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Humor y Curiosidades

Descubren el cuaderno secreto de un tintorero sajón del siglo XIX con 168 recetas de tintes que hoy vuelven a funcionar

📅 🕐 25 May 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 7 min de lectura
Descubren el cuaderno secreto de un tintorero sajón del siglo XIX con 168 recetas de tintes que hoy vuelven a funcionar
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En algún momento entre 1820 y 1840, un tintorero anónimo del Vogtland (una región que hoy abarca partes de Baviera, Turingia y Sajonia) tomó un pequeño cuaderno y comenzó a anotar sus secretos. Lo escribió en su propio dialecto, el sajón, con una ortografía caótica y sin puntuación, algo propio de quien compone un texto para sí mismo más que para los demás. A continuación, pegó más de 80 muestras de tejidos teñidos directamente sobre sus páginas. Dos siglos después, ese cuaderno ha llegado a los archivos de la empresa de pinturas Kremer Pigmente GmbH y ha despertado el interés de la comunidad científica. ¿La razón? Esconde 168 recetas únicas para teñir lana, algodón y seda.

El cuaderno deja patente la maestría de su autor. Sus recetas no son meros apuntes, sino instrucciones detalladas que incluyen los tiempos de mordentado, las temperaturas, las cantidades en libras y el número de baños de tinte necesarios. Un estudio publicado en la revista Heritage en 2026 ha comenzado a descifrar su contenido e incluso a reproducir algunas de sus fórmulas. Y lo más sorprendente es que ha confirmado que siguen funcionando.

En algún momento entre 1820 y 1840, un tintorero anónimo de la región de Vogtland recogió en un cuaderno casi 170 recetas para teñir tejidos.

Cuaderno del siglo XIX
Cuaderno. Fuente: Colección Kremer/Eis 2026.

Un cuaderno rescatado del olvido en el corazón de Sajonia

El pequeño libro llegó a manos de Georg Kremer, fundador de Kremer Pigmente en 1977 y coleccionista reconocido de manuscritos históricos sobre pigmentos y tintes. De sus 242 páginas, algo más del 53% está compuesto por texto escrito. Las recetas se organizan temáticamente según los materiales: el hilo de algodón primero, luego la lana y la seda. Las últimas recetas recogen las técnicas de impresión.

El análisis lingüístico, que corrió a cargo de la experta en dialectología Almut König, de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg, situó el origen del autor en el área sajona del Vogtland. Esta conclusión queda reforzada por un pequeño mapa esbozado en la última página, en el que aparece marcada la ciudad de Greiz. Ubicada en Turingia, Greiz fue durante siglos un bastión de la producción textil: sus tejedores de lana están documentados desde el siglo XV y sus tintoreros desde el XVI.

Lo escribió en su propio dialecto, el sajón, con una ortografía caótica y sin puntuación. Descifrarlo ha requerido mucho tiempo y paciencia.

Muestras de tejido presentes en el cuaderno
Muestras de tejido presentes en el cuaderno. Fuente: Eis 2026

168 recetas, 10 formas de escribir «cochinilla» y ni un solo punto

Descifrar el cuaderno ha exigido una paciencia extraordinaria. El tintorero escribía en la lengua hablada, sin puntuación y con una ortografía que variaba de modo inconsistente incluso en palabras corrientes. Términos como Gorkeme, Gorkemehl y Gurkemehl, que podrían traducirse como «harina de pepino», se refieren, sin embargo, a la cúrcuma.

Algo similar sucede con las palabras Gall, Gali, Galj y Galÿ, que pueden designar, según el pasaje, zumaque, bicromato potásico o incluso cianuro potásico. La cochinilla aparece escrita con al menos diez formas distintas, desde Cockenille hasta el casi irreconocible Cohele.

A pesar de este galimatías, los estudiosos han confirmado que las instrucciones técnicas son sólidas. Agunas recetas describen hasta cinco baños de mordentado y cuatro baños de tinte para lograr un solo tono violeta sobre hilo de algodón. En algunos casos, el tintorero se dirige directamente a su lector (probablemente un aprendiz) con indicaciones como «pero tienes que hervir esto el día anterior» o «no puedo decirte cuánto usar».

Para medir los ingredientes, el autor anónimo recurre a unidades tan imprecisas como un «cubo de mano», «un vaso de cerveza» o, de forma recurrente, una «taza de café».

Ejemplos de los tintes seleccionados para ser reproducidos
Ejemplos seleccionados para ser reproducidos. Fuente: Eis 2026

El misterio de la taza de café: un problema de medida sin solución

Las unidades de medida han supuesto otro desafío. Para medir los ingredientes, el autor anónimo recurre a unidades tan imprecisas como un «cubo de mano» o, de forma recurrente, una «taza de café». El problema, como señala Eis, es que el tamaño de las tazas en el siglo XIX variaba tanto como en el presente.

El tintorero declara que usa el sistema de pesos de Sajonia. La libra sajona equivalía a 467 gramos y se dividía en 32 Loth (entre 14 y 18 gramos). Un jarro medía 935 mililitros y un «cubo» equivalía a 67 litros. Junto a estas unidades oficiales, el autor introduce otras más personales, como el «cubo de mano», el vaso de cerveza y, sobre todo, la «taza de café». Este último es el que más aparece en las recetas y el más problemático. La investigadora Eis reconoce que ese volumen seguirá siendo una incógnita permanente.

El tintorero trabajaba con cantidades de entre 1 y 64 libras de hilo. La mayoría de las recetas estaban pensadas para utilizar 20 libras (unos 9,34 kilogramos) de hilo en una cuba de tinte de aproximadamente 43 centímetros de altura y entre 72 y 76 centímetros de diámetro, con una capacidad estimada de 187 litros.

Al reproducir la receta para obtener hilo «rojo rosa», se obtuvo el mismo tono de la muestra cosida en el folio 60 del cuaderno. Las instrucciones eran exactas.

Receta para elaborar el rojo rosado
Receta para elaborar el rojo rosado. Fuente: Eis 2026

Del cuaderno al taller: reproducir el rojo carmesí del siglo XIX

El equipo de Eis ha logrado reproducir varias recetas del cuaderno. Una de las más claras es el «rojo rosado» sobre lana, teñido con cochinilla y estaño. La fórmula indica lavar la lana con jabón negro y preparar un caldero con 30 Loth de cochinilla molida, 3 libras de crémor tártaro y 3 libras de solución de estaño. La mezcla se lleva a ebullición, se enfría, se introduce la lana y se hierve durante una hora, asegurándose de remover el hilo cada cuarto de hora. El resultado obtenido por el equipo coincide con la muestra cosida en el folio 60 del cuaderno.

La segunda receta reproducida, el «rojo Bonsi», es bastante más compleja. Requiere un baño de zumaque de 12 horas, varios mordentados con alumbre y sal de estaño, y hasta seis horas de inmersión en decocción de palo de tinte rojo. El paso final vuelve a invocar a la famosa taza: «4 tazas de café llenas de solución de estaño».

Reproducciones del reojo rosado
Reproducciones del reojo rosado. Fuente: Eis 2026

Una paleta de color que el tiempo ha difuminado

Las muestras de tejido cosidas o pegadas en el cuaderno ofrecen un testimonio visual único de los tonos a la moda en el siglo XIX: lanas teñidas de azul sajón, amarillo limón, rojos intensos y naranjas. Sin embargo, algunas muestras han envejecido mal. Las teñidas con anato lucen especialmente pálidas, y varias han dejado una decoloración parda en las páginas adyacentes. Eis advierte que se ignora cómo se conservó el cuaderno durante dos siglos, y si fue tratado en algún momento con pesticidas, pues se han detectado algunas páginas dañadas por insectos. En cualquier caso, el cuaderno, concluye la investigadora, plantea hoy más preguntas que respuestas y se perfila como una fuente de inspiración para futuras investigaciones.

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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