estoy poniendo al día, porque estuve dos años sin noticias claras de nada, y he ido encontrándome con la realidad poco a poco. La verdad es que me baño mucho antes de leer lo que está pasando, porque la política que se ha hecho en Venezuela en los últimos 10 años, de parte y parte, me parece una mierda. He visto con asombro muchas cosas, gente que no imaginaba que había estado presa, me entero de que los liberaron y voy tratando de comprender dónde está el país.

—¿Cómo recuerda el día que lo arrestaron en 2024?

—A mí me llevan preso a Rodeo I el día de la Virgen de Fátima de 2024 y salgo el 8 de febrero de 2026. Cuando me arrestan yo tenía la Constitución en la mano. Estaba en una reunión en un café en Caracas con Tomás Socías, viceministro durante los gobiernos de Rafael Caldera y Ramos J. Velázquez. Él me preguntó: “¿Por qué cargas la Constitución?”, y le dije: “Cuando me vengan a detener, si me llegan a detener, decirles que no me pueden detener por defender la Constitución”. Me fui con la Constitución en la mano y me la quitaron quienes me detuvieron, porque la Constitución era un problema. Y salí con la Constitución en la mano, en un momento en que siento honestamente que la Fuerza Armada Nacional ha cumplido el mandato de la Constitución ante la ausencia del señor Nicolás Maduro, según lo que reza la Constitución, y que quien debe asumir el poder en Venezuela es la vicepresidenta, en este caso es Delcy Rodríguez. Celebro haber salido en un momento en que, por lo menos a medias, se está intentando volver al respeto de ese libro sagrado. La Constitución es la regla y la norma, y cuando tú te la saltas caes en el terreno de la barbarie.

—Antes de esta última detención ya había sido detenido múltiples veces. ¿Cómo compararía la mirada que tenía entonces del país con la que tiene ahora? ¿Crees que puede haber un reencauzamiento constitucional real o eres escéptico?  

—Yo he estado detenido nueve veces, pero la única vez que me he sentido preso en la máxima expresión de la palabra es después de la detención del 13 de febrero de 2024. Lo que ha pasado en Venezuela es consecuencia de que todos los políticos —los de derecha como yo en lo económico, y los de izquierda que promovieron esa Constitución— se saltaron la norma, la Constitución. Caímos en un terreno donde sólo quedaban la descalificación, la víscera, el odio y el abuso de la palabra y del poder. Por eso, desde ningún ángulo podíamos recurrir a la Constitución, ni unos ni otros, para tratar de llegar a un acuerdo, porque nosotros mismos la pisoteamos. Lo que estamos haciendo ahora es sacar del lodo esa Constitución, limpiarla, volverla a leer. El lodo ha cubierto partes muy importantes, como el respeto a los derechos humanos, a la participación política y el camino para que las instituciones funcionen en una democracia participativa y protagónica. El mayor testamento político que dejó Chávez fue la Constitución del 99. Los que se alejaron primero de la Constitución fueron los causahabientes del presidente Hugo Chávez. El mejor legado que tenía la oposición era hacer cumplir esa Constitución y amarrarse a ella, pero decidimos no amarrarnos. Hoy la Constitución está allí y veo una clara intención del gobierno de volver a ella. ¿En qué me baso? En el reconocimiento de mecanismos constitucionales como la amnistía recientemente promulgada; en el reconocimiento de la oposición —o las diversas oposiciones— como voces participativas amparadas por la Constitución; en tratar de corregir toda la herejía legal que se hizo. Y por otra parte, veo a una gran mayoría de opositores que han entendido que esta Constitución es una muchacha ya de veinte y pico de años a la que hemos maltratado mucho y con la que ahora necesitamos reconciliarnos. Allí hay una oportunidad.

—A su juicio, ¿qué es lo que se debería estar discutiendo hoy como urgente en la política venezolana en el contexto de la Ley de Amnistía?  

—Todos sabemos que la política es el arte de lo que se oculta, no de lo que se dice. En esta entrevista me voy a permitir decir lo que se oculta. Todos los políticos en Venezuela saben que es imposible que haya elecciones este año, pero todos hablan de elecciones. Hay una suerte de virus tremendo en la política venezolana cuyo primer síntoma es mentir recurrentemente a quienes se les debe decir la verdad: los electores. Lo responsable sería hablar de una reforma constitucional que permita varias cosas para avanzar en un proceso de estabilización. Primero, revisar la reelección indefinida que plantea la Constitución del 99, que no permite la renovación dentro del chavismo y constituye un problema también para la oposición. Segundo, establecer con claridad el respeto a la propiedad y a la libre empresa. Todas las expropiaciones y el atentado a la propiedad privada que se ha cometido en Venezuela se han hecho porque esta Constitución tiene muchos puntos, comas y “peros” en el tema de la propiedad. Luego está el modelo económico que vamos a decidir. Hay algunos que levantan dentro del gobierno las banderas del socialismo, pero eso es anticonstitucional, porque ese modelo económico no está planteado en la Constitución. Otros, como yo, planteamos la economía social de libre mercado, y eso también hay que incluirlo en la Constitución. Esta reforma tiene que salir de esta Asamblea u otra, pero debe haber un pacto.

—¿Este debate que plantea sobre la transición y un cambio constitucional se está llevando a cabo en la Asamblea Nacional? ¿Ha participado de los mecanismos de participación ciudadana y consulta en el marco de esta ley?

—Hay cosas de las cuales no puedo hablar en esta entrevista, y menos esa pregunta, porque son delicadas. El secreto del poder es el secreto. Lo único que puedo decir es que para mí un actor importante es la figura del doctor Jorge Rodríguez. Y que es clave el reconocimiento de la actual presidenta de la República como presidenta del país, que deberá terminar el mandato porque hay una ausencia del presidente que nunca será absoluta y que no está contemplada en la Constitución. Ella ha asumido el cargo como presidenta porque no hay una falta absoluta del presidente: el presidente no ha muerto, no ha renunciado. Maduro podía ser un presidente cuestionado, como lo cuestioné yo, pero de facto era el presidente, y ha asumido la vicepresidenta. La Fuerza Armada Nacional, como factor real de poder, la reconoce como comandante en jefe. Se habla de una suerte de gobierno de unidad nacional que se vaya construyendo con la actual presidenta Delcy Rodríguez y eso es lo que yo creo que hay que mirar. Yo no soy amigo del doctor Jorge Rodríguez, pero tengo un respeto estrictamente político por su habilidad. No soy amigo de Delcy Rodríguez, pero como venezolano tengo que respaldar lo que está haciendo, sobre todo en materia económica y relaciones internacionales. El fracaso de Delcy Rodríguez es el fracaso del país. Si Delcy Rodríguez fracasa, este país puede caer en una guerra civil. Por eso debemos apostar por tres etapas. La etapa de estabilización y esto pasa por el apoyo a la actual presidenta; la etapa de pacto democrático, que pasa por la reconstrucción y reforma de esta constitución; y la última etapa que, para mí, va a ser dentro de mucho tiempo, que es el de las elecciones. Este país necesita respirar. El problema de algunos políticos es que no saben bailar. Yo sí sé bailar: reguetón, vallenato, salsa… lo único que no bailo es tambor. Sé llevar el ritmo. Este es un momento para la calma, no para la calle. Es un momento para la construcción, no para la arenga. Vendrá el momento en que los políticos tengamos que mostrar proyectos, no viejas rencillas, ni viejos odios, ni descalificaciones.

—¿Cree que habrá elecciones pronto?

—Aquí no va a haber elecciones en el corto plazo. Yo no creo que las elecciones sean la prioridad, sino la economía. La primera elección que debe hacer es una renovación de esta Asamblea Nacional que tuvo una elección un poco compleja. Si es que va a haber una elección, no puede ser con este mismo congreso, antes se debe lograr una reforma constitucional que nos lleve sí a una elección postransición, porque algunos hablan de que la transición viene, ¿cuál transición viene? La transición llegó. La presidenta de la transición es Delcy Rodríguez. Hace algunos años yo dije que aquí era imposible que pasáramos de lo que teníamos con el gobierno del presidente Maduro a un gobierno de la oposición. Que primero iba a empezar una transición dentro del chavismo y ha empezado esa transición por la fuerza. Porque ciertamente las las acciones del 3 de enero fueron acciones sobrevenidas, pero esas acciones han provocado dentro del chavismo una renovación y un cambio de timón muy parecido a lo que pasó con el peronismo en Argentina. Y mi profecía sobre el chavismo es que va a terminar existiendo chavismo de derecha y chavismo de izquierda. Como en Argentina, que hay peronismo de derecha y de izquierda.

—¿Qué piensa de los políticos que ya empezaron a hacer campaña como si hubiera elecciones a la vuelta de la esquina?  

—Que aprendan a bailar. Ellos están bailando reguetón, poniendo mucha pasión, en un país que en este momento está bailando vals. El país está en tranquilidad relativa y aspira a resolver primero los problemas económicos. Les digo que se calmen y que entiendan que la política tiene sus momentos, y este es un momento de construcción. Definirse como “político opositor” es una forma muy primitiva de entender la política. Yo no soy un político opositor; soy un político con vocación de poder. Y cuando tienes vocación de poder entiendes que al poder no solamente se le mete el pie para que se caiga, sino también el hombro para ayudarlo, para que el país vea que tú estás preparado para algo más que abrir la boca. Tú tienes que demostrar que puedes gobernar con gente en contra.

—Hay quienes aseguran que los hermanos Rodríguez también están moviéndose políticamente para perpetuar en el poder el sistema chavista. ¿Considera que es genuina la apertura política de las acciones tomadas por Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro o es parte de una campaña?  

—Usted me está haciendo una pregunta de campaña y yo le estoy dando una respuesta de Estado. Mi papel como expreso político, como jefe de un partido político en Venezuela y como diplomático —porque he hecho diplomacia no oficial durante muchos años— me obliga a pensar en lo que el país necesita. Con toda honestidad y sin ninguna falsa humildad, dudo que haya un político venezolano que tenga las relaciones en Washington que yo tengo, bilaterales, con el Partido Demócrata y con el Republicano. Yo no estoy en campaña, entonces no puedo hablar de quien esté en campaña. Estoy diciendo lo que el país necesita en este momento.

—Usted es ahora un expreso político, ¿cómo es Rodeo I y cómo es el hombre que sale de esta prisión? 

—La palabra más importante para mí es fe. La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Entendí que fuimos llevados a Rodeo I por órdenes del capitán Diosdado Cabello muchos venezolanos para no salir nunca más de allí. Mi primera impresión, cuando me llevaron encapuchado desde la entrada hasta la celda, fue que ese era un lugar del que yo no iba a salir nunca. Por eso te digo que lo único que me sostuvo fue la fe. La verdad de lo que viví yo y otros detenidos en Rodeo I no se va a contar. Si yo cuento la historia de lo que viví allí, no estaría colaborando a sanar las heridas, sino a avivarlas. Quiero ser un factor de unión y de diálogo, no de desunión y resentimiento. Por eso lo que viví en Rodeo me lo voy a llevar a la tumba. Tengo preocupación por algunos detenidos que tal vez no sean presos políticos, pero sí presos del poder político y que no han sido beneficiados por la amnistía. Estoy trabajando en secreto una lista que voy a presentar, también en secreto, al gobierno, de personas que creo que deben ser indultadas y que siguen, sobre todo, en Rodeo I. Cuando salí de Rodeo I no volteé hacia atrás, porque no quería quedarme allí, en pensamiento. Rodeo I me sigue cada noche, en cada entrevista. He hablado en privado con varias organizaciones internacionales de derechos humanos. Rodeo I es un lugar que nunca debió existir, pero que existió porque los políticos venezolanos decidieron saltarse la norma y la regla; como no había un lugar legal, crearon este lugar ilegal. Yo tengo muchas historias horribles sobre de Rodeo I, pero prefiero quedarme con las historias de esperanza que construimos. Porque también la prisión me hizo más fuerte, me hizo más más comprensivo con la perspectiva del otro

—Su familia hizo un fuerte activismo para su liberación y denunciaron la falta de comunicación, ¿cómo fue esa relación familiar desde adentro?  

—Yo recibía una visita semanal de 25 minutos, por teléfono y con un vidrio de por medio, de mi padre, que era la única persona que podía entrar. Él se encargaba de informarme qué estaba pasando. Mi madre sufrió un ACV. A mi familia la sacaron de la casa donde vivíamos, perdimos todo. El gobierno nos allanó. La casa fue prácticamente saqueada, incluyendo la sede de Prociudadanos. Mi hija mayor, que nunca había hecho activismo político, tuvo que hacerlo; mi hermana tuvo que viajar de Nueva York a Venezuela. Mi padre sufrió de una manera tan atroz y terrible que prácticamente consumió su vida en mi defensa. Nos tocábamos a través de un huequito en el vidrio, un huequito pequeño por donde podíamos tocarnos. Mi padre y yo duramos 17 meses para darnos un abrazo. Encontré a mi hija menor en una etapa en la que tenía que estar, su transición de niña a adolescente, y me la perdí. Tuve que tener una conversación con todos, uno a uno, para pedirles perdón. Por la política, mi madre perdió la salud; mis hijas perdieron el contacto conmigo. Hoy lo más importante para mí es mi familia. Me resulta muy difícil perder el tiempo almorzando con un extraño. Rodeo I nos enseña que la familia es lo más importante. El día que salí en libertad, mi papá intentaba contestar el teléfono y yo le pedí que rechazara todas las llamadas. Empezaron a llamar amigos periodistas que nos habían abandonado. En la cárcel yo no era el poderoso Leocenis García, era el olvidado Leocenis García, con un traje celeste, unos zapatos negros y un uniforme de preso. Yo no tenía ningún poder. Esa cosa terrible que llaman poder me interesa muy poco hoy. Por eso hablo con franqueza: no estoy aspirando el voto de nadie. Digo la verdad porque quiero contribuir a que este país salga de esta hora terrible que vivimos en los últimos quince años. No soy candidato a nada, y si llego a tener un puesto será porque el pueblo me lo impone, no porque yo lo busco. La felicidad más plena ya la tengo: conseguí a mi familia y a mi madre viva, que yo creía muerta. Estoy dedicando tiempo a reconstruir mi familia; eso es lo importante y estoy fundando una empresa para dedicarme al sector privado porque creo que en Venezuela no va a haber elecciones pronto. Tenemos familias esperanzadas, tenemos familias que confían en sus autoridades, pero cuando perdemos la democracia, lo que nos queda es este espectáculo terrible de madres llorando frente a las cárceles, mujeres que tienen a sus esposos detenidos y que lloran cada noche porque no saben dónde ir, porque la democracia no les sirve para nada.

—Usted ha perdido su casa, activos, la sede de Prociudadanos y tiempo con su familia. Cuando hablamos de reparación para las víctimas, ¿percibe algún interés real del gobierno en reparar este daño?  

—Yo lo único que aspiro es a la verdad. Cuando murió la madre del capitán Diosdado Cabello, yo publiqué unas condolencias en mi carácter de presidente del Grupo 6to Poder. No soy amigo de él ni lo conozco personalmente, pero siendo yo editor de un medio importante y él jefe del partido más importante del país, me acerqué con respeto. Como pasaría en cualquier país democrático. Lo que aspiramos las víctimas es a la verdad. Yo quisiera preguntarle al señor Cabello: ¿por qué? ¿Qué le hice yo a usted para que actuara como actuó, mandándome a prisión por levantar la Constitución? ¿Por qué me mantuvo preso después de que mi madre casi muere con un ACV? ¿Por qué me separó de mis hijas? ¿Cuál es el motivo por el que nos llevó a una situación tan terrible donde lo perdimos todo económicamente y nos dejó en la calle? ¿Por qué me odia? Eso es lo que yo quisiera preguntarle a Cabello. Quisiera que algún día fuera valiente, alzara el teléfono y me llamara y me dijera la verdad. He escuchado a algunos estúpidos que se hacen llamar presos políticos diciendo que hay que repararlos económicamente. Yo me limpio el culo con el dinero que pueda darme el gobierno. Mi dolor no lo repara el dinero, no necesito esa basura. ¿Qué dijo el fiscal general Tarell William Saab cuando le dieron la orden? Eso es lo que aspiran las víctimas en todas partes del mundo. Todos los que están detenidos quieren saber por qué.

—¿No habŕa reparación?

—No se puede reparar. Claro que no se puede reparar. Incluso la Ley de Amnistía no va a reparar nada. Yo quiero la verdad: quién dio la orden y por qué. La verdad, como dijo el maestro Jesús, nos hace libres.

—¿Qué debería pasar, en el mediano o largo plazo, con las víctimas como expresos, torturados o familiares de quienes murieron en las protestas? ¿Memoria, justicia, reconocimiento?  

—Te voy a decir lo que creo que se debería hacer como acto de unión nacional. Debería invitarse a todos los agredidos políticos de bando y bando, no sólo a los de la oposición, sino a chavistas injustamente detenidos y secuestrados. Las víctimas rojas y las víctimas azules que fueron a esos calabozos por intrigas políticas. Y así como el presidente Caldera presidió la destrucción del retén de Catia, estas víctimas deberían presenciar la destrucción del Helicoide, su desmoronamiento con una bomba. Ese mismo día, la presidenta Delcy Rodríguez debería anunciar que allí se va a hacer un monumento, un memorial donde se cuenten las dos historias: la de los militares detenidos, la de los chavistas detenidos por defender la Constitución y la de los opositores detenidos por oponerse al gobierno. Que sea un testamento público y compartido de que nunca más los horrores que aquí pasaron se repetirán. El papel de las víctimas y de los perseguidos es ayudar a levantar una nación nueva, levantada sobre nuestra sangre y sobre nuestro llanto. Nuestro orgullo no es que se levante un cementerio, sino que sobre nuestro sufrimiento se dirija la primavera de Venezuela. Probablemente nadie recuerde nuestros nombres; somos miles. Pero nuestro compromiso es con lo más importante que tenemos: la familia. Que nuestras familias puedan contar, dentro de veinte años, que la Venezuela próspera que tendrán se debe al sacrificio de hombres y mujeres que lo dieron todo por sus ideas y ayudaron, con el perdón y la reconciliación, a construir un nuevo país.

— Usted ha denunciado que, mientras estuvo preso, no tenía acceso a información del exterior. Hoy, aún en libertad, muchos venezolanos siguen informándose con enormes dificultades. ¿Qué papel deberían jugar los medios en este momento?  

—Necesitamos libre prensa, pero no libertinaje de la prensa. La libre prensa es contrastar opiniones. No se puede escribir un reportaje sin el protagonista, por más oscuro que sea, sin darle la oportunidad al cuestionado de que hable. El periodismo tiene que estar en el medio, contrastando todas las opiniones. El libertinaje es poner los medios al servicio exclusivo de la parcialidad política o económica de sus dueños. Estamos viviendo lo que yo llamo una herejía comunicacional. Gente que no conoce la ética del periodismo lo ejerce porque las redes sociales le han permitido a personas con un fanatismo casi religioso vestirse de periodistas sin serlo. Eso para mí es una herejía de la profesión. El periodismo tiene el derecho absoluto de criticar la gestión de quienes están en el mando, pero está obligado, en el mismo reportaje, a poner sus voces para que se defiendan. Nosotros no debemos mirar lo que hacen los herejes del periodismo que no son periodistas, sino lo que hacen los verdaderos comunicadores. Si usted quiere ser político, haga lo que yo hice hace algunos años: renuncie al periodismo y diga claramente “yo soy político”. Lo que no puede hacer es tener la inmoralidad de vestirse de periodista cuando detrás es un político. Ese es uno de los grandes problemas que hay hoy en Venezuela. Cuando llegué a Rodeo I no teníamos información. Amenacé al director del penal, Carlos Enrique Rincones Serven, con hacer una huelga de hambre si no ponía el programa Con el mazo dando y las alocuciones de Maduro, por mi derecho a la información. Diosdado Cabello y Nicolás Maduro se escucharon en Rodeo I por mí. Aunque era insufrible —sobre todo el programa de Cabello— era la única ventanita que teníamos para saber qué estaba pasando.

—¿Qué va a pasar ahora con Prociudadanos y con su militancia política?  

—No lo sé. Un partido político se construye para participar en elecciones y, en este momento, no creo que vaya a haber elecciones en años. El destino de Prociudadanos lo saben los militantes de Prociudadanos, no yo. Yo me he presentado públicamente como lo que soy: Leocenis García. No soy hoy el coordinador de Prociudadanos porque no puedo coordinar nada. Lo único que estoy coordinando es a mi familia.

—Más allá de los partidos, ¿cuál es su compromiso ahora con Venezuela? ¿Qué rol quiere jugar en esta etapa?  

—Estoy ayudando desde la prudencia y la discreción, porque estamos en un proceso de transición. No milito en el gobierno, como es evidente; no conozco personalmente a la doctora Delcy Rodríguez. Pero estoy tratando de apoyar su gestión, como la están apoyando no sólo el gobierno de Estados Unidos sino otros gobiernos, para que este país pueda llegar a un proceso de estabilización económica y luego de reconciliación política. Quiero impulsar una reforma constitucional con este Congreso, desde mi rol como actor confiable, para que dentro de algunos años tengamos elecciones donde varios candidatos puedan presentarse y elijamos un nuevo presidente de todos los venezolanos. Porque estamos haciendo una transición del totalitarismo a la democracia. El gobierno del presidente Nicolás Maduro fue un gobierno totalitario y estamos yendo hacia la democracia. La palabra clave en la democracia es pluralidad. Espero que haya una elección donde haya varios candidatos del sector oficialista y varios de la alternativa democrática, y un solo elector: el pueblo de Venezuela, que entre diversas opciones decida al nuevo presidente o presidenta. Y que ese nuevo presidente, dentro de tres o cuatro años, entienda aquella frase de Rómulo Betancourt, que este país es de todos, tenemos que hacerlo entre todos.

—Entonces considera que estamos viviendo una transición real, si es así, ¿cuánto tiempo durará?  

—Esta transición liderada por la presidenta Delcy Rodríguez va a durar un mínimo de tres años. Las transiciones tienen etapas y la palabra clave es tiempo. Primero hay que resolver lo político para poder resolver lo económico. Lo político se resuelve con gestos de perdón, amnistía y reconciliación; eso ya ha empezado. Ahora viene el tema económico, y tenemos un problema de fondo que son las trabas del entramado legal y de la Constitución. Hace falta una serie de reformas para que el modelo funcione, pasando por la productividad. No se puede repartir lo que no se produce. El socialismo, donde se ha puesto en práctica, ha fracasado. Aquí tenemos que buscar un término medio, que para mí es la economía social de libre mercado: eliminar barreras, aranceles y persecución a quienes producen el dinero, y al mismo tiempo darle a la economía libre una concepción social de inversión en quienes menos tienen. Lo último es lo electoral, pero allí hay una situación compleja: hay que construir el “día después”. Qué va a pasar con quien pierda, nunca más repetir una situación en la que un venezolano sea arrestado por razones políticas.

—¿Qué cree que va a pasar con figuras como Diosdado Cabello o Padrino López?

Tenemos que plantearnos qué va a pasar con ellos o con los hermanos Rodríguez si la oposición llega al poder. Si me preguntas qué hay que plantear, te diría: olvido y perdón, y protección del Estado venezolano a estas personas para que ningún gobierno extranjero pueda procesarlos por ningún delito.

—En definitiva, ¿considera que son tres años por lo menos con Delcy Rodríguez?

—Absolutamente. Es la verdad. Washington no ha reconocido a Delcy Rodríguez como presidenta para que haya elecciones este año. La ha reconocido porque necesita paz y seguridad para que funcione el capitalismo, para asegurar un suministro confiable de petróleo venezolano en medio de los problemas en Medio Oriente. Un proceso electoral ahora podría introducir ruidos innecesarios que Trump no necesita para su política interior. Yo no hablo de fantasía, hablo de pragmatismo político. 

Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com

En la sección: EL NACIONAL

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