El Rollo de Cobre de Qumrán no es un texto sagrado: lista 64 tesoros y 30 toneladas de plata que nadie ha localizado en 2.000 años

En la primavera de 1952, un equipo de arqueólogos que inspeccionaba la Cueva 3 de Qumrán, a orillas del mar Muerto, dio con algo sin precedentes: dos rollos de metal oxidado, encontrados uno encima del otro, al fondo de la sala anterior de la caverna. El hallazgo difería del resto de los manuscritos hallados que, escritos en pergamino o papiro, pertenecían a una tradición literaria y religiosa bien definida. Los textos de cobre fino, por tanto, rompían todas las categorías conocidas. ¿Qué secreto guarda el único documento en soporte metálico encontrado entre los manuscritos del mar Muerto?
Catalogado como 3Q15, el llamado rollo de cobre difiere radicalmente de los demás manuscritos de Qumrán. No recoge aspectos teológicos, normas de conducta ni profecías. Es, en esencia, una lista: 64 localizaciones en las que se afirma haber enterrado cantidades colosales de oro y plata. Uno de los depósitos mencionados registra 900 talentos de plata, equivalentes a unas 30 toneladas métricas. El tamaño descomunal del tesoro apunta, para muchos especialistas, a una sola institución capaz de acumularlo: el Templo.
El problema es que nadie ha encontrado ni una sola moneda. Cuando se envió el rollo al Manchester Institute of Technology en 1953 para estudiar su contenido, el texto reveló algo fascinante. El manuscrito contenía instrucciones tan específicas que parecen destinadas a un lector íntimamente familiarizado con una geografía ya desaparecida.
El rollo de cobre difiere de los demás manuscritos de Qumrán. No recoge aspectos teológicos ni profecías, sino los lugares donde se enterraron 64 tesoros con cantidades colosales de oro y plata.

Fabricado con cobre de altísima calidad (99% de cobre y 1% de estaño), el coste de este rollo estaba a años luz de los medios de la mayoría de las personas, según los investigadores. A diferencia del pergamino, el cobre no se daña con el agua y resiste temperaturas de hasta 1.083 grados Celsius. Quienes lo fabricaron, por tanto, querían que durara. Como señala Taylor, el soporte material refleja la importancia del contenido del texto: es, en sí mismo, un objeto valioso, construido para sobrevivir a la catástrofe que motivó el ocultamiento.
Si a eso se añade la terminología cultual del texto, en el que se hace referencia a diezmos, vestimentas sacerdotales y vasijas litúrgicas, la hipótesis de que el rollo fue gestado en el Templo cobra fuerza. El vocabulario está escrito en un hebreo próximo al de la Misná, con numerosos préstamos del griego y en una ortografía irregular que algunos atribuyen a un copista que quizás no dominaba bien la lengua.
El rollo está fabricado con cobre de altísima calidad (99% de cobre y 1% de estaño). El cobre no se daña con el agua y resiste temperaturas de hasta 1.083 grados Celsius.

64 enigmas grabados a cincel
El texto estructura cada entrada de forma idéntica: proporciona la localización general, la profundidad de excavación y la descripción del contenido. La primera reza así: «En la ruina que está en el Valle de Acor, bajo los escalones, con la entrada al este, a cuarenta codos: una caja fuerte de plata y sus vasijas, con un peso de diecisiete talentos». Esta precisión numérica, repetida a lo largo de 64 entradas, otorga al documento la apariencia de un registro administrativo. La última entrada alude a un segundo documento (una copia de este escrito con instrucciones adicionales) que nunca ha aparecido. Si ese duplicado existe, ¿dónde está?

¿El tesoro del Templo o el botín de la revuelta de Bar Kojba?
La datación del rollo ha sido el frente de batalla académico más encarnizado. Frank Moore Cross situó la escritura hacia mediados del siglo I d. C., mientras que William Albright propuso una datación entre 70 y 135 d. C. La hipótesis más extendida vincula el texto con los momentos previos a la destrucción del Segundo Templo en el 70 d. C.
Sin embargo, esta cronología plantea un problema serio:la región de Jericó y Qumrán ya había caído bajo el dominio romano antes de esa destrucción. Resulta difícil imaginar que una caravana cargando centenares de talentos pudiera haber circulado por caminos custodiados por el ejército de Vespasiano sin dejar rastro en ninguna fuente literaria.
Joan Taylor considera más convincentes las hipótesis que conectan el rollo con la revuelta de Bar Kojba (c. 130-135 d.C.), el levantamiento judaico aplastado por el emperador Adriano. Dion Casio cifra los muertos en 580.000 combatientes y señala que casi toda Judea quedó convertida en un erial. En ese contexto, el alto clero, responsable del tesoro del templo, habría enterrado los bienes en 64 localizaciones próximas al mar Muerto, asumiendo que no sobreviviría para recuperarlos.
La arqueología respalda esta hipótesis, pues se conocen más de 125 complejos subterráneos de ocultamiento vinculados a la revuelta en la región. Se sabe que los refugiados ocuparon las cuevas próximas a Qumrán.
El texto estructura cada entrada de forma idéntica: proporciona la localización general, la profundidad de excavación y la descripción del contenido.

Un enigma que resiste el paso de los siglos
Hasta el momento, ninguna expedición ha podido confirmar la existencia de los tesoros citados en el rollo de cobre. En 1962, John Allegro siguió algunas pistas del texto y excavó varios de los emplazamientos señalados, pero no encontró nada. Las referencias geográficas presuponen un conocimiento íntimo de una Judea del siglo I o II que ha desaparecido bajo capas de historia y erosión.
El Rollo de Cobre permanece como el más perturbador de los manuscritos del mar Muerto, no por lo que dice, sino por lo que silencia. ¿Existieron los tesoros? ¿Quién los enterró y bajo qué circunstancias devastadoras? Y, sobre todo, ¿todavía aguarda en el desierto de Judea el segundo documento que el rollo menciona y que, teóricamente, permitiría completar las instrucciones para hallar los tesoros?

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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