Irán ganó la guerra mediática, pero ha perdido la única guerra que importa


El régimen iraní consideraba que el estrecho de Ormuz era ya de su propiedad, algo así como una adquisición permanente, envalentonado por la adulación de muchos líderes europeos y medios de comunicación occidentales, la mayoría de izquierdas, que desde el principio han dado por hecha la victoria de Irán y ahora también esa nueva realidad geopolítica sobre el estrecho. Trump sabía que prácticamente no había posibilidad de que Irán negociara en serio en Pakistán. Cuando Vance regresó de Islamabad con las manos vacías, el equipo de Trump ya tenía preparada la respuesta. El 13 de abril de 2026 ordenó el despliegue de más de una docena de buques de guerra y anunció un bloqueo naval de los puertos iraníes, selectivo y preciso, impidiendo el paso solo a embarcaciones con destino u origen en Irán, mientras el resto del tráfico podría circular libremente.
En los primeros días, más de 10.000 efectivos han hecho cumplir la operación sin que ningún buque iraní rompa el bloqueo. El mensaje ha sido devastador para la narrativa de la victoria iraní: Estados Unidos controla el estrecho y ahora lo demuestra. El supuesto bloqueo iraní había sido un farol: puede realizar ataques terroristas esporádicos contra el transporte marítimo, pero no controlar una vía marítima internacional. Trump ha hecho lo que los europeos no quisieron hacer en Ucrania. Europa continuó comprando energía rusa desde el primer día de la invasión de Ucrania, permitiendo que los ingresos sostuvieran la maquinaria militar de Putin. Al priorizar su comodidad sobre sus “valores”, Europa hizo que el tiempo jugara a favor de Rusia. Trump no repetiría ese error.
La economía iraní depende de las exportaciones de petróleo. Estas generan unos 500 millones de dólares diarios para financiar a la Guardia Revolucionaria, Hezbolláh, Hamás, los hutíes, las milicias en Irak y Siria, el programa de misiles, los drones y las ambiciones nucleares. Cortar esos ingresos equivale a cortar el oxígeno del régimen. Masoud Pezeshkian, el Presidente de Irán, lleva días diciéndoselo (al parecer a gritos) a la cúpula de la Guardia Republicana: “Estamos a solo unas semanas del colapso. Nos están cortando nuestra principal fuente de ingresos. No sé cómo vamos a pagar los salarios”. El bloqueo del estrecho para Irán hace exactamente eso.
Al impedir exportaciones de petróleo e importaciones por sus puertos, Estados Unidos ha impuesto la presión económica más severa sobre una nación desde las guerras mundiales. Sin ingresos, Irán no puede reconstruir su ejército, reanudar sus programas de armas ni financiar a sus aliados. A medida que la presión se intensifica, el pueblo iraní enfrentará una decisión que ninguna adulación europea ni de los medios de comunicación de izquierdas podrá eludir. Esta es la lógica estratégica, pero se fundamenta también en principios legales que conviene examinar, porque la legalidad del bloqueo no solo es defendible, sino irrefutable.
La primera pregunta es si Estados Unidos e Irán están legalmente en guerra. Según el Derecho Internacional Humanitario, la respuesta es inequívocamente afirmativa. El artículo 2 común de los Convenios de Ginebra define el conflicto armado internacional como cualquier confrontación entre dos Estados con intervención de fuerzas armadas, aunque una de las partes niegue el estado de guerra. El umbral no requiere duración ni intensidad mínima. Los hechos son contundentes. La Operación Furia Épica implicó más de 13.000 objetivos iraníes atacados durante 39 días, con más de 10.200 salidas aéreas contra centros de mando, sistemas de defensa, emplazamientos de misiles, buques de guerra e infraestructura militar. Se destruyeron más de 155 buques iraníes, 700 sistemas de minas y se emplearon bombarderos furtivos, misiles Tomahawk y dos grupos de ataque de portaaviones.
Irán respondió con cientos de drones y misiles balísticos contra bases estadounidenses en Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, atacó buques mercantes en el estrecho y puertos en Omán y los Emiratos. Más del 90% de ellos fueron interceptados. Trece militares estadounidenses murieron, más de 380 resultaron heridos. En la parte iraní, fallecieron el Líder Supremo, el Ministro de Defensa, el Jefe de la IRGC y cientos de líderes militares más, así como unos 4.000 soldados. Ambos Estados son parte de los Convenios de Ginebra y participaron en operaciones aéreas, navales y terrestres durante más de cinco semanas. Sostener que los mencionados 13.000 ataques, la destrucción de 155 buques, la eliminación del jefe de Estado iraní y 39 días de combate continuo no constituyen un conflicto armado internacional es un argumento insostenible.
Clasificado el conflicto como conflicto armado internacional, el marco rector es el Manual de San Remo de 1994 sobre derecho naval, la autoridad más citada en la materia. Según dicho Manual, el cierre del Estrecho por parte de Irán fue ilegal por tres razones. Primero, los buques neutrales tienen derecho de paso por cualquier estrecho del mundo incluso los colindantes con los territorios en guerra, y el cierre generalizado viola esto. Segundo, atacar buques mercantes neutrales, como hizo la IRGC al destruir diez de ellos, constituye una violación directa del derecho de guerra naval. Tercero, imponer peajes al tránsito por una vía marítima internacional carece de cualquier fundamento jurídico reconocido.
El bloqueo estadounidense, en cambio, cumple todos los requisitos del Manual de San Remo: fue declarado públicamente, notificado, se especificó el alcance y la duración, es efectivo gracias a la fuerza desplegada y está dirigido exclusivamente a puertos iraníes, no al tráfico neutral general ni al estrecho en su conjunto. La asimetría es evidente y tiene fundamento legal. Irán no puede cerrar un estrecho internacional ni atacar buques civiles neutrales; Estados Unidos puede bloquear puertos enemigos e interceptar su navegación. El conjunto de acciones de Irán sobre el estrecho viola el Manual de San Remo; las acciones de EE.UU. no.
Lo que europeos y medios han interpretado mal no es una cuestión de opinión, sino de derecho y de hecho. Asumen control donde no existía, tratan al sistema de peajes inventado como fuente legítima de ingresos y declararon vencedor a un régimen que acababa de perder a casi toda su cúpula de gobierno, 155 buques y casi toda su infraestructura militar. Se equivocaron en los hechos, en la ley y en la estrategia. Trump ha tenido razón en los tres aspectos. Comprendió que el bloqueo iraní era teatro respaldado por terrorismo, no control marítimo real. Comprendió que el marco legal le permitía a Estados Unidos hacer lo que Irán no podía. Y aplicó la lección que Europa rechazó aprender de Ucrania: cuando se está en guerra con un petro-Estado, se le debe cortar el suministro de petróleo, no se negocia mientras sus ingresos fluyen.
El tiempo, antes favorable a Irán, ahora está del lado de Estados Unidos. El régimen de Teherán enfrenta una aritmética sencilla: sin ingresos petroleros, no puede reconstruir su ejército, financiar a sus aliados terroristas, sostener sus ambiciones nucleares ni mantener el aparato de represión interna. El bloqueo a Irán no es tanto un castigo, sino la consecuencia natural de librar una guerra, perderla y negarse a negociar la paz. Cada día que se mantenga, las opciones del régimen iraní se reducen. Los europeos que celebraron la victoria fantasma de Irán empiezan a comprenderlo. La ley es clara, la estrategia es sólida y el bloqueo a Irán se mantendrá si no está dispuesto a desmantelar su programa de enriquecimiento de uranio, para desplegar misiles con cabezas nucleares, y si no cesa en su financiación del terrorismo internacional.
@J__Benavides
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com
En la sección: EL NACIONAL
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