Magyar afronta el reto de desmontar la máquina de propaganda sin crear una nueva | elmundo.es

Los húngaros estaban acostumbrados a que la propaganda fuese una apisonadora, pero el miércoles presenciaron un choque de trenes. En su primera entrevista con medios públicos húngaros tras dos años de ostracismo impuesto por el régimen orbanista, el vencedor electora, Péter Magyar, se enfrentó a los presentadores de los programas de noticias, a quienes acusó de servir a la agenda del hasta ahora primer ministro Viktor Orban durante años, sin apenas ofrecer a su partido una cobertura imparcial.
Como parte de una serie de medidas para restablecer la libertad de prensa tras asumir el cargo en abril, Magyar anunció este miércoles que suspenderá las emisiones de noticias de los medios estatales, ampliamente criticadas por ser un mero portavoz del Gobierno bajo el mandato de Orban.
Magyar hereda un país con un sistema de poder hipercentralizado, clientelar y entrenado para premiar al vencedor. Como denuncian varias ONG internacionales, Hungría es una nación en la que el Estado y el partido se han ido confundiendo y en la que el clientelismo sigue siendo un rasgo definitorio.
La andanada de Magyar contra los medios estatales ha sido ampliamente entendida en una Hungría que ha votado por el cambio. Entre los simpatizantes del partido opositor Tisza, el vídeo del magyarazo se volvió viral de inmediato. En redes y medios opositores como Partizán, Telex o HVG se celebra como un «momento histórico»: Magyar entró en el corazón del sistema propagandístico y lo desmontó en directo. Se han creado memes con las caras de los presentadores y con la frase «la gente se reía de vosotros».
Algunos lo ven como la prueba de que el nuevo Gobierno no tendrá miedo de tocar los pilares del sistema de Orban. «El objetivo es definitivamente cambiar el sistema, erradicar la corrupción y desmantelar los bastiones del régimen, como las instituciones de supervisión independiente tomadas por leales al partido», explica el politólogo András Bíró-Nagy. «Esta era es la última oportunidad de Hungría para liberarse del régimen antidemocrático y corrupto creado por el Orban, afín a Rusia», apunta el investigador Balint Madlovics, de la Central European University.
Pero la actitud tan tajante de Magyar suscita algunas dudas. El riesgo no es sólo fracasar al desmontar el orbanismo, sino que los recién llegados al poder tarden poco en descubrir lo útil que puede resultar el sistema al que se oponían.
El conglomerado Fundación de Prensa y Medios de Comunicación de Europa Central, creado por los leales a Orban a partir de 2018, cuenta con más de 400 medios de comunicación, desde Echo TV y Hir TV hasta sitios web de noticias y periódicos regionales. La prueba del cambio no será únicamente cuántos metros cúbicos de gas deje de comprar a Moscú, sino si resiste la tentación de gobernar con las mismas herramientas que le deja Orban y que él copió de Rusia.
En el lado fideszista y en la propia M1 la reacción fue de indignación y alarma. El propio informativo de M1 tituló el reportaje: «Magyar amenazó a los medios públicos desde los medios públicos». El presentador Gulyás Márton (de la línea dura de Fidesz) se quedó literalmente sin palabras en directo. La narrativa oficial es que Magyar ya muestra «tendencias autoritarias» y que quiere silenciar a la prensa crítica, aunque esa prensa crítica lleva 16 años siendo inexistente en los medios estatales.
«Todo húngaro merece unos medios de comunicación públicos que difundan la verdad», declaró Magyar en la radio estatal de Kossuth, donde Orban había sido invitado semanalmente, mientras que los políticos de la oposición rara vez eran invitados.
DINERO POR DEMOCRACIA
Magyar ha pedido tiempo para «aprobar un nuevo regulador ley de medios de comunicación, crear una nueva autoridad en materia de medios y establecer las condiciones profesionales necesarias para que los medios estatales puedan cumplir con su función.» En una publicación de Facebook, describió su entrevista en la televisión pública, la primera en un año y medio, como «los últimos estertores de una fábrica de mentiras».
El precedente de Magyar existe: en Polonia, el primer ministro liberal, Donald Tusk no «cerró los medios públicos» en bloque, sino que descabezó su dirección, apagó temporalmente el canal de noticias TVP Info, sustituyó el principal informativo y puso las empresas públicas en «liquidación» para poder reestructurarlas sin dejar de emitir.
La vuelta al pluralismo es también una necesidad financiera. Tanto en el caso polaco como en el húngaro, la Unión Europea pasó años criticando las deficiencias en la lucha contra la corrupción, la adjudicación de contratos públicos y la independencia del poder judicial.
En Hungría, la Comisión Europea se vio obligada a bloquear miles de millones de euros de fondos comunitarios destinados al país.
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