IA contra IA: la ciberseguridad ante la nueva era de la confrontación tecnológica

El paradigma de la protección corporativa está viviendo una transformación sin precedentes impulsada por la digitalización. En el reciente encuentro «La protección del cliente y continuidad del negocio en la era digital», los líderes de ciberseguridad de grandes compañías españolas analizaron cómo la automatización y las nuevas amenazas están reinventando la resiliencia operativa. La conclusión es unánime: la ciberseguridad ya no es un reto técnico, sino una palanca estratégica que debe estar en el centro de las decisiones del consejo de administración de cada compañía.
La evolución de las amenazas digitales ha derivado en un escenario de confrontación tecnológica directa, donde la Inteligencia Artificial actúa como el principal catalizador del riesgo. El uso de esta tecnología por parte de los atacantes para sofisticar sus incursiones obliga a las organizaciones a desplegar sistemas defensivos basados también en IA, consolidando una realidad de «IA contra IA».
En términos de gobierno, la normativa actúa como palanca para desplazar el foco desde el cumplimiento legal hacia la resiliencia estratégica. Esto exige la implicación directa de la alta dirección mediante la cuantificación económica del riesgo y el entrenamiento con simulacros de crisis, herramientas clave para pasar de protocolos teóricos a una respuesta efectiva en situaciones de estrés real.
Asimismo, la protección de entornos industriales y cadenas de suministro se consolida como prioridad, apostando por la seguridad desde el diseño y la verificación continua de proveedores para asegurar la integridad de la red.
Garantizar la confianza
El futuro del sector está marcado por la irrupción de agentes autónomos de IA y la amenaza de la computación cuántica, desafíos que requieren marcos de gobierno estrictos y supervisión humana constante.
La conclusión del análisis refuerza la necesidad de una colaboración estrecha en todo el ecosistema para garantizar la supervivencia operativa en entornos degradados. Con este enfoque, las organizaciones buscan no solo resistir el impacto, sino mantener la confianza y la reputación del cliente en un entorno digital hostil.
El panorama actual de la protección digital ha trascendido las barreras del departamento de sistemas para instalarse en el núcleo de la viabilidad empresarial. Según explica Xavi García, socio responsable de Ciberseguridad de Deloitte, «la ciberseguridad ha dejado de ser un problema técnico para convertirse en un factor crítico de competitividad».
En un entorno marcado por la inteligencia artificial, la regulación y la interdependencia digital, «las organizaciones que integren la seguridad en su estrategia estarán mejor preparadas no solo para protegerse, sino para crecer con confianza». Esta visión sitúa la confianza digital como el cimiento sobre el cual se debe construir cualquier modelo de negocio que aspire a la escalabilidad en la actual economía del dato.
La irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa y el despliegue de soluciones automatizadas han acelerado los ciclos de innovación, pero también han introducido riesgos estructurales si no se gestionan desde el origen.
En este sentido, García subraya que «la adopción de la IA no es solo una cuestión tecnológica, es un reto organizativo y transversal: sin ciberseguridad desde el diseño, sin control sobre los agentes y sin un liderazgo claro, la presión por entregar rápido puede llevar a las empresas a construir sobre bases frágiles y perder el control de lo que están desplegando».
Para el experto de Deloitte, la velocidad de mercado no puede justificar la omisión de protocolos de seguridad, ya que una base tecnológica inestable compromete la reputación y la continuidad operativa a largo plazo.
Este nuevo escenario exige una evolución en los roles directivos y en la comunicación interna de las compañías. El papel del responsable de seguridad debe ser ahora mucho más proactivo y estar alineado con los objetivos de facturación y expansión.
«Hoy, el CISO o responsable de Ciberseguridad ya no puede vivir al margen del negocio: debe ser un puente con la alta dirección, hablar el lenguaje de toda la organización y asumir que la adopción de la IA -en cualquier sector- es un reto transversal en el que, sin ciberseguridad, directamente, no hay transformación posible», afirma García, resaltando que la seguridad es el habilitador real de la transformación digital y no un obstáculo para la misma.
Este escenario conlleva un cambio de paradigma: la transición desde modelos basados en la planificación y la madurez progresiva hacia entornos donde la respuesta debe ejecutarse prácticamente en tiempo real.
Conflictos y disrupciones
Javier Tomás García, Director de Ciberseguridad de Cipherbit del Grupo Oesía, advierte que el nivel de amenaza ha escalado debido a conflictos internacionales y disrupciones tecnológicas como la computación cuántica.
En este contexto, España se situó como uno de los países más ciberatacados del mundo, lo que obliga a las organizaciones a adoptar medidas regulatorias, pero también a cambiar la forma de proceder de las compañías. Para el directivo, el enfoque es claro: «El problema de la ciberseguridad no es un problema técnico, sino del nivel de resiliencia de la compañía».
Ante este panorama, el diseño de la protección no puede ser uniforme ni rígido. Tomás García subraya que el éxito reside en encontrar un equilibrio que no penalice la operatividad ni la experiencia del usuario.
Bajo su visión, «si la seguridad está bien diseñada apenas se nota, pero si está mal diseñada se nota mucho», por lo que la estrategia debe centrarse en facilitar los procesos sin comprometer la integridad de los datos, ya que, en última instancia, «la mejor seguridad es la que protege al cliente».
Una estrategia bien ejecutada protege la credibilidad de la compañía en momentos de crisis, transformando la solvencia técnica en un activo de valor incalculable. «Alcanzar la confianza de nuestros clientes es tener reputación en los medios de seguridad», afirma, subrayando que «la confianza se alcanza a través de la seguridad».
Del papel a la acción
Por su parte, Javier González Pascual, Director de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento de Ciberseguridad de CaixaBank, destaca que el éxito de la defensa digital en la banca reside en trasladar la gestión del riesgo a términos económicos para que sea comprendido por la alta dirección.
Según el directivo, la ciberseguridad ya no es un compartimento estanco, sino una responsabilidad compartida con el usuario. «Es muy importante cuando nosotros también compartimos esa seguridad con el cliente y el cliente también puede tomar decisiones», explica.
El directivo pone especial énfasis en el entrenamiento de los comités de dirección mediante simulacros sistemáticos. Estas pruebas «de estrés» permiten a los líderes enfrentarse a la realidad de un incidente, que a menudo es mucho más compleja que los procedimientos teóricos.
«Pasar del papel a la acción no es tan sencillo; ponemos un procedimiento y decimos: esto lo vamos a hacer así. Y cuando llega la realidad que es muy tozuda, nos encontramos con cosas que no se podían hacer así totalmente», reconoce. Para González Pascual, la madurez en esta estructura es lo que permite reaccionar con solvencia y proteger el activo más valioso de la entidad.
El objetivo final es la resiliencia operativa: saber cómo recuperarse paso a paso en entornos degradados, asegurando que ante cualquier caída, la entidad mantenga sus servicios mínimos y la confianza del mercado.
Ciberseguridad como seguro de vida
En el entorno productivo, la ciberseguridad es la garantía básica de supervivencia frente a amenazas que pueden paralizar físicamente la actividad. El responsable de Comunicaciones y Ciberseguridad Industrial en Siemens Digital Industries, Jose Luis Doñoro, recuerda que los ciclos de inversión industrial duran décadas, lo que hace que un fallo de seguridad tenga consecuencias devastadoras.
«Si tú tienes una pérdida de confianza puedes estar sin trabajar con el cliente durante otros veinte años», advierte el directivo.
Para mitigar riesgos en infraestructuras críticas, Doñoro defiende la integración de funcionalidades de protección transparentes para el operario, evitando que la seguridad se perciba como un obstáculo.
Para Doñoro, la ciberseguridad industrial es un compromiso ineludible con la continuidad operativa: «La ciberseguridad no es un coste, es un seguro de vida para vuestra producción; una fábrica parada puede llevar a la quiebra a una pyme».
Bajo esta visión, la convergencia entre el mundo corporativo (IT) y el productivo (OT) exige un talento especializado capaz de proteger los activos físicos con la misma agilidad que los datos, garantizando la soberanía tecnológica de la industria en la era digital.
Además, el directivo destaca que la compañía ha tenido que reforzar significativamente sus capacidades internas, llegando a incorporar mil trescientas personas en el área de la ciberseguridad y gestionando la protección de más de ciento cincuenta fábricas.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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