Han pasado más de cuatro décadas desde que la fotógrafa estadounidense Donna Ferrato (Waltham, Massachussets, 76 años) fuera testigo por primera vez de cómo un marido abofeteaba a su esposa. Su primer instinto fue apretar el obturador de su cámara Leica; el segundo, abalanzarse sobre él y pedirle que parara. Fue un punto de inflexión en su carrera, el instante en que comprendió que su trabajo como fotógrafa necesitaba dar un paso más, servir de contrapeso a una realidad que acababa de noquearla. Aquel día Ferrato comprendió que no podría seguir tomando fotos sin implicarse en la lucha contra la violencia de género.