Elecciones Colombia | Iván Cepeda, el activista de los derechos humanos que busca profundizar el camino de Petro en Colombia | elperiodico.com

Iván Cepeda llega como favorito en la primera vuelta electoral. Una preferencia que tiene dos fuentes de acumulación: su propia trayectoria, al principio asociada a la defensa de los derechos humanos y, quizá, ante todo, el hecho de ser el candidato que reivindica la continuidad de la primera Administración de izquierdas en la historia colombiana, la de Gustavo Petro. «Este ha sido un Gobierno de cambio, realmente, de cambio positivo. Ha sido el primer Gobierno que ha puesto en el centro del debate y de la vida del país lo social, el bienestar de la gente, la preocupación por los pobres, por la desigualdad social». Y lo que Cepeda destaca en especial es que se hizo «de una manera inteligente, contrario a lo que se esperaba, que fuera un Gobierno de corte chavista y estatista«. Con esta herencia, el candidato del Pacto Histórico busca este domingo el milagro de evitar la segunda vuelta o, en el peor de los casos, posicionarse de la mejor manera posible de cara a la instancia definitiva del 21 de junio.
Nació en Bogotá y en el seno de una familia comunista. La vida partidaria del padre, Manuel Cepeda Vargas, lo llevó a tener una infancia en La Habana, un posterior destino en Praga y el estudio de filosofía en una Bulgaria que se deshilachaba tras la caída del Muro de Berlín, en 1989. «Todo eso me fue generando una conciencia muy crítica, muy distinta con respecto a la que llegué ahí y marcó mi vida en términos de lo que ya me había enseñado mi madre, que era tener una conciencia crítica de la realidad». Y cuando exhuman aquel pasado responde: «Tuve mis orígenes políticos en el Partido Comunista. Pero el que crea que esos esquemas y etiquetas quieren decir lo que querían decir en las décadas de 1960, 1970, piensa y vive la realidad de una manera anacrónica. Hemos pasado muchas historias en este país, en el mundo«.
El asesinato del padre
El pasado es, sin embargo, un ancla política y afectiva por razones diferentes. En 1994 fue asesinado su padre por grupos paramilitares cuando se desempeñaba como dirigente de la Unión Patriótica, una formación creada por el comunismo que perdió parte de sus cuadros en manos de la ultraderecha: dos candidatos presidenciales, 21 legisladores, 70 concejales, 11 alcaldes y miles de sus militantes. Cepeda, hijo sin padre, se integró a los movimientos defensores de los derechos humanos. El trabajo con las víctimas del conflicto armado lo llevó al Congreso en 2010. Primero fue representante a la Cámara por el centro izquierdista Polo Democrático, y en 2014, senador, donde coincidió con quien en adelante sería su gran antagonista, Álvaro Uribe. El expresidente fue mucho más que un rival en la legislatura. Cepeda denunció sus nexos con las bandas paramilitares. El derechista lo denunció ante la justicia. El Tribunal Supremo concluyó que no había evidencia para acusar al senador y que había sido Uribe el manipulador de testigos a través de su abogado. Fue imputado, condenado a 12 años de prisión y luego absuelto por un tribunal de segunda instancia.
Cepeda fue facilitador del Acuerdo de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, en 2016. Trató de cumplir la misma función en las conversaciones de aquella gestión con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Con Petro se comprometió en los esfuerzos fallidos por alcanzar la «paz total» con los grupos armados de distinto signo.
Su candidatura
Para pelear por la presidencia, Cepeda primero se impuso en una interna de la izquierda. Su compañera de fórmula es Aída Marina Quilcué Vivas, una lideresa indígena del pueblo nasa. Es el candidato de la continuidad, pero también la renovación, que ha tratado de plasmar en un documento titulado «La Revolución Ética, la Revolución Económica y Social, y la Revolución Política y Democrática». Entre sus ejes aparecen la ampliación de programas estatales, mejoras laborales, una reforma agraria más amplia y la continuidad de las negociaciones con grupos armados ilegales. Ha prometido, a su vez, ser «implacable» con la corrupción a la que no ha sido ajena el Gobierno de Petro. Le han endilgado el sambenito de extremista. «Es falso que todo Gobierno de izquierda termine como Venezuela. Chile no terminó como Venezuela, Brasil no terminó como Venezuela, México no terminó como Venezuela, las socialdemocracias europeas no terminaron como Venezuela. No más con ese argumento. No más con ese miedo. Es hora de mandarlo a donde pertenece: a la basura. Es hora de ser libres», lo defendió Tomás Molina en una columna del diaro bogotano El Espectador. Durante su campaña le han preguntado qué haría en caso de un eventual gobierno de Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia. «Esa hipótesis no la voy a desarrollar por razones obvias. El Gobierno que viene es el nuestro«.
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