Hallan en Países Bajos una viga de barco medieval de 3,2 metros y más de 1.000 años que podría reescribir la historia naval carolingia

Nuestros pueblos y urbes siguen siendo una de las fuentes más prolíficas de descubrimientos arqueológicos. Lo que comenzó como una rutinaria obra de saneamiento en Wijk bij Duurstede, una pequeña ciudad neerlandesa, se transformó de manera inesperada en uno de los hallazgos arqueológicos más singulares de los últimos años en los Países Bajos. Una viga de 3,2 metros de longitud y 30 centímetros de grosor que emergió del subsuelo alertó al instante a los expertos. Se trataba de una pieza que había pertenecido a una nave, pero ¿quién construyó esta embarcación y cuándo surcó las aguas que hoy se ocultan bajo el asfalto?
El descubrimiento, producido durante los trabajos de sustitución de una red de alcantarillado y la construcción de un canal de drenaje, se comunicó de inmediato a las autoridades locales. Arqueólogos voluntarios, especialistas en construcción naval y conservadores de museos se congregaron rápidamente en el lugar. Según los primeros análisis, la pieza podría pertenecer a una embarcación carolingia del siglo VIII o, alternativamente, a un cogge medieval de los siglos XIII o XIV. La brecha temporal entre ambas hipótesis supera los cinco siglos, lo que convierte la datación definitiva en un desafío científico de primer orden que la dendrocronología está llamada a resolver en los próximos meses.

Una obra de alcantarillado destapa un tesoro medieval
Situada en la provincia de Utrecht, la localidad de Wijk bij Duurstede se conoció en el pasado como Dorestad, un importante emporio carolingio que, durante los siglos VIII y IX, se convirtió en uno de los centros comerciales más activos del noroeste europeo. Por eso, el descubrimiento de esta embarcación cobra una relevancia especial.
Durante las obras, fue el arqueólogo voluntario Danny van Basten, del ArcheoTeam Wijk bij Duurstede, quien reparó en la viga de madera y reconoció de inmediato la relevancia del objeto. Aunque el proyecto de obras no alcanzaba el umbral legal que obliga a realizar una excavación arqueológica formal, la respuesta municipal fue rápida: se paralizaron los trabajos y se convocó a los especialistas.
El experto en construcción naval Kees Sterrenburg examinó la pieza in situ. Sus conclusiones iniciales fueron contundentes. La forma de la viga, las muescas talladas en su superficie y la calidad de la manufactura sugieren que se trata de un fragmento del armazón de una embarcación. Los arqueólogos han subrayado que es el primero de estas características que se documenta en la localidad.
Wijk bij Duurstede, conocida en el pasado como Dorestad, fue un importante emporio carolingio. Durante los siglos VIII y IX, se convirtió en uno de los centros comerciales más activos del noroeste europeo.

¿Carolingia o medieval tardía? El dilema de los 5 siglos
La incertidumbre sobre la datación del barco constituye, en sí misma, uno de los aspectos más fascinantes del descubrimiento. Los expertos han propuesto dos hipótesis principales. La primera, basada en la ubicación geográfica y en los fragmentos de cerámica hallados en el mismo estrato, apunta a que la viga pertenece a una embarcación carolingia del siglo VIII. En esta época, Dorestad vivía su máximo esplendor como nudo de intercambio comercial fluvial.
La segunda hipótesis sitúa el origen de la pieza varios siglos después, en torno a los siglos XIII o XIV, y la vincula con los cogges: naves de fondo plano y vela cuadrada que dominaron el comercio del Mar del Norte y el Báltico durante la Baja Edad Media. Los cogges eran los buques mercantes por excelencia de la Liga Hanseática y están documentados en numerosos puertos neerlandeses de la época. La morfología de algunas de las muescas podría ser coherente con esta tipología de embarcación.
Para determinar cuál de las dos opciones es correcta, la viga será sometida a dendrocronología, una técnica que analiza los anillos de crecimiento de la madera para establecer con precisión el año en que se taló el árbol. Este método permite fechar la madera con un margen de error de apenas uno o dos años.
La primera hipótesis, basada en la ubicación geográfica y en los fragmentos de cerámica hallados en el mismo estrato, sostiene que la viga pertenece a una embarcación carolingia del siglo VIII.

La carrera contra el tiempo: conservar para estudiar
Uno de los mayores peligros para los restos de madera sumergida o enterrada es la exposición al aire. Una vez extraída de su entorno húmedo, la madera puede agrietarse, contraerse y perder su forma en cuestión de horas si no se toman medidas inmediatas. Por ello, el equipo arqueológico actuó con diligencia: se envolvió la viga con materiales especiales que mantienen la humedad y frenan el proceso de degradación.
Antes de cualquier análisis destructivo, los especialistas procederán a una limpieza cuidadosa de la superficie. Este paso es fundamental para eliminar los sedimentos acumulados sin dañar las marcas de herramientas, las junturas o cualquier otro indicio que pueda revelar información sobre la técnica constructiva del barco.
La segunda hipótesis sitúa el origen de la pieza varios siglos después, en torno a los siglos XIII o XIV, y la vincula con los cogges.

Dorestad, el emporio que el río guardó bajo tierra
Para comprender la trascendencia del hallazgo es imprescindible conocer el contexto histórico de Wijk bij Duurstede. Durante los siglos VIII y IX, Dorestad fue probablemente el mayor centro comercial del Imperio carolingio al norte de los Alpes. Su posición estratégica en la confluencia del Rin y el Lek convertía a esta ciudad en un nodo de primer orden para el intercambio de mercancías entre las regiones del norte de Europa. Telas frisias, cerámica renana, ámbar báltico y esclavos pasaban por sus muelles.
La ciudad fue saqueada repetidamente por los vikingos a partir del año 834 y entró en declive durante la segunda mitad del siglo IX, en parte como consecuencia de los ataques y en parte por los cambios en el curso de los ríos, que redujeron su accesibilidad fluvial. Si la datación carolingia se confirma, la viga se convertiría en uno de los testimonios materiales más directos de la actividad portuaria de Dorestad, un período del que se conservan documentos escritos pero muy pocos restos navales tangibles. Si, por el contrario, pertenece a la época de los cogges, arrojaría luz sobre la continuidad del uso fluvial de la zona siglos después del declive del gran emporio.
Si la datación carolingia se confirma, la viga se convertiría en uno de los testimonios materiales más directos de la actividad portuaria de Dorestad.

Un hallazgo único que reescribe la arqueología naval local
Los arqueólogos subrayan que los restos de embarcaciones medievales son extremadamente raros en los Países Bajos. La escasez de hallazgos similares en tierra firme se debe, en parte, a que los cascos de madera se descomponen con rapidez cuando quedan expuestos al aire o a suelos no saturados de agua. Solo las condiciones anaerobias de los fondos de los antiguos canales y las zonas pantanosas permiten su conservación durante siglos. Los investigadores creen que la viga pudo pertenecer a un barco que terminó sus días en un canal fluvial ya desaparecido, ya fuera tras un naufragio o arrastrado hasta la orilla.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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