Otra secuela de vivir más: heredar pasados los 50 años aumenta la desigualdad entre hogares

Cada vez vivimos más años y, por tanto, heredamos más tarde. Esta obviedad propia del envejecimiento demográfico esconde un aumento de la desigualdad derivado de la falta de recursos para afrontar decisiones económicas de calado en el ciclo vital. El momento en que se recibe una herencia llega a ser determinante, sobre todo entre quienes tienen un nivel socioeconómico bajo y un acceso al crédito restringido.
El aumento de la esperanza de vida no solo estresa el mercado de trabajo o el sistema de pensiones, sino también sobre la desigualdad y la acumulación de riqueza. Sobre esto, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) ha analizado las consecuencias del retraso en la edad en que se recibe una herencia en España. «La mayor parte de la literatura económica ha analizado tradicionalmente el papel de las herencias en la acumulación de riqueza y en la desigualdad, centrándose en la cuantía de las transferencias intergeneracionales. Sin embargo, se ha prestado mucha menos atención al momento en que se reciben estas transferencias. Este trabajo contribuye a la literatura al mostrar que el momento de recepción de la herencia es un elemento clave para entender su impacto económico», argumentan los autores.
La comparativa de datos del Banco de España (Encuesta Financiera de las Familias) y de la Agencia Tributaria (Panel de Hogares del Instituto de Estudios Fiscales) en base a la última oleada disponible (2023) arroja que en las últimas cinco décadas, la edad media de recepción de la primera herencia ha pasado de rondar los 35 años en los 70 a acercarse a los 55 en la época actual. «Un factor institucional clave que amplifica este aplazamiento es la práctica común de dejar los bienes en usufructo al cónyuge superviviente (usufructuario), lo que retrasa la transferencia efectiva de la propiedad a los hijos hasta el fallecimiento del progenitor que vive más tiempo».
Hasta la avanzada mediana edad no se dispone de esos recursos, que aumentarían la posibilidad en edades más tempranas de acceder a la propiedad inmobiliaria, emprender o invertir en otros activos. Pero el informa no sólo analiza las consecuencia de que los recursos asociados a las herencias tardías no se puedan utilizar para tomar decisiones clave en edades más tempranas sino que el retraso en la recepción implica también una reducción del tiempo de rendimiento. Este cóctel lleva al centro de estudios a concluir que cada año de retraso en recibir la herencia implica una merma de la riqueza a largo plazo del 2%.
A menor nivel socioeconómico, el problema se agranda. Este impacto es mayor entre las personas de menor nivel educativo y menor renta, colectivo con mayores restricciones de crédito para el que las herencias funcionan como forma de acceso a la financiación. De hecho, el análisis evidencia que para los hogares con menos recursos, las herencias llegan a suponer más del 300% del patrimonio neto, frente al 25% que pesan en la riqueza total del decil superior.
La edad en la que se tienen los hijos cuenta
La merma de oportunidades por heredar tarde también se refleja en el el análisis por nivel educativo (primaria, secundaria, estudios superiores), que muestra una tendencia ascendente en todos los grupos (todos reciben las herencias más tarde ahora que en décadas anteriores), pero con «claras diferencias»: las personas con educación primaria tienden a heredar a edades significativamente mayores -ya después de los 60 años- mientras quienes tienen estudios superiores las reciben antes de los 50. ¿A qué se debe esta diferencia? A la edad en la que se tienen los hijos: «Estos patrones son consistentes con las diferencias sistemáticas en el momento de la fecundidad parental entre los distintos grupos educativos: los padres con menor nivel educativo tienen hijos a edades más tempranas, pero también una menor esperanza de vida, y la diferencia en la edad de maternidad supera con creces la diferencia en la longevidad, por lo que sus hijos heredan más tarde».
Un alivio para las restricciones de liquidez serían las transferencias en vida (donaciones inter vivos), sujetas al Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Sin embargo, la evidencia las incluye como otro factor generador de desigualdad ya que esta opción, que puede compensar el retraso en las herencias, es sobre todo accesible para los hogares de mayor riqueza y nivel educativo. «El retraso en la edad de recepción de las herencias implica una reducción de la riqueza acumulada y un aumento de la desigualdad entre los hogares que pueden acceder al crédito o recibir transferencias en vida y los que no, algo que debería tenerse en cuenta en el diseño de las políticas públicas», subrayan los autores.
Ante este escenario, irreversible ante el tic-tac demográfico, Fedea propone tener en cuenta el papel del aplazamiento de las transferencias intergeneracionales en un contexto de envejecimiento demográfico y marca como elementos clave para mitigar los efectos del envejecimiento sobre la desigualdad de riqueza, el diseño de políticas públicas y el funcionamiento de los mercados de crédito.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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