Científicos reconstruyen el largo camino que realizó un mamut y descubren por qué los primeros cazadores-recolectores eligieron Alaska para cazar hace 14.000 años

A veces, los grandes descubrimientos históricos no aparecen en forma de templos enterrados ni de ciudades perdidas, sino en algo mucho más discreto: un colmillo de mamut hallado en el suelo helado de Alaska. Eso es precisamente lo que ha permitido a un grupo internacional de investigadores reconstruir una historia que permaneció oculta durante 14.000 años y que conecta a los últimos mamuts lanudos con algunos de los primeros grupos humanos que habitaron América del Norte.
Tal y como ha revelado un estudio publicado en Science Advances, los científicos lograron seguir los movimientos de una hembra de mamut a través de miles de kilómetros gracias al análisis isotópico de uno de sus colmillos. El animal, bautizado como Élmayųujey’eh por el Consejo de la Villa de Healy Lake, vivió en un momento decisivo: el final de la última Edad de Hielo, cuando Alaska comenzaba a transformarse y los seres humanos acababan de llegar a aquellas tierras.
La investigación comenzó en el yacimiento arqueológico de Swan Point, en el interior de Alaska. El lugar ya era conocido por los especialistas porque conserva evidencias de algunos de los campamentos humanos más antiguos de la región. Allí aparecieron restos de hogueras, herramientas de piedra, huesos de animales cazados y varios restos de mamut. Entre ellos destacaba un colmillo prácticamente completo encontrado en 2009.
Durante años, aquel colmillo fue interpretado como un resto antiguo reutilizado por grupos humanos para fabricar herramientas. Sin embargo, nuevas dataciones y análisis más precisos cambiaron por completo la interpretación del hallazgo. El mamut no había muerto siglos antes de la llegada humana: había vivido exactamente en la misma época que aquellos cazadores-recolectores.
La clave estaba en el interior del colmillo. Igual que los troncos de los árboles conservan anillos de crecimiento, los colmillos de mamut registran capas sucesivas que permiten seguir la vida del animal casi año por año. Los investigadores analizaron decenas de miles de muestras microscópicas para estudiar variaciones químicas relacionadas con el agua, la vegetación y el terreno por donde se movió el animal.
Un viaje que terminó en territorio humano
Los resultados sorprendieron incluso a los propios autores. La hembra pasó gran parte de su vida en zonas del actual Yukón canadiense, moviéndose relativamente poco junto a su grupo familiar. Después, en apenas unos años, realizó un desplazamiento de cerca de 1.000 kilómetros hasta establecerse en el interior de Alaska.
Tal y como indica el estudio, esa región coincide precisamente con la mayor concentración de yacimientos arqueológicos tempranos conocidos en Alaska. En otras palabras: los primeros grupos humanos no parecían asentarse al azar. Elegían territorios frecuentados por mamuts.

La investigación también incorporó análisis de ADN antiguo procedente de otros restos encontrados en Swan Point y en yacimientos cercanos. Los científicos descubrieron que varios de aquellos mamuts pertenecían a grupos familiares emparentados, algo que recuerda al comportamiento de los elefantes actuales, donde las hembras y las crías viven en manadas matriarcales muy organizadas.
Ese detalle resulta importante porque en Swan Point aparecieron restos de ejemplares juveniles y neonatos junto a herramientas humanas y evidencias de actividad doméstica. Aunque no existe una prueba definitiva de caza directa, el conjunto de indicios apunta a una convivencia mucho más estrecha entre humanos y mamuts de lo que se pensaba hasta ahora.
El colmillo hallado en Swan Point permitió reconstruir casi dos décadas de vida de un mamut hembra que recorrió cerca de 1.000 kilómetros entre Canadá y Alaska.
El final de un mundo helado
La vida de Élmayųujey’eh transcurrió además en un periodo de enormes cambios ambientales. El paisaje abierto de tundra y estepa comenzaba a desaparecer por el aumento de humedad y la expansión de arbustos y bosques. Los mamuts, adaptados a grandes espacios herbáceos, empezaban a perder su hábitat natural.

El paisaje que recorrió este mamut estaba cambiando rápidamente por el final de la Edad de Hielo y la expansión de arbustos y bosques.
Según los investigadores, esa transformación pudo hacer que los mamuts se concentraran en determinadas áreas más previsibles y accesibles para los grupos humanos. El cambio climático y la presión humana habrían actuado juntos en un ecosistema cada vez más frágil.
Los análisis químicos del colmillo muestran además que la hembra estaba sana y bien alimentada cuando murió. Tenía unos 20 años y falleció probablemente a finales del verano o comienzos del otoño, justo en la misma estación en la que los grupos humanos ocupaban estacionalmente el campamento de Swan Point.
La historia reconstruida a partir de este colmillo ofrece algo poco habitual en arqueología: la posibilidad de seguir casi paso a paso la vida de un animal extinguido y observar cómo sus movimientos terminaron cruzándose con los de los primeros habitantes de América. No se trata únicamente de saber dónde vivían los mamuts, sino de entender cómo aquellos gigantes condicionaron las rutas, los campamentos y posiblemente la supervivencia de los seres humanos que acababan de llegar al continente.
Referencias
- Audrey Rowe et al, A female woolly mammoth’s lifetime movements end in an ancient Alaskan hunter-gatherer camp, Science Advances. DOI: 10.1126/sciadv.adk0818
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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