amenaza de estanflación y el riesgo de contagio para la bolsa por ser cada vez una alternativa más atractiva

La amenaza que supone el repunte de los precios de materias primas energéticas como el petróleo o el gas está teniendo una consecuencia directa en la renta fija. El bono estadounidense con vencimiento a 10 años ha sufrido un mes de marzo nefasto, con caídas de precio del 3,6%, que han impulsado la rentabilidad a vencimiento del título hasta superar el 4,4%, el nivel que, en el pasado, ha demostrado ser el ‘talón de Aquiles’ de Donald Trump. La deuda no ha funcionado como un refugio ante la incertidumbre, ya que los mercados han recalibrado la expectativa de cambios de tipos de interés por parte de la Reserva Federal: si antes de marzo se daba por hecho que este año habría, como mínimo, un recorte de tipos, ahora ha ganado peso la posibilidad de que incluso haya alguna subida antes de 2027.
En este momento, el bono americano sirve a los inversores, no sólo como un activo en sí mismo, sino también como un termómetro para medir el nivel de miedo a la estanflación que tiene el mercado. Y no sólo eso: lo que ocurra con la deuda americana también es clave para la bolsa, y más en un momento en el que la rentabilidad esperada de los beneficios del S&P 500 es menor que la que ofrece el bono, una realidad que lleva ya meses vigente, y que aumenta la vulnerabilidad de la renta variable, que cada vez es menos atractiva frente a la bolsa.
En concreto, el diferencial de la rentabilidad que ofrece el S&P 500, en comparación con el bono a 10 años, ha caído este mes hasta los 52 puntos básicos, máximos desde el 11 de febrero. Y con el bono americano superando, de nuevo, el 4,44% en la última jornada de la semana, las advertencias que indican que se está llegando a un punto crítico se acumulan. Los expertos sitúan ahora la rentabilidad nominal del 4,5% para el bono como un punto de inflexión que tendrá un impacto negativo en la bolsa, y que supondrá el descontar un escenario muy negativo para la economía estadounidense: la estanflación.
Una mezcla «tóxica» para el mercado
El peligro para la bolsa de un bono con rentabilidades a vencimiento más altas no es sólo por el daño que puede hacer esto por una rotación de los inversores: una subida de los rendimientos es un aumento de tipos en sí mismo, y afecta a la actividad económica como un jarro de agua fría. «Que aumenten los rendimientos significa que los costes de endeudarse son más altos, y eso puede suponer un frenazo para la economía», explica Keith Lerner, CIO de Truist Financial Services. Además, Lerner advierte de que «en algún punto, si las rentabilidades de los bonos siguen subiendo, su atractivo será mayor que el de la bolsa», confirma.
Ese nivel, a juicio de Mina Krishnan, gestora de carteras multiactivos de Schroders, es el 4,5% del bono. «Lo que ha motivado el aumento de las rentabilidades a vencimiento de los bonos es la inflación, y eso afecta a los recortes de tipos de los bancos centrales, lo cual es una mezcla tóxica para las partes más cíclicas del mercado», explica, y añade cómo «en rentabilidades nominales de los bonos, si vemos una ruptura del 4,5% del bono a 10 años, creemos que ese será el punto de inflexión para la bolsa. Todavía no estamos ahí y creemos que, lo más probable, es que el 4,5% aguante, pero si se rompe, eso nos llevaría a volver a analizar toda la situación», explica Krishnan.
Joseph Brusuelas, economista jefe de la firma de servicios financieros RSM, coincide al señalar cómo «los aumentos rápidos de rentabilidad de los bonos que hemos visto en los últimos días son un reflejo de un aumento de la incertidumbre, que, si no se reduce a corto plazo, puede generar estrés en la financiación que pondrá en un aprieto a los mercados de crédito». El experto recuerda momentos del pasado en los que se han producido estos aumentos en las rentabilidades de los bonos, que terminan salpicando a otros activos, como la bolsa. «Por eso creemos que los mercados de renta variable van a verse afectados a medida que nos adentramos más en esta crisis», explica.
Una reacción agresiva de la renta fija
La reacción del bono americano no ha sido, ni mucho menos, contenida: es una de las más agresivas que se ha visto en un mes en los últimos años, y hay que remontarse hasta octubre de 2024 para encontrar un mes peor. Entonces, la combinación de unos datos económicos más fuertes de lo previsto, junto a una Fed reaccionando con el mensaje de que los tipos se quedarían altos durante más tiempo de lo esperado, además de un shock de oferta de bonos del Tesoro por el anuncio de más emisiones en Estados Unidos y la preocupación por el elevado déficit del país, impulsaron la venta intensa de estos títulos.
La reacción del bono a la guerra también supera a la que hubo en guerras pasadas: según los cálculos que publica The Wall Street Journal, en los primeros 20 días del conflicto el bono había incrementado su rentabilidad 42 puntos básicos, por encima de lo que hizo en el mismo periodo inicial en la guerra de Ucrania y en la del Golfo.
Tampoco hay que olvidar que las pérdidas del 3,6% que deja el bono estadounidense en apenas un mes, para un inversor conservador, suponen un deterioro importante, que puede pesar más que el entorno del 7% que pierde el índice bursátil S&P 500 en el mismo periodo, otro reflejo de cómo la renta fija estadounidense es uno de los activos que más está descontando el impacto de la guerra de Irán.
La debilidad de la demanda en las emisiones de deuda del Tesoro esta semana, la más baja desde mayo de 2024, también es un ejemplo de la preocupación de los mercados y de la fuerte reacción del bono americano.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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