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Economía y Finanzas

Un experto en ciberseguridad advierte: «WhatsApp no es la app más insegura de tu móvil, sino las que llevan años sin actualizarse y que casi nadie borra»

📅 🕐 22 Abr 2026🔗 Fuente: eleconomista.es🕑 6 min de lectura
Un experto en ciberseguridad advierte: "WhatsApp no es la app más insegura de tu móvil, sino las que llevan años sin actualizarse y que casi nadie borra"
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En el actual ecosistema digital de 2026, la mayoría de los usuarios vive con una preocupación constante por la privacidad de sus conversaciones diarias. El debate sobre si nuestras aplicaciones de mensajería nos escuchan o si el cifrado de extremo a extremo es realmente inexpugnable llena foros y conversaciones de café. Sin embargo, los especialistas en ciberseguridad han detectado un cambio de paradigma en las brechas de datos personales que afecta directamente a la higiene digital de nuestros smartphones.

La realidad técnica que afrontamos hoy es que el peligro más crítico no reside en las plataformas que actualizamos cada semana, sino en el rastro de herramientas inactivas que acumulamos por inercia. Los analistas coinciden en que hemos descuidado la puerta trasera de nuestros dispositivos mientras vigilamos obsesivamente la principal. Esta acumulación de software inerte se ha convertido en el vector de ataque favorito para el malware de nueva generación, que aprovecha el abandono del usuario para operar en la sombra.

WhatsApp no es la aplicación más insegura de tu teléfono, sino todas aquellas que llevan años sin recibir una actualización y que casi nadie se molesta en borrar.

El fenómeno de las aplicaciones huérfanas en el almacenamiento

El concepto de aplicación «huérfana» se refiere a todo aquel software que, tras un periodo inicial de utilidad, deja de recibir soporte por parte de sus desarrolladores. En muchas ocasiones, estas empresas quiebran o simplemente abandonan el proyecto, pero la aplicación permanece instalada en millones de dispositivos. Al no existir un equipo humano detrás que corrija las nuevas vulnerabilidades descubiertas, estos programas se convierten en recipientes estáticos de fallos de seguridad que los ciberdelincuentes conocen a la perfección.

La psicología del «por si acaso» es el mayor aliado de los atacantes, ya que tendemos a conservar editores de fotos antiguos o juegos sencillos bajo la premisa de que no ocupan mucho espacio. Lo que el usuario ignora es que, aunque no se abran, estas herramientas mantienen permisos activos que les permiten comunicarse con el sistema operativo de forma silenciosa. Esta persistencia en el almacenamiento crea una superficie de ataque innecesaria que los sistemas de protección actuales, a pesar de su potencia, no siempre logran monitorizar con total eficacia si el usuario ha concedido acceso previamente.

Un smartphone promedio contiene actualmente más de quince aplicaciones que no han sido abiertas en el último año y que poseen permisos de acceso a la cámara o los contactos.

La vulnerabilidad técnica del software que no evoluciona

Para entender por qué una app antigua es más peligrosa que una moderna, debemos mirar bajo el capó de los sistemas operativos Android e iOS de 2026. Las actualizaciones de seguridad no solo añaden funciones, sino que parchean «agujeros» por los que un código malicioso podría colarse para tomar el control del procesador. Cuando una aplicación se queda anclada en una versión de hace tres o cuatro años, utiliza protocolos de comunicación que ya han sido descifrados y que son totalmente transparentes para cualquier hacker con herramientas básicas.

El riesgo se multiplica cuando estas aplicaciones antiguas tienen permisos de accesibilidad, una función diseñada originalmente para ayudar a personas con discapacidad pero que el malware utiliza para leer lo que aparece en pantalla. Mediante esta técnica, un simple juego de puzles abandonado podría estar capturando las credenciales que introduces en tu aplicación bancaria sin que el antivirus detecte una actividad sospechosa. La confianza que depositamos en el origen de la descarga se vuelve irrelevante si el mantenimiento del código ha cesado por completo.

El malware moderno busca instalarse dentro de aplicaciones legítimas que el sistema operativo ya no vigila de forma exhaustiva por considerarlas parte del entorno seguro del usuario.

El rastro de permisos y la privacidad en segundo plano

Otro factor determinante que señalan los expertos es la gestión de los permisos en segundo plano, una característica que consume batería y compromete la ubicación del usuario. Muchas herramientas de linterna, brújula o calculadoras que se descargaron hace años fueron diseñadas en una época donde las políticas de las tiendas de aplicaciones eran mucho más laxas. Estas apps pueden seguir recolectando metadatos sobre tus redes Wi-Fi cercanas o tu historial de movimientos sin que recibas una notificación clara al respecto.

El verdadero problema es que la mayoría de estas aplicaciones fueron instaladas de forma voluntaria, lo que significa que el sistema operativo entiende que el usuario confía en ellas. Al no interactuar con el icono, el propietario del teléfono pierde la noción de qué información está fluyendo hacia servidores externos cuya seguridad también es cuestionable. Esta fuga silenciosa de datos es lo que los especialistas denominan «exfiltración pasiva», un proceso que puede durar meses antes de ser detectado por un análisis de red profesional.

Las auditorías de seguridad realizadas este semestre demuestran que el cuarenta por ciento de las fugas de datos privados provienen de servicios que el usuario creía inactivos.

Estrategia de limpieza para blindar el dispositivo personal

Ante esta situación, la recomendación de los especialistas no pasa por instalar más software de protección, sino por aplicar una limpieza estructural del dispositivo. La seguridad móvil en 2026 es, ante todo, una cuestión de reducir la exposición y ser selectivos con lo que permitimos que resida en nuestra memoria interna. No se trata de desconfiar de la tecnología, sino de ser conscientes de que cada icono en nuestra pantalla es una responsabilidad que requiere vigilancia y actualización constante.

La higiene digital se basa en la premisa de que menos es más: cuantas menos aplicaciones tengamos instaladas, menores son las posibilidades de sufrir un acceso no autorizado.

El futuro de la seguridad móvil y la responsabilidad del usuario

A medida que avanzamos en esta década, la responsabilidad de la seguridad digital se desplaza cada vez más hacia el comportamiento individual. Las grandes tecnológicas han implementado sistemas de «auto-hibernación» para apps no usadas, pero estos mecanismos son a menudo insuficientes si el usuario reactiva permisos por error. La educación tecnológica es el único cortafuegos real frente a las amenazas que, cada vez más, utilizan la ingeniería social para colarse en nuestros bolsillos a través de la nostalgia o la pereza.

La próxima vez que sientas la tentación de descargar una herramienta nueva para una tarea puntual, pregúntate si realmente la necesitas o si ya tienes algo similar que cumpla esa función. Los especialistas en ciberseguridad insisten en que el mejor antivirus es el sentido común y una papelera de reciclaje que se use con frecuencia. Mantener un teléfono limpio de software innecesario no solo mejora el rendimiento de la batería y la velocidad del sistema, sino que crea un entorno hostil para cualquier intento de intrusión.

  • Realizar una revisión mensual de la carpeta de descargas y documentos para eliminar archivos temporales asociados.
  • Comprobar los inicios de sesión vinculados en las redes sociales para detectar aplicaciones de terceros con acceso a la cuenta.
  • Utilizar gestores de contraseñas que alerten sobre aplicaciones cuya base de datos ha sido comprometida recientemente.
  • Reiniciar el dispositivo al menos una vez por semana para forzar el cierre de procesos en segundo plano de apps antiguas.
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Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es

En la sección: elEconomista tecnologia

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