El país se desliza hacia el abismo arrastrada por las crecientes protestas sociales contra el Gobierno de Rodrigo Paz | elperiodico.com

Bolivia arde y, como en otros tiempos de protesta social, se coloca al borde del abismo. Casi 50 puntos de bloqueos en las carreteras y una movilización de obreros y campesinos que se despliega por nueve departamentos. La Central Obrera Boliviana (COB) se puso al frente de la marcha de este jueves que tiene una única exigencia: la dimisión del presidente Rodrigo Paz. El hijo de otro mandatario, Jaime Paz Zamora, apenas tiene seis meses de gestión. Su promesa de «capitalismo para todos» y un camino intermedio entre la izquierda que gobernó 20 años y la derecha, se inclinó claramente hacia el segundo lado y la calle volvió a ser el escenario de las disputas. Paz enfrentó de inmediato una petición de mejoras salariales y un rechazo airado por la deficiente calidad de los carburantes que han malogrado centenares de automóviles. El conflicto se aceleró con una modificación en la ley agraria que abre la puerta a la concentración de tierras.
El Gobierno se encontró en poco tiempo demasiados enemigos a la vez: asalariados, campesinos, colectivos sociales, transportistas, comunidades originarias, sindicatos e, inclusive, el vicepresidente Edmand Lara, quien rompió con Paz apenas llegaron al Palacio Quemado. El ministro de Exteriores, Fernando Aramayo, sostuvo que Paz enfrenta una «sedición». El Ejecutivo prefiere hablar de una conjura encabezada por Evo Morales, aunque el expresidente apenas es parte de una constelación más vasta y enfurecida. Esa misma narrativa ha sido replicada por Estados Unidos y los aliados derechistas de Bolivia, Argentina y Chile.
Morales, declarado en rebeldía por la justicia debido a un caso de trata, dijo que Paz es «presidente por accidente, sin estructura política y sin programa». Para sacar al país del atolladero «hay que convocar en 90 días a las elecciones». Su petición es compartida por la COB y otros sectores. Paz aseguró que el dirigente cocalero desvaría. «Un día le sube la temperatura y declara una cosa, hoy día le baja la temperatura y declara otra». Lo acusó a su vez de despreciar la democracia y considerarle apenas «una vía del control a través de un partido del Estado y la sociedad boliviana».
Problemas en el Gobierno
El mandatario tiene que enfrentar también problemas dentro de su administración. El ministro de Trabajo dimitió este jueves y obligó a Paz a acelerar su intento de renovación del gabinete ministerial para darle una salida a la crisis. El presidente esbozó la idea de un «Gobierno conjunto», sin especificar qué sectores se sumarían a la administración. Se opuso a su vez a las reclamaciones de militarizar la protesta. «Bolivia no requiere una ley antibloqueos, requiere diálogo».
Varias de las regiones que en su momento fueron opositoras a Morales, entre ellas Santa Cruz, salieron a respaldar la estabilidad institucional y convocaron a los sectores de la sociedad que todavía tienen malos recuerdos de los días hegemónicos del Movimiento al Socialismo (MAS) a movilizarse «en defensa de la democracia».
Los respaldos de los llamados «comités cívicos» no alcanzan por estas horas para compensar el estado de fragilidad de Paz. La ruptura con Lara, quien en su condición de expolicía se promocionó en su momento como el Nayib Bukele del altiplano, no hizo más que acentuar sus problemas de gestión. Cuando Paz dictó una orden que lo habilitaba a gobernar de forma digital desde el extranjero, lo que impedía que Lara asuma el mando temporal, no hizo más que empujar a su compañero de fórmula hacia la oposición.
Paz ganó los comicios al derechista Jorge Quiroga con los votos del electorado del MAS desilusionado con las peleas partidarias. Al asumir quitó los subsidios a los combustibles, lo que generó un aumento de precios de inmediato. Su promesa de una riqueza «para todos» se desdibujó por completo al eliminar el impuesto a las grandes fortunas. Se alió al mismo tiempo con los grupos económicos dedicados a la minería extractiva. Pero fueron sus medidas, calificadas de «antipopulares», las que encendieron la presente mecha. La Organización de Estados Americanos (OEA) se puso de lado de Paz. El secretario de Estado adjunto estadounidense, Christopher Landau, fue más elocuente. «Esto es un golpe financiado por esta alianza maligna de la política y la delincuencia organizada a lo largo de la región».
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